Democracia, el principal valor de este Gobierno

- 24 de mayo de 2020 - 00:00
Cortesía Presidencia

Por ello el Primer Mandatario, mediante decreto ejecutivo emitido el 28 de diciembre de 2018, le asignó cuatro tareas a Otto Sonnenholzner.

La historia del siglo XX del Ecuador es una historia de inestabilidad política con golpes de Estado que han profundizado todas las crisis. El inicio del siglo XXI es una copia del pasado.

Se inauguró con el derrocamiento de Jamil Mahuad en un golpe de Estado perpetrado por militares y el movimiento indígena.

Lo curioso es que uno de los líderes de ese hecho político fue elegido presidente en 2003 y salió del poder (2005) también por un golpe de Estado, en el contexto de masivas movilizaciones de la población, en especial, en Quito.

En el 2007 Rafael Correa fue elegido presidente. Llegó con un importante respaldo de la sociedad. Su propuesta política recogía las aspiraciones de un país que estaba harto del comportamiento de los líderes políticos insensatos, mediocres y corruptos; que requería de estabilidad política para generar riqueza y mejorar sus condiciones de vida.

Entre 2007 y 2017 el Ecuador vivió un período sin caídas de presidentes ni golpes de Estado. Se podría decir que fue la estabilidad política que buscaban los ecuatorianos, cuando lo cierto es que el costo para la democracia fue muy alto.

Ecuador soportó diez años de autoritarismo, de despilfarro, de acoso a los líderes sociales y políticos, de persecución a la prensa y a los empresarios, de ruptura con las organizaciones sociales, de irrespeto a la independencia de las funciones del Estado, del control de todo el Estado como si se tratara de una propiedad privada que se administrara bajo las reglas del latifundio.

Rafael Correa fue un autócrata que frustró la posibilidad de que el Ecuador aprovechara la bonanza económica y lograra fortalecer la endeble democracia.

Este 24 de mayo de 2020 es preciso que el Ecuador mire hacia atrás para que alcance a valorar lo que tiene ahora. Si se trata de ser justos, el presidente Lenín Moreno ha tenido aciertos y errores.

Se le acusa de tomar algunas decisiones incomprensibles y otras tardías, sin embargo, no son suficientes para dudar de que se trata de un demócrata que sabe escuchar, que respeta las críticas y aceptas las derrotas, y que no se vanagloria de sus logros.

Lenín Moreno ocupó los primeros dos años de su gobierno en recuperar el sistema democrático: desmontó el aparato correísta y les devolvió a las funciones del Estado su capacidad de actuar de manera autónoma; la prensa es libre y las ideas fluyen independientemente de si le gustan al Gobierno o no.

La tutela a las instituciones por parte de un presidente, que fue capaz de dictar sentencias desde el micrófono en los insuperables sábados de soberbio narcisismo, se terminó.

Desde el primer día de gobierno nada ha sido fácil para Lenín Moreno. Recibió un país sobreendeudado y con las cuentas oscuras, ha soportado la obsesiva y delirante oposición del correísmo sin límites y sin ética.

También ha enfrentado una crisis inimaginable: la caída descomunal del precio del petróleo que llegó a costar -0,37 centavos de dólar el barril y una pandemia letal que nos ha significado dolor y sufrimiento.

A pesar de que el país no se ha paralizado, de que los mercados han estado abastecidos y de que el sistema de justicia continúa funcionando, entre otros ejemplos que muestran un país que resiste a la adversidad, los ecuatorianos de este tiempo nunca se pensaron encerrados, pasmados y temerosos del futuro. (O)

El populismo atenta contra la democracia

Gobernar en democracia no es fácil porque la democracia implica dialogar, ceder, escuchar, entender, tolerar y respetar Cuando Moreno pretendió ordenar la economía, se topó con la penosa realidad de que una parte del Ecuador se mostraba por enésima vez atrapado en la visión estalinista del estado, y que la forma de hacer política que tanto despreciaron los ecuatorianos, pocos años atrás, gozaba de buena salud.

En octubre de 2019, el Presidente cedió ante la esquizofrénica alianza de los líderes de la CONAIE con el correísmo, prefirió derogar el decreto que ponía fin a los subsidios de los combustibles, a cambio de evitar que la arremetida golpista y violenta incendiara las calles del país con pronóstico reservado.

 Fue una opción por la paz.

El COVID-19 lo ha cambiado todo en el mundo sin excepción y sin discusión. La crisis profunda de la economía, es posible que también sea la crisis profunda de la política y en el caso ecuatoriano la situación puede tornarse más crítica porque el 2020 es un año preelectoral.

Los objetivos del segundo semestre están entre adaptarse a la nueva normalidad y recuperar la economía, pero si hay un tiempo electoral de por medio, también hay un enorme riesgo de que otro populismo encandile los ojos de la sociedad y la democracia pague los platos rotos.

Entonces, nuevamente, lo avanzado en estos tres años se pone en peligro-.Actualmente, hay descontento y preocupación. Los ciudadanos lo expresan organizados o por lo medios comunes como son ahora las redes sociales.

El Gobierno lo respeta y busca opciones, quizás no las ideales pero sí las posibles. No obstante, el reto para un Ecuador que pretende -no regresar- al autoritarismo está en que las diferencias se resuelvan en democracia. (O)

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