Rosalía Arteaga: “Sufrí usurpación del poder y fui víctima de la violencia política”

- 08 de julio de 2018 - 00:00
Rosalía Arteaga. Licenciada en Ciencias Políticas, doctora en leyes, magíster en Antropología, consejera de la Enciclopedia Británica, miembro de la Biblioteca de Alejandría.
Foto: Marco Salgado / El Telégrafo

La expresidenta repasa su historia en la función pública. Dice que el machismo fue la causa fundamental de su cortísima estadía, de 6 días, al mando del país. Confiesa que está emocionada por su retrato en Carondelet.

Está contenta pero sus ojos se llenan de lágrimas al recordar que su padre lloró al enterarse de que colgaron su cuadro en el Salón Amarillo de la Presidencia.

Rosalía Arteaga, la primera y única mujer presidenta de Ecuador, habló con EL TELÉGRAFO sobre ese tema.

¿Qué emociones le despierta el retrato suyo en Carondelet?
Tengo mucha emoción y recuerdo las circunstancias que viví: personales, familiares, políticas. También es una evidencia de que a las mujeres nos cuesta más todo. La justicia tarda pero llega. Es una buena enseñanza para las jóvenes; finalmente pueden conseguirse los reconocimientos pasados.

¿Por qué tardaron 21 años en colgar su retrato en la Presidencia de la República?
Todavía predomina una cultura machista. Me alegra que fuera el presidente Lenín Moreno quien reconoció a una mujer como la primera presidenta de Ecuador. Hubo un decreto ejecutivo anterior, en el gobierno de Lucio Gutiérrez, pero no se llegó a ejecutar porque él cayó. Es interesante saber que en estos momentos no hay ninguna presidenta en América Latina. Antes hubo 3, eso implicaría que estamos retrocediendo. Hay 10 vicepresidentas en total. Cuando fui vicepresidenta en 1997, era la única en Sudamérica, y Guadalupe Gerezano, en Honduras.

Usted es la primera y única mujer presidenta de Ecuador. ¿Cuáles son sus reflexiones sobre esto?
A pesar de vivir en una cultura occidental que aparentemente está marcada por grandes avances, todavía nos falta subir más peldaños y nos cuesta más trabajo llegar. Hace muy poco estuve en una reunión de mujeres en Miami y alguien dijo que Uruguay tenía el orgullo de ser el primer país donde una mujer había votado. Pero la primera mujer votante en América Latina fue la lojana Matilde Hidalgo de Prócel. Lo que hubo después en Uruguay fue la primera reforma legal para el sufragio femenino. Los ecuatorianos no hemos sabido vender la imagen de lo que hemos hecho ni reivindicamos nuestra historia.

¿Por qué piensa que le sacaron del poder luego de 6 días (1997)?
El machismo fue la causa fundamental. En el caso de Osvaldo Hurtado nadie cuestionó que asumiera el poder. También había otros ingredientes: Yo no tenía diputados en el Congreso y había demasiados intereses políticos y económicos en juego.

¿Fabián Alarcón hizo una consulta (1997) para legitimar una ilegalidad?
Eso fue una argucia de la que se valió él; tengo dudas de ese plebiscito y del conteo de los votos. Él ató las preguntas que, casi implícitamente, le daban la razón. Fue una trama urdida para tratar de legitimar la inconstitucionalidad.

Usted fue la vicepresidenta del presidente Bucaram, que fue cesado por el Parlamento. ¿Por qué aceptó ser su binomio?
No había conocido a Bucaram. Recibí propuestas de todos los candidatos presidenciales, pero Bucaram tenía la hoja de ruta y el plan de gobierno que reconocía la política social. Él propuso que me encargara de ese tema. Inicié mi carrera política por la cultura.

Mi primer cargo fue subsecretaria de Cultura de Sixto Durán Ballén. Después fui Ministra de Cultura y propuse una reforma curricular. Salí de esta cartera de Estado con los aplausos del magisterio, incluidos los de la UNE. Creí que como vicepresidenta podía hacer más. No había cálculo político porque Bucaram aparecía último en las encuestas y ya había perdido dos elecciones.

