María Fernanda Noboa, candidata doctoral en Estudios Internacionales, máster en Gobernabilidad, experta en seguridad

"No hay política de defensa del Estado"

- 01 de abril de 2018 - 00:00
Foto: Mario Egas / EL TELÉGRAFO

La académica destacó que en las agendas de Seguridad e Inteligencia debería constar la cartografía de las amenazas en Ecuador: cómo se forman, cuál es el peligro, dónde habrá ataques. Pero eso no ocurre, hay un silencio sobre ese tema e incluso sobre su definición.

Es la única mujer del país especializada en temas de seguridad e inteligencia. Ha asesorado a la Dirección de Inteligencia del Comando Conjunto, de la Fuerza Aérea Ecuatoriana y de la Armada, y de diversos grupos operativos del Ejército.

Es docente de la Universidad Católica y ha dictado cátedras en la Universidad Nacional de México y de Panamá. María Fernanda Noboa habló con EL TELÉGRAFO sobre los atentados en la frontera norte de Ecuador y Colombia, la narcoguerrilla y la política de seguridad en Ecuador.

Un periodista, un fotógrafo y un conductor de Diario El Comercio están secuestrados. ¿Cómo mira este hecho?

Esto es parte de un nuevo mapa criminal que se ubica dentro de la geopolítica regional y de la geopolítica mundial. En Ecuador, el conflicto colombiano se ha expandido en onda con diferentes formas de comportamiento de los diferentes actores: las FARC, las bandas criminales, los paramilitares y los crímenes ilícitos vinculados con ellos. Los secuestros son un desafío a la institucionalidad mediática porque el periodista construye la noticia, genera opinión y una actitud hostil hacia estos actores. Ellos quieren atemorizar para que las reacciones de lo ocurrido vayan orientadas a un sentido y no a otro. Es decir, hay agendas subyacentes para polarizar el discurso de los medios sobre ese tema.

El Ministro Navas dijo que les advirtieron del peligro. Pero el Estado tiene la obligación de  garantizar su seguridad.

Los periodistas están muy comprometidos con su tarea, sus prácticas éticas y deben tener los protocolos de seguridad para cubrir en zonas “calientes”. Los grupos de élite les advirtieron del peligro de cruzar al otro lado. Sin embargo, aquí no es cuestión de buscar culpables, sino de entender el escenario.

¿Cuál es ese escenario?

Se han dado ataques directos por la intervención de la Fuerza Naval, y no directamente ni a la Fuerza Aérea ni al Ejército ni a la Policía, por el momento. Pero puede esperarse ataques no solo a los aparatos de fuerza, sino a periodistas, políticos, empresarios, entre otros. Los golpes han sido planificados para ir debilitando a las diversas fuerzas ecuatorianas, en forma paulatina, recurrente y simultánea a diversos niveles. Hay tendencia de golpes de alto impacto, como la primera explosión, luego viene el impacto de menor intensidad, pero letal. Este ha sido el ritmo con el que se mueven esas organizaciones.

¿Hay intereses cruzados que coexisten en esos atentados?

La amenaza es tan compleja, híbrida y mutante que no se comporta de igual manera en los diferentes territorios. Por ejemplo, los narcos necesitan corredores limpios para su negocio, las FARC utilizan estrategias terroristas. Javier Jordán señala que estos grupos hacen esos actos para generar miedo y obligar al Estado a conducir de cierta manera el tema militar y de seguridad. También para aterrorizar a la ciudadanía, si esta no ha recibido el apoyo del Estado, se funcionaliza con estos grupos, que los incluye en una economía “ilegal”.

¿Habría la posibilidad de que una parte de la población esté cooptada por esas agrupaciones, tal como ha ocurrido en Colombia?

En el primer ataque hubo 37 casas destruidas sin víctimas mortales. ¿Por qué no hubo personas afectadas? Eso nos lleva a pensar que la población está cooptada por  esas agrupaciones, hay una complicidad y alertas en ambas direcciones. Esos actores criminales les avisaron para que salgan de la zona.

