"Ser guardacosta es servir a la comunidad, es hacer una familia"

- 07 de julio de 2019 - 00:00
Daniela Jimena Andrade Tamayo. Teniente de Fragata del Comando de Guardacostas de la Armada Nacional.
Foto: Miguel Castro / El Telégrafo

Una experiencia gratificante para ella fue llegar con ayuda -por mar- a Manabí, cinco días después de ocurrido el terremoto del 16 de abril de 2016. Forma parte del proyecto de Glofouling de la Organización Marítima Internacional.

Hace pocos días cumplió 28 años de edad. Es oriunda de Ambato, aunque por el trabajo de su padre, Édgar Andrade (sargento primero en servicio pasivo de la Infantería de Marina), siempre estuvieron cambiándose de ciudad. Se radicaron en Quito, Guayaquil y ahora en Durán.

Ella es la teniente de Fragata Daniela Andrade Tamayo, quien actualmente es oficial ingeniero de la lancha guardacosta Isla Española.

Su niñez se desarrolló viendo a su padre vestir uniforme, pero lo que la impulsó a formar parte de la Armada Nacional fue lo que vivió a los 10 años. “Vi a la primera mujer uniformada (Jaqueline Vásquez) y entonces pensé que yo también podía hacerlo”.

Pese a que no creció en su natal Ambato recuerda con alegría los momentos en que pasaba con sus abuelos que radican en Píllaro. Ellos, como agricultores, se levantaban muy temprano a cortar hierba para alimentar a los animales que tenían y a ordeñar las vacas. “Y yo andaba atrás de ellos”.

Su primaria y secundaria las hizo en el Liceo Naval de Quito y Guayaquil, respectivamente. Cuando decidió seguir la carrera militar, sus padres no estaban de acuerdo.

Su papá le remarcó que era una profesión sacrificada, que tenía que hacer mucho ejercicio y levantarse muy temprano, pero Daniela Andrade ya había tomado una decisión.

Tuvo que superar una prueba a la que ella le temía: lanzarse a una piscina desde una plataforma de diez metros de alto en la Base Naval Norte, en Guayaquil. Su padre estaba en la parte de abajo viendo si era capaz. Ella lo hizo y así venció su miedo.

Han pasado diez años desde que ingresó a la Escuela Superior Naval y cada día se convence más de que tomó el camino correcto.

En 2010 llamaron a los estudiantes a una especie de concurso, “a quienes habíamos tenido las primeras antigüedades; fui afortunada al ser elegida para realizar la Escuela Naval en los Estados Unidos”.

En junio de ese año salió de Ecuador con destino a New London, Connecticut, a la Escuela de Guardacostas de los EE.UU. Se graduó en mayo de 2014. “Me dieron el alta como Oficial de Marina para la Armada de Ecuador y también con el Bachelor’s degree de Ingeniería Mecánica”.

Retorna a Ecuador

Una vez graduada regresa al país, y en mayo de 2014 hizo su curso de perfeccionamiento. Luego fue transferida a la Capitanía de Machala. Posteriormente se desempeñó en la Dirección Nacional de Espacios Acuáticos (Dirnea), como ayudante de asesoría técnica marítima.

Allí tuvo la oportunidad de acudir a un foro de investigadores de accidentes marítimos. “Pudimos hacer una networking (red) con investigadores de otros países dentro de la región, que hasta el día de hoy sigue activa”.

Luego inició un curso de perfeccionamiento y después hizo el de especialización. En 2016 pasó a formar parte de la dotación de la lancha guardacosta Isla Fernandina. Allí se desempeñó como jefa del Departamento de Artillería y Maniobras. “Estaba encargada de la parte de Cubierta”.

En todo ese proceso sus padres y dos hermanas se convirtieron en un pilar fundamental, pues para entonces la apoyaban incondicionalmente.

La oficial menciona que lo que le da más satisfacción es cuando intervienen en el rescate de pescadores que se han perdido. “Es gratificante ver cómo son recibidos por sus familiares”. Recuerda que cuando ocurrió el terremoto, el 16 de abril de 2016, llegaron por mar -en la lancha guardacosta Fernandina- a donde no se podía llegar por tierra.

“Nos trasladamos a comunidades donde no había llegado nadie después de cinco días de ocurrido el evento. Los niños se subían a la lancha y agradecían, sonreían, se abrazaban. Ahí me di cuenta de que no me había equivocado en lo que elegí”.

En 2017 volvió a la Dirnea, al Departamento de Asesoría Técnica Marítima, donde se realizan las evaluaciones de los convenios internacionales, entre otras cosas. “Ahora mismo soy parte de un grupo de trabajo del Proyecto de Asociaciones Glofouling, de la Organización Marítima Internacional”.

El Glofouling -explica- está enfocado en la prevención, en la gestión, el manejo de bioincrustaciones en buques. “Cuando estos navegan alrededor del mundo, se les pegan especies en sus cascos y estas se convierten en invasoras en otros ecosistemas”.

Ser guardacosta

La joven hace una reflexión de lo que para ella significa ser guardacosta. “Uno escucha esta palabra y piensa que se va a navegar, coger droga, a capturar piratas, pero es mucho más que eso”.

Andrade destaca que ser guardacosta es encargarse de la parte técnico-marítimo, inspecciones estatutarias, verificar que todo esté en orden dentro de los buques antes de que salgan a navegar, “esto es gratificante”.

Además, se identifica con el servicio que prestan al prójimo. Reitera que “ser guardacosta es servir a la comunidad, es estar al frente de un grupo, es hacer una familia”.

Con el paso del tiempo espera liderar un grupo y también una embarcación más grande. (I)

En representación del país, la oficial participó en el Taller Inicial del Proyecto Glofouling, en Londres, en marzo de este año 2019En representación del país, la oficial participó en el Taller Inicial del Proyecto Glofouling, en Londres, en marzo de este año 2019. Foto: Cortesía.

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