1966: El cruce de los árbitros

- 05 de junio de 2018 - 00:00

Es célebre el gol fantasma en la final del Mundial de Inglaterra. Tras empatar 2-2 en los 90 minutos, se jugó un alargue en que un balón de Geoffrey Hurst golpeó el palo, rebotó en la línea de gol y salió del arco. El árbitro lo subió al marcador, y luego de eso, los alemanes, desanimados, ya no se recuperaron. El partido acabó con un marcador final de 4-2.

La selección de Alemania no fue la única víctima. Además, había sido victimaria.

Brasil fue eliminada en primera fase (Pelé salió de la copa a punta de patadas húngaras). Sin la campeona, a Sudamérica le quedaban Uruguay y Argentina.

El sorteo de los árbitros para los cuartos de final se realizó antes de lo acordado y solo con la presencia de un representante de Alemania y un testigo de un país africano. El partido entre Uruguay y Alemania tendría un árbitro inglés, y el Inglaterra-Argentina, un alemán. Con ese arreglo, las cosas salieron como se podría esperar.

A los uruguayos les anularon un gol, no les pitaron una mano de Schnellinger en el área y a los 9 minutos del segunto tiempo ya tenían dos jugadores expulsados. Los alemanes, encabezados por Franz Beckenbauer, les pasaron por encima 4-0.

Argentina tuvo la misma suerte. Antonio Rattín, el capitán, fue a pedirle un intérprete al árbitro Kreitlein. Quería explicaciones porque, decía Rattín, pitaba todo a favor de los ingleses: “Fouls, córners, hasta manos se inventaba”. Sin hablar, el árbitro lo expulsó. Rattín no se quería ir, y tuvo que entrar la Policía para sacarlo. Antes, arrugó una bandera inglesa y se sentó sobre la alfombra roja del palco de la reina Isabel II. “Pero siguieron jugando como si no faltara uno”, dijo Rattín en una entrevista a La Nación. A 10 minutos de que terminara el partido, Geoffrey Hurst hizo de cabeza el 1-0 final.

Sir Stanley Rous, quien en 1938 reescribió las reglas del juego para hacerlas más comprensibles, fue acusado de favorecer a la selección de su país y, en general, a Europa, como presidente de la FIFA.

Y fue así como nació la rivalidad entre ingleses y argentinos en el fútbol. Los argentinos se quedarían con la espina hasta 1986, cuando la “mano de Dios” de Maradona hizo sentir a una de las mejores selecciones de Inglaterra de la historia (con Gary Lineker y Peter Shilton) lo que era perder contra las mañas. (O) 

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