¿Qué se está configurando?

No me atrevo a calificar. Es un tipo de conflicto híbrido porque la amenaza no puede ser definida de manera clara. Hay un entramado de actores que persiguen cosas diferentes, pero se valen de los mismos medios.

Pero ¿por qué se destapa esto en este momento?

Estaban acostumbrados a operar en esta zona, que fue descuidada del área de Colombia. Allí, esas agrupaciones tienen su guarida, desde el Chocó pasando por Tumaco, es decir, toda la frontera Pacífica. Y las fuerzas militares han sido indiferentes frente a lo ocurrido. Desde el acuerdo de  paz con las FARC, que no fue completo y que la mayoría colombiana rechazó, se desataron nuevas dinámicas de conflictividad inusitadas con factores de emergencia como estos. El ataque de Angostura develó la inseguridad y la debilidad de la conducción político-estratégica de la defensa ecuatoriana.

¿Existe una política de defensa del Estado?

Han sido 10 años con altos y bajos, no existe una verdadera política de defensa del Estado.

¿Por qué?

Está el Libro Blanco de la Defensa, con consideraciones estratégicas, elaborado con varios actores de la sociedad. Han pasado ocho ministros de Defensa en estos años, y cada tres años hay un borra y va de nuevo. Es preocupante, no hay una visión  política clara de la defensa, de la planificación, del empleo de los medios militares. Tampoco hay claridad sobre la inteligencia estratégica y la comunidad de inteligencia en el Estado.

El presidente Lenín Moreno dijo que la defensa está desmantelada, con helicópteros que se caen, aviones sin repuestos. ¿Cuál es la relación entre esto y los ataques a Esmeraldas?

Está latente el conflicto colombiano. El exgobierno bajo el pretexto de una visión ideológica imperialista, le dio un tinte ideológico a la defensa del país. Lo que sonaba a EE.UU. era espionaje de la CIA y la agenda militar se convirtió en política. Lamentablemente, se creyó que era bueno traer tanques, pero sin ningún criterio técnico, sino político. Por ejemplo, como China nos prestó dinero, compraron a ese país el armamento. Es decir, tuvimos fusiles que fueron utilizados para hacer picnic.

Pero las FF.AA. no se opusieron.

Hay corresponsabilidad, faltó una visión estratégica y de la conducción de institución. Hubo politización y un juego clientelar de varios mandos altos de las Fuerzas Armadas.

¿Este país es o no productor de droga?

No, este país es de paso de droga y de abastecimiento logístico. Los grupos irregulares venían a hacer de puente en Ecuador para asegurar ese negocio. La situación se vuelve compleja cuando estos grupos comienzan a aliarse con actores locales y cuando tienen derivación de otros actores más fuertes transfronterizos y transnacionales.

¿Cuáles son las pruebas de la infiltración de esos grupos criminales en Ecuador?

Las FARC, entrenados en Libia, aprendieron a elaborar morteros hechizo,  con tanques de gas y clavos. Eso destroza los cuerpos. El Cártel de los Zetas, organización mexicana paramilitar del narcotráfico, considerada una amenaza global, usa técnicas sanguinarias como tortura con la técnica de la corbata: sacar la lengua por debajo del cuello, y el degollamiento a los vivos. Esas formas de tortura no son ajenas en nuestro país. Últimamente, según la Dinased, en los casos de sicariatos y asesinatos ya no se encuentra el cuerpo completo. Ahí nos damos cuenta de que hay una contaminación de las formas de acción, se puede prever quién se da la vuelta por Ecuador.

¿Qué podemos esperar para el futuro?

Sospecho que hay grupos de estrategas que están adentro y monitorean cómo mover las acciones, cómo actuar y cómo golpear. Me temo que los próximos ataques serán a las hidroeléctricas, a la infraestructura y a las petroleras. Se trata de afectar y remover el tejido. Hay una gran responsabilidad del sector de la seguridad, de los estrategas políticos y militares para trabajar de manera conjunta en una política de Estado. (I)  

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