Entre Pilatos, Semmelweis y covid-19

- 13 de abril de 2020 - 00:00

La tradición bíblica narra a Poncio Pilatos lavándose las manos después de haber escogido liberar a Barrabás y condenar a Jesús durante la interpelación, consulta al pueblo y veredicto final. Un atajo para burlar la culpabilidad.

Ahora que en tiempos de pandemia del coronavirus la prevención más consensuada consiste en el ritual cíclico de lavarse las manos con jabón, un legado visionario del húngaro Samuel Semmelweis en la Viena de mediados del siglo XIX cobra actualidad.

Luego de observaciones y registro contable, constató que en las salas hospitalarias en donde el personal de salud se lavó las manos antes de atender los partos, había obtenido una significativa diferencia estadística de mujeres posparto sanas. En las salas en donde el ritual de lavado de manos no se había ejercido, tenía una desproporcionada prevalencia de fiebre puerperal.

Un hecho dramático tampoco convenció: su colega médico legista, Kolletschka, luego de practicar una autopsia, siendo herido accidentalmente por su ayudante en un dedo, murió poco después con los mismos síntomas de la fallecida. No había Lister ni Pasteur descubierto aún los microorganismos.

Sus colegas le acusaron de desprestigiar la medicina. Fue retirado de su puesto de obstetra en el hospital por su jefe, el profesor Klein. Expulsado de Viena regresó a Hungría en donde se sumió en depresión. Huraño, casi autista, enloqueció. Fue internado en un manicomio a cargo del psiquiatra Riedel. Se le dio de palos. Los locos pre Pinel no recibían tratos humanitarios. Una herida fruto de maltratos que llevaba en su dedo medio derecho gangrenó. Murió a sus 46 años. Se demostró en la necropsia que tenía sepsis en riñón, huesos y pulmones. Contaminado a partir de la herida.

Se le criticó por haber publicado sus resultados 14 años después. (Darwin publicó su Origen de las Especies, 24 años después de Galápagos). Pasteur demostró luego que fue el estreptococo la bacteria causante. Virchow, a regañadientes, y Claude Bernard, se sacarían el sombrero ante el médico que fue mártir de la estupidez del mundo. (O)

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