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Chile despertó

Y aunque es cierto que hubo un crecimiento de la clase media en Chile, su situación es precarizada: sueldos bajos, altos niveles de deudas por vivir en extremo del crédito, y bajas pensiones.
31 de octubre de 2020 11:25

Chile se mantuvo en la ilusión del progreso por muchos años, convirtiéndose en referente latinoamericano de crecimiento económico y estabilidad social. Un aparente éxito de la implementación de medidas neoliberales amparadas en gran medida por una Constitución de 1980, elaborada en la dictadura de Pinochet.

Pero el castillo de naipes cayó estrepitosamente con el estallido social de octubre del año pasado. Empezó con el reclamo de cientos de estudiantes ante la subida del pasaje del metro, que se tomaron algunos andenes y levantaron los torniquetes para no pagar. La situación se agravó y la violencia se tomó las calles, sobre todo, de parte de la fuerza pública. El presidente Piñera tuvo que ceder y mantener el precio del pasaje del metro, pero para ese entonces, la movilización social era incontenible, y las razones para protestar, demasiadas. El “milagro económico” de Chile había sido solo un espejismo; el reclamo por la subida del pasaje solo fue la punta del iceberg, el mechero para encender el fuego del descontento del pueblo chileno ante una brecha social desmedida.

La última edición del informe Panorama Social de América Latina, elaborado por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), reveló que el 1% de la gente más adinerada de Chile se quedó con el 26,5% de la riqueza en 2017, mientras que el 50% de los hogares de menores ingresos accedió solo al 2,1% de la riqueza neta del país. Y aunque es cierto que hubo un crecimiento de la clase media en Chile, su situación es precarizada: sueldos bajos, altos niveles de deudas por vivir en extremo del crédito, y bajas pensiones. El reclamo social también evidenció el descontento por un sistema de salud y educación injusto y selectivo; y una clase política embarrada en corrupción. La pandemia, que ha agravado la situación económica de todos nuestros países, seguramente mostrará ahora valores más críticos y preocupantes.

Chile despertó y fue gracias a la valentía y organización de miles de jóvenes que se tomaron las calles. Estas nuevas generaciones que no crecieron bajo la influencia y miedo de la dictadura de Pinochet, y que se enfrentaron irreverentes a la fuerza pública, llevando como estandarte la bandera de la igualdad y justicia social, y que señalaron a la Constitución chilena como la génesis de muchas de las inequidades sociales y económicas. Finalmente, luego de un mes de movilización ciudadana, marchas históricas, enfrentamientos entre ciudadanía y fuerza pública, el Gobierno de Chile y la oposición se unieron para la realización de un plebiscito, donde la sociedad chilena decidiría si quiere o no una nueva Constitución. Esto se llevaría a cabo en abril de 2020, pero la pandemia obligó a postergar esa fecha y cambiarla a octubre, simbólicamente a un año del estallido social.

El 25 de octubre, la ciudadanía chilena votó por dos preguntas: 1. ¿Quiere usted una Nueva Constitución?, 2. ¿Qué tipo de órgano debiera redactar la Nueva Constitución? El Apruebo ganó con un poco más del 78% de la votación. Además, las y los chilenos optaron por una convención constituyente que estará formada por 155 ciudadanos elegidos en su totalidad por voto popular, y de manera paritaria: mitad mujeres y mitad hombres. La participación en el plebiscito fue superior al 50%, pese a las restricciones por la pandemia, situándose como la elección con mayor cantidad de votantes desde el retorno de la democracia.

Lo sucedido en Chile nos evidencia la importancia de la participación de las nuevas generaciones en los procesos sociales y políticos. La acción juvenil en las protestas sociales de hace un año movilizó a todo un país como efecto de bola de nieve. Chile despertó.

Con este abrumador resultado, millones de chilenas y chilenos le dicen adiós a la Constitución de Pinochet y le dan la bienvenida a la esperanza de cimentar las bases para la construcción de un país que logre disminuir las brechas sociales y económicas que ahora agobian a la mayor parte de la población. Quienes ponemos nuestra vida al servicio de la defensa de la lucha por los derechos humanos y la igualdad, saludamos y felicitamos la decisión mayoritaria de nuestro hermano pueblo chileno. 

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