Especial coronavirus

Los 'trolls' correístas trabajan para regresar al poder y tener impunidad

- 02 de abril de 2020 - 00:00
El expresidente Rafael Correa recorre la zona de desastre en Manabí. Según el Consejo de Participación Ciudadana, hubo desvíos en el dinero que manejó el Comité de Reconstrucción.
Foto: Archivo / El Telégrafo

La desinformación daña y distorsiona la realidad. Tiene un trasfondo político estratégico dirigido hacia un objetivo común. Los 'troll centers' del exgobierno están dedicados a sembrar el miedo y el caos en las redes sociales para desestabilizar al Estado. Es algo parecido a lo de octubre de 2019.

Como lo demuestra una serie de estudios y análisis periodísticos, y en medio de la crisis humanitaria más grave y dolorosa que se recuerde en el país, cientos de trolls correístas se han lanzado con furia en contra del Gobierno. Su objetivo estratégico es recuperar el poder que durante 10 años disfrutaron en la más completa impunidad.

Están unidos con un mismo discurso destructor a través de redes sociales que intenta crear el caos y la incertidumbre entre los ecuatorianos, para desestabilizar al Estado y golpear al régimen de Lenín Moreno.

Uno de sus objetivos es que los ciudadanos crean que son capaces de manejar un conflicto de proporciones gigantescas e inciertas, como la pandemia de covid-19.

Para eso usan todas las herramientas digitales y medios que poseen, con el fin de convencer a la gente que la tragedia del país se puede controlar desde un ático en Europa. Pero los seguidores de la Revolución Ciudadana no dan la cara para enfrentar las graves acusaciones de corrupción que pesan sobre ellos.

Los que han huido de la justicia a otros países, como Venezuela y México, y los que desde Ecuador tejen redes de desinformación y de desazón ciudadana.

El jefe del grupo, Rafael Correa, dijo que la situación en Ecuador por la emergencia sanitaria sería diferente si la manejara el exvicepresidente Jorge Glas. Él es uno de los pocos correístas que está en la cárcel, sentenciado a seis años de prisión, por asociación ilícita. También está investigado por otros presuntos delitos conexos y en otros cuatro casos de corrupción.

El expresidente ha olvidado que cuando él estaba al mando del poder y se produjo el terremoto del 16 de abril de 2016, ese movimiento telúrico dejó cerca de 700 muertos, 2.700 heridos y $ 3.400 millones en pérdidas. Correa pidió la unidad nacional (la que hoy él y sus fieles tratan de resquebrajar) y el país se puso a trabajar en conjunto.

Luego de interrumpir una gira por Europa, Correa anunció en cadena nacional medidas económicas que, según dijo, tenían como objetivo ayudar a los damnificados, entre ellas: aumento de dos puntos al IVA por un año, una única contribución obligatoria del 3% sobre las utilidades, un cobro por una sola vez del 0,9% a las personas con patrimonio superior a $ 1 millón y una contribución gradual de un día de sueldo por mes a quienes ganen más de $ 1.000.

La crisis fue de tal dimensión que la ayuda nacional e internacional fue masiva, solidaria e inmediata. Más de 8 mil millones, entre dólares y euros, llegaron de decenas de países y organizaciones. Ese dinero nunca fue auditado. Además, otras naciones enviaron toneladas de alimentos, carpas, equipos de rescatistas, médicos, paramédicos e ingenieros expertos en reconstrucción, bomberos, maquinaria para remover escombros, entre otras ayudas.

En la localidad más afectada del país, Pedernales (Manabí), epicentro del terremoto, durante varios días fue imposible acceder por vía terrestre por el daño severo que sufrieron las carreteras. También por la precaria situación y al alto número de muertos en las calles, el alcalde de la ciudad en esa época, Gabriel Alcívar, solicitó la donación de ataúdes y formol.

Los trolls centers correístas se activaron en esta emergencia sanitaria para causar miedo, pánico, rumores, mentiras, incertidumbre y malestar entre la población afectada y en la opinión pública ecuatoriana.

Esos trolls center han puesto fotos falsas o noticias malintencionadas o distorsionadas para aterrorizar a la gente con los muertos en las calles, como narraba el alcalde de Pedernales, que ni siquiera contaba con féretros para los cadáveres esparcidos por la ciudad.

En un momento tan doloroso para los ecuatorianos, como el que vivimos, bien valdría preguntar por qué cuando el entonces presidente Rafael Correa convocó a la unidad nacional y todo el país se sumó al llamado, se aceptaron las medidas económicas y el estado de emergencia. Esa vez ningún político se hizo cálculos electorales para subvertir el orden político y la institucionalidad jurídica de Ecuador.

Correísmo apuesta a regresar

El expresidente Rafael Correa y su organización nunca han dejado de luchar para volver al poder. Al exmandatario nunca le importó el país, sino el poder y el dinero que llevaron. Una prueba de ello es que dejaron a Jorge Glas, como vicepresidente, quien está sentenciado por la trama de corrupción de Odebrecht, con la esperanza de convertirse en presidente al poco tiempo de las elecciones.

Para ellos es una cuestión de supervivencia, necesitan volver a manejar el país y todas sus funciones, sobre todo la judicial para seguir impunes. Lamentablemente ese modelo populista es bienvenido por la población, que durante una década sufrió un adoctrinamiento disfrazado de educación.

La crisis económica dejada por el anterior Gobierno le ha pasado factura al país en estos últimos años. Nada más cómodo para un grupo de indolentes sin escrúpulos que aprovecharse de crisis tan profundas, como la que vivimos, para mentir y hacer creer a un pueblo ingenuo que ellos sí habrían podido con la crisis; nada más falso tampoco. Gabriela Larréategui, asambleísta de SUMA. (I)

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