1954: El engaño de Sepp Herberger

- 02 de junio de 2018 - 00:00

Suiza 54 supuso la consolidación de la Copa del Mundo. Los 4 grupos estaban completos (a diferencia de Uruguay 30 y Brasil 50), y los partidos se televisaron, gracias a la recién creada Eurovisión. La señal no llegó a Hungría, que se perdió de ver a la mejor selección de su historia.

Hungría venía de ganar el oro olímpico en 1952 y llevaba cuatro años invicta. En los partidos de preparación, la Aranycsapat (equipo dorado) venció a Inglaterra 6-3 en Wembley y 7-1 en Budapest. Los ingleses no entendían el juego húngaro, en el que el número 9 (Nandor Hidegkuti) jugaba retrasado, mientras que el 8 (Sandor Kocsis) y el 10 (Ferenc Puskas), números de mediocampistas, eran los delanteros de área. El equipo de Sebes, que en semifinales le propinó su primera derrota en la historia de los mundiales a Uruguay, se perfilaba para el título. Pero el talento se puede vencer con disciplina, y con cansancio. Y Sepp Herberger, el técnico alemán, lo sabía. En primera ronda, Hungría venció 8-3 a una Alemania que había previsto el segundo lugar para evitar a Brasil y a Uruguay.

El partido de cuartos entre Hungría y Brasil es conocido como la “batalla de Berna”. Luego de 90 minutos violentos en los que Nilton Santos se había ido a los puños con Josef Bozsik, cuando acabó el juego, la Policía tuvo que detener la pelea general a garrotazos. En la semifinal, hubo que jugar un tiempo suplementario en el que Kocsis marcó dos goles.

En la otra manga, Alemania jugaba sin pausa, pero sin prisa, y para la final, sus jugadores estaban completos. La final prometía una repetición del 8-3. A los 8 minutos ya la Aranycsapat ganaba 2-0 a los 8 minutos. Pero los alemanes, con la disciplina de toda la vida, destrozaron el talentoso pero fatigado juego húngaro, y empataron al final del primer tiempo. En el segundo, Helmut Rahn, que había sido convocado recién para la segunda fecha, marcó el 3-2. Alemania volvía a la copa de la mejor forma luego de su suspensión en la FIFA. Fritz Walter, el primero de muchos capitanes alemanes legendarios, como Beckenbauer, Matheus y Philipp Lahm, quien detuvo su carrera en el fútbol para ser paracaidista en la Segunda Guerra Mundial, dijo tiempo después que la derrota en la fase de grupos era para que “los húngaros se confiaran”. (O) 

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