Vi un plan social coherente, por eso acepté, pero nunca me afilié al PRE. Fundé el Movimiento Independiente por una República Auténtica (MIRA).

Sixto Durán Ballén la llamó la “guagua linda” (1994). ¿Qué le recuerda eso?
Me emocionó. En 1978 yo estaba muy joven y me gustaba lo que Durán Ballén decía. Un amigo de mi papá nos presentó y él dijo: Esta guagua que me has traído. El día en que me nombró ministra de Educación me dio un abrazo y me dijo: “Guagua, al fin”; esto oyó algún periodista y lo publicó. “Yo era la guagua de Sixto”. Hasta me sacaron un himno.

¿El poder es esquivo con las mujeres en Ecuador?
En todo el mundo, a la mujer nos cuesta más, es más duro y nos cuestionan más. Todavía tenemos tantos espacios que conquistar.

Tenemos grandes heroínas, pero en los libros de Historia.
Las mujeres aparecemos en la Historia como villanas o santas. Estoy convencida de que tenemos que seguir hablando para conquistar nuestros derechos. No ha pasado la época de maltrato. El lugar más peligroso para una mujer es su propia casa. Eso lo vemos aquí y en la China. En 1974, un profesor de la universidad nos dijo: “Para conseguir marido en la puerta podían haberse quedado”. Algunas de ellas llegaron a juezas de la Corte Suprema. El machismo persiste.

Sin embargo, hay avances, tenemos una presidenta en la Asamblea. ¿Cómo ve el trabajo de Elizabeth Cabezas?
Hay pasos interesantes, después del correísmo hay mayor tranquilidad, la gente respira mejor y hay un diálogo instalado en la Asamblea.

En el correísmo hubo tres autoridades mujeres en el Parlamento. Pero respondían al mandato de Correa...
Algunas se calificaron de sumisas y eso no me gustó. No solo hay que ser, sino parecer, había una dicotomía muy grande en el Legislativo. Correa decía que había mejorado el nivel de “las farras”.

Eso es inaceptable e imponía silencio a las mujeres que discrepaban. La representatividad de la mujer debe analizarse desde su capacidad de acción y autonomía de sus funciones. No concibo ningún Legislativo o jueces subordinados al Ejecutivo. Eso desdice de la verdadera democracia.

Asambleístas ex-Alianza PAIS  quedaron silenciadas por pedir aborto en casos de violación. ¿Ese es el verdadero poder
de la mujer?
Ellas debían protestar. Pongo mi propio caso: Adoum maltrató a una mujer en Petroecuador, protesté y me expuse a insultos y ataques feroces que llegaban al celular. Tuve la valentía de afrontar esas situaciones. También cuando Cynthia Viteri fue atacada, la defendí. Eso no fue cálculo político porque yo no estoy en ella ya. El hecho de ser mujeres no es garantía de que se esté contra la corrupción.

¿El trato del expresidente Correa hacia las mujeres era machista y misógino?
El trato fue complicado y grave. Me pronuncié en contra, eso no obedece a un jefe de Estado ni a la condición humana. Un hombre que gobierna el país debe ser coherente en sus acciones y palabras. Reclamé en repetidas ocasiones no solo ese comportamiento, sino la ausencia de diálogo en el país.

Tenemos una vicepresidenta mujer, la segunda en la historia después de usted. ¿Qué le recomendaría?
Le deseo éxito porque el éxito de los mandatarios es el del país.

Los asesinatos a las mujeres continúan, a pesar de una ley aprobada este año. ¿Qué se puede hacer?
Un plan a largo y otro a corto plazo. La única prevención es la educación, empoderar a las mujeres sobre sus derechos, educar a las mamás, a sus hijos. No hay tareas de mujeres y de hombres. Hay que poner en condición de igualdad a todos. Se debe aplicar la ley para que la mujer pierda el miedo a denunciar.

La agredida debería tener casas de auxilio para refugiarse. Muchas veces la justicia llega tarde. Lamento ver todas las comedias y shows de TV en los cuales la mujer aparece como objeto sexual. Esos no son ejemplos positivos. Todos tienen que hacer su papel para erradicar el maltrato y el femicidio. (I)

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