Mujeres empoderadas

- 10 de mayo de 2020 - 00:00

A nivel global, los hombres controlan las tres cuartas partes de escaños parlamentarios. En Ecuador, 119 mujeres son presidentas de juntas parroquiales y continúan en la lucha para conquistar nuevos espacios.

Este domingo 10 de mayo que se conmemora un año más el Día de la Madre, es importante destacar la lucha que tienen las mujeres por ganar espacios concebidos solo para hombres, pues en una sociedad aún marcada por el machismo, se le resta oportunidad y méritos.

Sin embargo, a la lucha por la igualdad de derechos y por erradicar la violencia de género se suman las críticas a la mujer que desempeña varios roles, como el ser madre y profesional, y si su campo de acción es la política, la violencia se incrementa.

En pleno siglo XXI, aún a la mujer se la encasilla solo en labores domésticas y, por supuesto, a la crianza de los hijos, pero nada más. Un informe de ONU Mujeres de este año concluye que el progreso hacia la igualdad de género no es estable y que se están revirtiendo los logros conquistados con esfuerzo.

El documento revela la falta de medidas eficaces para incrementar la representación de las mujeres en los cargos de poder.

“La revisión de los derechos de las mujeres muestra que, a pesar de algunos avances, ningún país ha logrado la igualdad de género. No podemos llamar igualdad a apenas una cuarta parte de los cargos de poder”, dice Phumzile Mlambo-Ngcuka, directora ejecutiva de ONU Mujeres.

Ese mismo informe precisa que, a nivel global, los hombres controlan todavía tres cuartas partes de los escaños parlamentarios.

Un monitoreo del Observatorio de Participación Política de la Mujer indica que cuando ellas alcanzan puestos de representatividad no se los atribuyen a sus capacidades sino a la relación con hombres de poder, pues menoscaban su preparación académica.

Tres mujeres, madres y profesionales, nos cuentan sus historias de superación, su rol en la sociedad y cuánto les ha costado alcanzar el escalón en el que hoy se sitúan; instan a su género a no abandonar esta lucha. (I)

“Somos juzgadas en nuestros diversos roles”

Ruth Hidalgo, decana de Ciencias Políticas de la Universidad de las Américas
“Hoy en día sigue siendo un reto para las mujeres que desempeñan diferentes roles, el poder conciliar el rol que la sociedad nos ha impuesto o nos ha adjudicado, en el caso de ser mamá y conciliar adecuadamente con el papel de mujeres profesionales. Desafortunadamente todavía existen estereotipos y roles que dificultan el tránsito exitoso de las mujeres, ya sea en política u otros espacios. Esto de todas maneras ha ido cambiando un poco, no es igual que antes. Sin embargo, todavía es un reto y significa un camino difícil de recorrer, porque por un lado hay pocas mujeres que son cabezas de organizaciones no gubernamentales que, como en el caso mío (Directora ejecutiva de la Corporación Participación Ciudadana) tratan aspectos difíciles y tan importantes como los temas de democracia.

Hay espacios que yo los denomino espacios de incidencia dura, que son democracia, política, equidad, igualdad, donde todavía hacen falta muchas mujeres. Lo que trato personalmente es de formar en el camino más mujeres que puedan estar listas para ocupar puestos de relevancia y, sobre todo, trato de llevar un mensaje y una huella importante, de que sí es posible llegar y copar estos espacios.

Es difícil tener a veces la comprensión por parte de la ciudadanía porque todavía no terminamos de cambiarnos el chip como sociedad acerca de los roles y estereotipos, acerca del trabajo de las mujeres en general, en la sociedad o en la vida privada y pública. A veces, dentro de los propios círculos sociales no es bien vista la mujer trabajadora.

La madre trabajadora cumple dobles roles, el de mujer profesional y madre, y a veces en este último son criticadas por el tiempo que dedican al trabajo y que, a veces, es juzgada porque no dedica todo el tiempo a su familia, desde la falta de comprensión de que el rol de crianza de los hijos y el de asistencia a la casa es un rol que debe ser compartido.

Somos juzgadas injustamente en nuestros diversos roles; porque las mujeres con hijos chicos no van a tener la posibilidad de dedicarse al ciento por ciento a los compromisos laborales. Ese prejuicio que existe y persiste en las mujeres que trabajan a veces incide en que no ganen lo mismo que los hombres. En mi caso particular he tenido la suerte de desenvolverme con valentía y decisión en los espacios en los cuales yo transito, tanto en la academia como en la organización gubernamental, a la cual pertenezco. Tenemos heroínas incógnitas, aquellas que son cabezas de hogar, que educan a sus hijos, los alimentan y salen a ganarse el pan”. (O)

“Es complejo estudiar y ser mamá, y en otro país”

Marcela Paredes, investigadora del Instituto de Altos Estudios Nacionales
”Yo me gané una beca Fulbright a Estados Unidos y en ese momento era divorciada, vivía en Cuenca, y claro, era muy complejo pensar que con dos hijas pequeñas podía llevar adelante esta situación; hubo muchas barreras, sobre todo sociales, que en algún momento me hicieron dudar de si aceptar o no la beca, precisamente por mi rol de madre.

