Quito es el eje político del Ecuador desde antes de su fundación

- 08 de diciembre de 2019 - 00:00

La capital de los ecuatorianos es símbolo del poder estatal, no solo por ser la sede del Gobierno sino porque es el centro de la unificación nacional.

Quito tiene una identidad política ancestral que se remonta al siglo 15,  cuando fue nombrada segunda capital del Tahuantinsuyo.

El imperio Inca concentró su dominio en dos áreas principales que cubrieron los territorios de lo que actualmente es Perú y Ecuador. Ambas también eran centros religiosos, comerciales y culturales del imperio.

Desde entonces Quito ha consolidado la identificación de eje de la nación, desde donde hoy se articulan, coordinan y ensamblan las 24 provincias del Ecuador.

Con la conquista española el poder invasor se afincó en Quito para dominar al resto de la región.

La importancia  y características geográficas de la ciudad cimentaron el yugo extranjero, pero esta misma singularidad acuñada por cuatro siglos motivó una conciencia política de sus habitantes, que desembocó en el primer grito de independencia de América.

El 10 de agosto de 1809 los próceres en Quito iniciaron la corriente libertaria que se extendería por todo el continente.

Por eso al iniciarse la república se declaró a Quito como capital del Ecuador, lo que fortaleció su identidad.

Ecuador, a partir de 1830 inició la consolidación como nación y la capital afianzó su hegemonía política.

El historiador Juan Paz y Miño señaló que Quito es el eje de la vida nacional y tiene importancia política, administrativa y cultural para todo el Ecuador. “Hay otras zonas con sus propias identidades sin duda, pero Quito es la capital de convergencia histórica”.

El experto comentó que revoluciones como la alfarista, se iniciaron en la Costa, pero se apuntaló cuando llegó a Quito.

Por eso la capital es símbolo del poder político, no solo por ser la sede del Gobierno desde donde despachan los Presidentes de la República, sino también porque es un elemento de unificación nacional.

Además, las capitales político-administrativas han sido una categorización  hegemónica en el funcionamiento de los Estados en general.

Se  caracterizan por constituirse como una red de instituciones para el servicio  público que trabaja en lo territorial, conformando una red urbana.

Si bien los nuevos diseños del Estado propugnan la desconcentración y descentralización, como mecanismos de gobernanza, “esta requiere que en el ordenamiento territorial, exista centralidad de poder en virtud de la gobernabilidad requerida”, comentó el jurista Esteban Ron.

No es posible, de acuerdo con nuestro ordenamiento jurídico, la creación de subsistemas de administración de carácter regional, agregó.

Con esto se puede establecer que Quito, cumple con estos requisitos, por lo que es capital política-administrativa, bajo la teoría de la distribución del poder.

Sin  embargo la operatividad de la misma en términos de movilidad, acceso, seguridad y dispersión institucional, “hace que se la vea como una ciudad que aloja conglomerados de instituciones en edificios dispersos”, enfatizó.

La ciudad más poblada
Ahora se habla de una ciudad que representa a todo el país en el campo social, económico, cultural y político.

Una urbe que aglutina las particularidades y generalidades de toda la población ecuatoriana.

Cristian Bravo, docente de la Universidad Internacional, comentó que Quito es una de las urbes más antiguas del continente americano.

Sin embargo cree que es importante entender los cambios por los que la ciudad ha atravesado.

En la actualidad, nuestra capital es la más poblada del Ecuador, después de superar a Guayaquil, que tuvo esa posición por varias décadas.

Según las proyecciones poblacionales del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC), Quito cuenta con 2’781.641 habitantes,  mientras que el puerto principal tiene 2’644.891.

Esto es un gran desafío para esta ciudad con tradición de acogida, cuyas características geográficas y socio económicas también son diferentes al resto de ciudades del país y de la región.

A ello se suma el hecho de que, si bien la capital recibió  durante los últimos años la migración desde las zonas rurales, la migración externa también aumentó.

Cerca de un millón de venezolanos han ingresado al territorio y se calcula que 300.000 se han quedado, de los cuales 24.000 tienen residencia permanente en Quito, según el registro del Ministerio de Gobierno.

Todo ello plantea nuevas dinámicas en materia de movilidad y vivienda, así como en el ámbito de empleo para atender a una población que crece así como los problemas  de una urbe cosmopolita.

Bravo mencionó que sería importante que el Estado y las autoridades locales coordinen la generación de políticas que permitan un desarrollo adecuado de todos los residentes de la capital. (I) 

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