Punto de vista

#EconomiaConRafael expuso los fundamentos de la política económica

- 14 de julio de 2016 - 00:00

En la cátedra de Economía ofrecida en la Espol, Rafael Correa acometió una tarea comunicativa difícil: manejarse entre los roles de mandatario, político, economista y docente. En un primer momento, cuando abordó el tema de los efectos de los impuestos, su exposición tendió a adquirir matices apropiados para una audiencia de estudiantes, pero posiblemente difíciles de aprehender para la mayoría de la teleaudiencia.

Luego, en cambio, cuando enfrentó las preguntas del auditorio, sus respuestas fueron más sencillas aunque a costa de la reiteración de elementos habituales del discurso partidista. Como resultado de esta inevitable tensión semántica, ante el escrutinio de la opinión pública, se perdieron algunos elementos que permiten apreciar que las políticas implementadas por el Gobierno Nacional están fundamentadas en una determinada concepción de los procesos económicos, independientemente de que reciban pocas o muchas adhesiones.

A continuación explicitaré un par de elementos evadiendo los tecnicismos.

Primero. La situación de una economía no depende solo de la acción estatal. Para efectos de la discusión pública y colectiva de opciones anti-crisis, la identidad Y=C+I+G+X-M (ingreso = consumo + inversión + gasto + exportaciones - importaciones) sirve para recordar que el ingreso de una nación depende simultáneamente de lo que hagan las empresas, los hogares y el Estado.

En un momento determinado, las características de una situación macroeconómica están condicionadas por las preferencias de consumo, ahorro e inversión de los distintos grupos de agentes económicos. Este condicionamiento histórico y cultural establece límites a lo que se podría hacer, inducir o modificar mediante decisiones públicas. Por tanto, incluso asumiendo que un país pudiese tener la mejor conducción económica imaginable, los resultados macroeconómicos siempre logran escapar del ámbito bajo control de la autoridad pública. Quienes buscan convertir al Estado en “la vaca que tiene la culpa” están tan equivocados como quienes omiten responsabilizar a las empresas y las familias.

Segundo. Las importaciones son decisivas en la fijación del nivel de ingreso nacional. Aquella identidad recuerda también que, desde la perspectiva de la generación continua de ingresos, el Estado solo es un mediador entre lo que la sociedad hizo y lo que hará. De las familias y las empresas, el Estado recolecta impuestos que  -asumiendo que no se dilapiden en el camino- retornarán a aquellas a través de las decisiones públicas de gasto e inversión. Este retorno de recursos hacia la sociedad, sin embargo, no garantiza siempre un mayor nivel de producción doméstica.

A corto plazo -es decir en un lapso en el cual las preferencias de consumo y la estructura de costos de producción permanecen reacias a un cambio sustantivo- el aumento de las importaciones implica disminución del ingreso nacional. Esto es así porque los recursos devueltos desde el Estado hacia las familias y las empresas  podrían salir de la economía nacional a través del pago de importaciones que responden a lo que los ciudadanos optan por consumir y a lo que las empresas pueden producir. El establecimiento de restricciones a la importación es una necesidad. Contrariamente a lo que el mismo discurso gubernamental suele sugerir en su afán por cambiar conductas, la reducción de las importaciones no expresa un vetusto nacionalismo económico sino un principio macroeconómico elemental.  

A corto plazo, el ingreso nacional no puede mantenerse ni incrementarse a través de un aumento sustantivo de las exportaciones. Si bien es necesaria e impostergable dentro de una estrategia de desarrollo, esta última opción presupone transformar la productividad de todos los factores que inciden en la elaboración de un bien específico. (O)

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