Mujeres, prisiones y covid-19

18 de enero de 2021 00:00

Cuando ha transcurrido algo más de un año desde que las primeras alarmas saltaron en Wuhan (China) avisando de la llegada de la pandemia de la covid, un análisis de la realidad de las mujeres que hay dentro de las prisiones no hace sino reafirmar la preocupante situación que había antes del estallido de la crisis sanitaria. El sistema penitenciario, en ninguna parte del mundo, se ha pensado ni implementado con perspectiva de género, más bien al contrario. Desde sus comienzos, el mismo busca responder a sociedades y problemas sociales creados por y para hombres, dando lugar a estructuras donde las diferencias necesarias en la creación de políticas públicas penitenciarias, derivadas del hecho de ser mujer, eran obviadas y relegadas siempre a un segundo o tercer plano. Ser una minoría dentro de un sector ya de por sí tratado como tal, no ha hecho sino agravar su olvido y su invisibilidad.

A pesar de las reivindicaciones de algunas organizaciones internacionales sobre la necesidad de prestar especial atención a lo que estaba pasando en el interior de las cárceles como consecuencia de la imposibilidad en muchas de ellas de poder cumplir las medidas de distanciamiento social, higiene y prevención, poco se ha hecho. Los datos, cuando son posible conseguirlos, resaltan las dificultades que existen en estos recintos para dar respuestas a las demandas de su población en relación con la sobrepoblación, las cuarentenas difíciles de seguir, la falta de atención médica o el aislamiento sobrevenido derivado del corte de las comunicaciones con el exterior. Esto último supone, en muchas ocasiones, romper el único medio de tener contacto con sus seres queridos, de acceder a determinados medicamentos y otros insumos y de poder tener un seguimiento de sus procesos o de sus enfermedades.

La violación a los derechos de las mujeres que están en las cárceles sigue siendo una asignatura pendiente a nivel mundial. Su condición, en muchos casos, de ser madre y presa, aumenta su precariedad y su angustia. La emergencia sanitaria no ha hecho más que volver a poner sobre la mesa la necesidad de incluir la perspectiva de género en aquellas políticas públicas donde históricamente no se ha hecho. Hacerlo, sería hacer justicia con muchas mujeres en sociedades aún, terriblemente desiguales.