Tres tristes tigres

- 06 de abril de 2020 - 00:00

Este lúdico trabalenguas sigue vigente. Lo actualizo con tres gobernantes americanos -que no atinan a ser líderes- y que a pesar de representar por su tamaño e historia una muestra relevante del continente, ¡no estamos gobernados por estadistas!

EE.UU., Brasil y México, países en los que la utopía de las Américas exhibió gran aliento, han escogido la palabra distopía, frente al coronavirus. Sus presidentes han dejado la responsabilidad y la visión del mundo en el desván de sus cosas inservibles.
Pero su estulticia y la de sus asesores han desatado efectos populistas manipulando las emociones, dedicados al abrazo y beso a niños. Alentando al trabajo, a salir, divertirse, producir en mitad del acecho de la extinción colectiva, renuentes a justipreciar las angustiantes cuarentenas y evadir pruebas masivas de detección. ¡Pero la evidencia les está pasando factura!

Han exportado la epidemia de nacionalismos en tiempos en que un simple virus -una proteína migrante y no viva- acecha con diezmar la raza humana hecha de sofisticadas cadenas helicoidales del DNA acumulado. La fanfarria se recita en tiempos que la aldea global ha exhumado al canadiense Marshall McLuhan y su libro de otra época: Gutemberg Galaxy, para demostrar que el mundo está cada vez más interconectado y cuando de un virus se trata, este viaja metafóricamente a la velocidad de la luz, que carga en la frente la fecha de su caducidad. ¡La vida y la muerte duermen en la misma cama!

Pero la falta de una geopolítica de estadistas no es exclusiva de los citados. En Europa, quizá con la sola excepción -y parte en Portugal- de la canciller de Alemania por su política de apertura a los refugiados- ¡los demás son gobernantes reciclables!

En el Reino Unido, en sus últimos años, salvo Tony Blair, la saga no es digna de un Cromwell o un Churchill. España acumula de un tiempo atrás ajedrecistas de la componenda, antes que dirigentes. La volatilidad en Italia es tan evidente que cambian presidentes casi como árbitros que pitan mal en las canchas. Y que jamás paran el partido para re leer sus errores en sus VAR políticos. Otra parte del mundo está gobernada por extremismos de derechas, exrevolucionarios avezados que han traicionado a Sandino, Bolívar, Martí, Túpac Katari -como en Nicaragua, Venezuela, Cuba o Bolivia-.
¡Hay excepciones! ¡Pero confirman la regla! (O) 

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