Viacrucis y resurrección del Ecuador

- 16 de abril de 2020 - 00:00

El pueblo ecuatoriano se halla en uno de los momentos más terribles de su historia. Sobre sus hombros, llagados como la espalda de Cristo por los latigazos de la pobreza y el desempleo, cae el peso de la cruz de la pandemia del coronavirus.

Este camino de la cruz se inició con el gasto sin freno de (Rafael) Correa, que, como aquel rico Epulón que vestía de lino y seda y banqueteaba cada día, desperdició durante años los más abundantes ingresos de la historia del Ecuador, para dejar al final solo deuda, déficit y falta de empleo.

Pero su pútrida herencia no solo fue el déficit y la crisis económica: fue la corrupción, una corrupción rampante e institucionalizada, con la práctica diaria de sobornos, cohechos y asociaciones ilícitas, que dejó al país una serie de obras mal hechas, una infraestructura deficiente y sistemas de educación y salud destruidos.

Otra parte de su herencia fue una profunda polarización política al dividir el mundo, como lo hacían los fariseos, entre buenos y malos (y entre los malos, recuerden, puso a los maestros y a los médicos) y al sembrar el odio dentro de las familias y las clases sociales.

El Ecuador avanzó nuevos pasos en el viacrucis durante las protestas de octubre de 2019, producto de la pobreza y de la incomprensión de unas medidas que intentaban corregir el déficit.

Pero lo peor estaba por venir: hoy la pandemia de la covid-19 asuela al país, cebándose sobre todo en Guayaquil, con la enfermedad, la muerte y la desesperanza.

La única medida que salva centenares de miles de vidas, el aislamiento preventivo, tiene consecuencias inevitables al agudizar el desempleo y la pobreza.

Y, como si las caídas de Cristo en su camino no terminasen, el coronavirus trajo la paralización de la economía mundial y, con ello, la caída del precio del petróleo hasta niveles jamás vistos, seguido de la reducción de ventas de las demás exportaciones ecuatorianas (flores, banano, camarón y otras).

Y tras eso, “por si fuera poco”, como dijo el Presidente, llegó la rotura de los dos oleoductos del país, el SOTE y el OCP, y de un crucial poliducto.

A lo que se añade la paralización de las dos principales refinerías del país: La Libertad (por cuarentena debido a casos de covid-19) y Esmeraldas (por daño, tras el apagón del Sistema Interconectado el martes).

Lo que los cristianos sabemos es que Jesús caminó a la crucifixión y a la muerte, pero que ese no fue el final sino que vino la resurrección: “si Cristo no resucitó, vana es nuestra fe”, repetimos con San Pablo en la Vigilia Pascual.

Por eso también nos preguntamos: ¿cuándo va a llegar la resurrección para el Ecuador? Es difícil verlo ahora que estamos yendo a la crucifixión, en la mayor crisis económica y social de los últimos 100 años. Pero no debemos desesperar. Llegará, llegará: la resurrección llegará. (O)

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