Me fui a Estados Unidos en 2012 con mis dos hijas de 14 y 10 años en ese entonces, tres mujeres solas. Pese a todos los malos pronósticos, lo logramos y a la final no me quedé los 18 meses iniciales que estaban programados sino casi tres años; se fueron abriendo nuevas puertas y esta experiencia con sus sacrificios. La vida en otro país con dos hijas pequeñas, sin un trabajo estable, y además tuve un esposo bastante machista y con ese chantaje continuo de los permisos de salida, como si fuese un error exponer a dos niñas pequeñas a una experiencia en otro país. Lo que puedo rescatar de esa historia es todo lo importante que pude conseguir, una primera beca y su título y luego otra beca; se iban abriendo nuevas puertas, el plan inicial se amplió.

Estos beneficios se multiplicaron por tres. Todo lo bueno que pude conseguir al estar en un ambiente universitario con estas oportunidades académicas tan importantes se multiplicaban por tres, porque mis hijas estaban vinculadas a todo este medio académico. Si nos ponemos a analizar, ellas ganaron un idioma más en su vida, eso les sirvió como una oportunidad de abrirse al mundo. Esto contribuyó para que mi primera hija haya ganado una beca en EE.UU., otra en Turquía y en este momento en Salamanca; y mi otra hija igual.

Hubo muchas eventualidades que nos tocó sobrellevar: cómo enfrentar el invierno que afectaba el tema emocional de mis hijas y mi rol correspondía a ser la más fuerte, porque si es que yo como cabeza me decaía... Estábamos en el estado de Nueva York, con un clima de menos de 20 grados, tormentas de nieve, no era fácil estar lejos de la familia; yo vengo de un hogar bastante tradicional cuencano, y el estar en otro lugar afectaba, y no me quedaba otra opción que ser la más fuerte y ver el lado positivo. Fue complejo estudiar y ser mamá, sobre todo con los estándares estadounidenses, que son muy exigentes. Lo que quiero compartir es que sí se puede y cualquier beneficio se vio multiplicado por tres. Que una mujer se vincule a temas políticos tiene su alta factura. Me costó mucho sobrellevar esta situación con criterios tan reduccionistas y donde los modelos machistas se mantienen. Me volví a casar hace cuatro años y mi pareja respeta mi rol de profesional y madre”. (O) et

“Hay que seguir luchando por la paridad de género”

Yilda Rivera, presidenta del Conagopare Nacional
”A veces, nuestro rol de mujer, madre y política, se vuelve una carga superpesada, más aún cuando criamos a nuestros hijos a la antigua, como en mi caso. Hay que supervisar a los hijos, hay que estar pendientes de la casa; entonces para mí sí fue un poquito duro, pero siempre lo supe manejar porque me he hecho tiempo y espacio para cada una de mis responsabilidades; esa es la manera en que trabajo. Y soy feliz porque, siendo una mujer de pueblo como se dice (es oriunda de la parroquia rural Tarifa, Samborondón), me he podido preparar académicamente. Nada es fácil en la vida.

He tenido que esforzarme porque a mí me criaron mis abuelos y no es fácil una educación con abuelitos, pues con sus limitados recursos yo tenía que viajar desde mi parroquia hasta Guayaquil para estudiar y convertirme en una profesional. Y lo logré; soy ingeniera comercial.

Luego me casé, tengo una niña que desde los 8 años se inició en la vida artística y hay que atender eso con cuidado. Como padres, la hemos apoyado en su carrera; para mí es un poco complicado porque después de mi trabajo tengo que acompañarla, porque ella siempre anda con sus padres, nunca anda sola o con mánager. Por ejemplo, salgo de una reunión de trabajo a las 6 de la tarde o 7 de la noche y de allí hay que llevarla a algún evento que termina tarde en la noche, y al otro día debo viajar a otra provincia, pero es satisfactorio.

Esta experiencia personal y política ha sido una montaña rusa de emociones; he sido testigo de diferentes situaciones en la ciudadanía, y el hecho de estar en la política me incluye en la vida de otras personas. Siempre quiero entregar lo mejor de mí, soy en la política como soy en mi casa, una mujer con dolores, alegrías, pero siempre estoy sonriendo.

Estoy muy orgullosa de ser mujer, mamá y de participar en política porque quién mejor que una mujer proactiva para luchar, para hacer de nuestro país lo que tiene que ser.

Quisiera que fuera justo e igualitario para todos, trato de cambiar la mentalidad de quienes me rodean y, sobre todo, que tengan claro que todo lo que he alcanzado hasta el momento me lo he ganado de buena manera, con esfuerzo.

La lucha por la paridad de género es constante; directores y gerentes de instituciones, por lo general, son varones y hay que seguir luchando por esa paridad en lo político, social o económico. A escala nacional somos 119 mujeres presidentas de juntas parroquiales, por elección popular, pero quiere decir que quienes están en los partidos políticos escogen a los hombres. Debemos seguir luchando por nuestros espacios”. (O)

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