Cambiar cuerpos

- 19 de agosto de 2018 - 00:00

 La posibilidad de cambiar de cuerpos es un tema de la ciencia ficción desde el clásico libro de Thomas Anstey Guthrie, Viceversa (1892). Tal tema ha sido desarrollado en diversas películas y la literatura. No es la cuestión del transexualismo, sino el uso de un cuerpo distinto aun manteniendo las características del ser en sí mismo. Un asunto de este estilo es el que está en el argumento de la película japonesa, un anime, Tu nombre (2016), de Makoto Shinkai.

En este, dos adolescentes, gracias a un fenómeno estelar, intercambian sus cuerpos: el uno, es una mujer, y la otra, un hombre. Este hecho al principio les confunde y luego les inquieta, y poco a poco les conecta. Un primer nivel de la película pasa por la pregunta: ¿qué pasaría si siendo lo que uno es, pronto se está en el cuerpo de alguien diferente?

Shinkai se despreocupa de cuestiones de género y más bien inquiere sobre un hecho ineludible: una vuelta al conocimiento de sí, en los dos extremos, el masculino y el femenino que nos caracteriza. Tal conocimiento implica desinhibirse de las limitaciones sociales o culturales respecto al cuerpo y retornar a lo sensible.

En el filme los personajes aprenden a ser distintos, saliendo del cascarón muchas veces diferencial egocentrista que las sociedades acostumbran respecto al cuerpo. Pero en un segundo nivel nos damos cuenta de que no solo se trata de un simple cambio de cuerpos, hecho que nos puede conectar a una dimensión materialista del cuerpo (este como “cosa” para uso de cualquier tipo). Se trata de una interconexión espiritual entre dos espacio-tiempo: uno que ha quedado atrapado en un tiempo anterior y la otra que está en el presente.

La pregunta entonces puede derivar en: ¿qué pasaría si el ser de otro, desde otra dimensión, pide prestado el cuerpo de uno? Lo aludido es la transmigración, lo que nos conecta directamente con las culturas orientales y su sentido de la vida. La clave de Tu nombre es el encuentro entre dos almas y dos seres. La riqueza de la película es su sugerente idea de que los cuerpos son apenas instrumentos para la trascendencia.

El mismo título es interesante porque en la medida en que se debe conocer el nombre se trataría de ir a lo que él encierra en esencia: el carácter otorgado a una persona, es decir, un signo, una huella cultural. Y todo encuentro en sentido espiritual es tratar de ir a su misterio: un encuentro entre personas implica el secreto de lo que puede devenir. (O)

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