1958: Una leyenda se cambia de camiseta

- 03 de junio de 2018 - 00:00

Brasil estaba en un grupo durísimo. Tras vencer a Austria 3-0 y empatar con Inglaterra 0-0, debía ganarle a la Unión Soviética si quería evitar el partido de desempate por el segundo lugar. El técnico Vicente Feola apostó por dos talentos que no habían debutado: Garrincha y Pelé.

Pelé tenía solo 17 años, pero fue un dolor de cabeza para los rusos. Brasil estaba lleno de estrellas como Nilton y Djalma Santos, Vavá, Didí, Zito y Mario Zagallo, pero este último sostiene que los protagonistas fueron los debutantes. Sobre todo al inicio del partido: “Durante aquellos minutos, yo fui un mero espectador dentro del campo: la bola no salía del lado derecho con Garrincha, Pelé y Didi. Lindo. Y los soviéticos no entendían lo que era aquello”. Con el 2-0, Brasil no solo evitaba el desempate, sino también a Suecia y a Alemania. En cuartos, Pelé marcó su primer gol contra Gales, y conserva hasta hoy el récord de ser el más joven en marcar en un mundial. En semifinales se midieron contra la Francia de Raymond Kopa y Just Fontaine, quien sería el goleador del torneo con 13 tantos, algo que nadie ha vuelto a alcanzar en una edición. El partido acabó 5-2, y esa fue la última vez que los brasileños le ganaron a los franceses en la Copa del Mundo. Francia los eliminó en 1986, 1998 y 2006.

Para la final, la selección brasileña tuvo un problema. Como los suecos jugaban también de amarillo, hubo un sorteo por el color de la camiseta que favoreció a los locales. Supersticiosos como eran los jugadores, cuando se habló de usar el blanco (los equipos no llevaban camisetas alternas), se desinflaron: era el color que llevó la selección en el Maracanazo. Hasta hubo un concurso para deshacerse de ese color, en el que ganó el diseño de la camiseta amarilla con detalles verdes. El jefe de la delegación, que había vestido el mismo traje marrón en todos los partidos porque después de ganarle a Austria creyó que le daba suerte, decidió que fuera el azul, para decirles a los jugadores que llevarían el manto de Nuestra Señora Aparecida, una imagen que había llevado consigo. Y fue así como Brasil vistió el color azul, luego de un esfuerzo gigante por coser y descoser los números y el escudo de las camisetas amarillas para ponerlas en las nuevas. La superstición convirtió al hilo y la aguja en los héroes del primer campeonato de Brasil. (O) 

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