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Ser superhéroes: ¿dilema de adolescentes?

21 de julio de 2019 00:00

Es posible que para muchos Shazam (2019), de David F. Sandberg, pase solo de ser una película entretenida más del universo de los cómics trasladados al cine. Sí, se trata de la versión de un superhéroe de 1939, originalmente llamado Capitán Marvel, que luego pasó a tener el nombre con el que se le relanzó en el cine. La versión cinematográfica mantiene la idea original de un adolescente que adquiere ciertos poderes sobrenaturales de un mago, los cuales lo convierten en un superhéroe adulto. Aunque la idea es provocadora, el argumento está plagado de hechos comunes y estereotipados. El personaje central es abandonado y pasa a formar parte de una familia también de adoptados, por lo tanto, aquel ya lleva la marca de una dislocación que implicaría la búsqueda de una identidad; para el caso, la familia no es suficiente, por lo que queda claro que todo adolescente debe labrar la suya. También está el hecho de que uno de sus hermanos adoptivos sufre de bullying y este asunto, en el entorno de una escuela machista, es el que reforzaría la idea de estar siempre a la sombra de un defensor para alejar a los acosadores. Pero más allá de ello, está el sombrío malvado, el cual habría robado parte de lo que detentaba el mago, el cual desata el apocalipsis urbano, matando incluso a su familia por venganza.

Visto así, Shazam es un relato sobre problemas de crecimiento de adolescentes, los que tratan de forjarse una identidad y los que la usan para deshacerse del acoso y del menosprecio. El sueño de ser adulto no basta y de pronto el filme muestra a estos adolescentes como caricaturas de sí mismos. Pero si vamos más allá, habría que decir que el reemplazo de sí mismo en el superhéroe tiene connotaciones en la sustitución del padre ausente o del padre ya no conocido por uno mismo (en la posmodernidad la “patria”, el “padre” ya no importaría para las nuevas generaciones). Es decir, se trataría del renacimiento del mito del individualismo, aunque esta vez vaciado de su propio contenido ideológico: los adolescentes-adultos como Shazam solo buscarían el placer de sus propias hormonas.

Con ello, digamos que la película es maniquea, poco convincente (apocalipsis urbano donde no en el fondo la gente camina tranquilamente, aunque la cámara muestre destrucción en primer plano…) y sobrecargada de tintes efectistas a nivel psicológico. ¿Entretiene? Dejemos la pregunta abierta. (I)  

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