Álvaro Noboa elogia a Obama: Su ideología de izquierda es parecida a la mía

- 18 de agosto de 2016 - 16:05
En su oficina, ubicada en Industrial Molinera (sur de Guayaquil), el empresario bananero explica las razones por las cuales quiere nuevamente entrar a la palestra política.
Foto: José Morán / El Telégrafo

El empresario convertido en político insiste en criticar el proyecto de Ley de Herencias. Para él, ser de izquierda no significa declararse comunista, sino “renovar, cambiar y mejorar”.

Está convencido de ser centroizquierdista y está dispuesto a unir a la oposición para enfrentar en las elecciones de 2017 “al candidato del continuismo”. De esta forma, el empresario guayaquileño Álvaro Noboa Pontón nuevamente busca un espacio en la política, empujando ahora a su movimiento Adelante Ecuatoriano Adelante.

El silencio político le duró cerca de 3 años, cuando desapareció su partido, el Prian, de los registros del Consejo Nacional Electoral. Solo en septiembre del año pasado tuvo una esporádica aparición al  protagonizar una marcha en Guayaquil contra el proyecto de Ley de Herencias.

Hijo del magnate bananero Luis Noboa Naranjo, de quien heredó parte de su fortuna, hace su reingreso político luego de que el 3 de agosto pasado, junto con decenas de seguidores, anunciara que el CNE le aprobó su nuevo movimiento. Y no descarta una eventual candidatura presidencial para 2017, la sexta en su trayectoria en caso de que así ocurra.

La tarde cae sobre Guayaquil. Son las 17:00 del martes 9 de agosto y la entrevista se concerta en su oficina, ubicada en el ala derecha del complejo de una de sus empresas, Industrial Molinera, en el sur de la ciudad, al pie del río Guayas.

La espera dura 10 minutos en la antesala: se percibe un olor a extrema pulcritud y la decoración es sobria, pero elegante. Tres cuadros cuelgan de las paredes; sobre una mesa de centro, de madera pulida y brillosa, reposa un bonsái; y en un esquinero de piedra tallada una lámpara ilumina sutilmente la portada enmarcada de un ejemplar de la revista La Verdad (editada por Global Express, de su propiedad) con su imagen y la leyenda: “Mi orgullo no está en mi riqueza, mi orgullo está en mi trabajo y en el amor que yo le tengo al Ecuador”. Nos invita a su oficina. Viste un terno oscuro, corbata amarilla y pañuelo del mismo color en la solapa, complementado con unos gemelos dorados en los puños de su camisa azul tenue. Luce gafas Ray-Ban, aunque tiene otro par en su escritorio.

Un distendido diálogo precede a la entrevista. Desde su oficina se observa el río y el puente peatonal que conduce a la isla Santay, construido por el Gobierno. “Mis trabajadores le llaman el puente Alvarito”, dice jocosamente.

Se acomoda en su sillón ejecutivo y revisa sin prisas los últimos documentos. Detrás suyo, en una pantalla led se lee, en inglés, breves informativos del acontecer mundial a la izquierda, y un gráfico del movimiento, minuto a minuto, de la bolsa de Nueva York, a la derecha.

Comienza con un análisis del país en los últimos 4 años. “Mientras tuvimos el chiflón del petróleo, con un precio de $ 150, era como vivir en Disneylandia porque llegaba plata sin mucho esfuerzo”, dice, ahora, asegura, el precio bajó y lo que le queda al Ecuador es producir.

A su criterio, los problemas del país son pobreza, desempleo, falta de vivienda y salud, corrupción y alza de precio, debido a los impuestos, lo “que hace que el sueldo mínimo no alcance ni para comer”.

Esboza su intención política: “la oposición tiene que dejar a un lado la vanidad y ponerse en una sola candidatura de renovación; el actual gobierno tendrá un candidato de continuismo, pero el opositor será uno solo”. Asegura que quiere ser quien una a esa oposición; “voy a tratar”, sostiene, e insiste en que en 1998 la izquierda votó por él y no por Jamil Mahuad. Tanta certeza tiene que espera que todos, izquierda, centro y derecha “se unan a mí, y estoy dispuesto a que si ellos no quieren que yo sea el candidato, sino otra persona, se los acepto”.

El diálogo tiene varios tópicos: la situación económica, el panorama electoral, los dueños de ciertos medios de comunicación, y marca distancias con el precandidato Guillermo Lasso, a quien lo considera su amigo, pero no comparte su ideología. Reitera su rechazo al proyecto de Ley de Herencias. Hasta se quita las gafas Ray-Ban, tratando de afianzar la mirada mientras insiste en que legará a sus hijos antes que “darle a un sabido”.

Elogia al mandatario Barack Obama, de quien afirma: “Admiro su sencillez; es humilde siendo un hombre importante; su ideología de izquierda es parecida a la mía”.

A su modo de ver, izquierda es renovar, cambiar y mejorar, no ser comunista; por eso “yo me considero de centroizquierda”.

El diálogo se extiende a casi una hora. Destaca su afición hacia la historia y el cine, aunque no especifica un acontecimiento ni una filmación en especial.

Salta una inquietud sobre el gráfico lineal en la pantalla led. “Es el movimiento de la bolsa de Nueva York”, explica. A la pregunta de ¿qué pasa cuando está en el pico más bajo?, responde, sin titubear: “¡Compro!”. Su risa es contagiosa.

Antes de la despedida entrega una edición de la revista La Verdad, y copias de sus calificaciones en la primaria y cuando se graduó en el colegio San José La Salle, donde obtuvo el puntaje de “10 sobresaliente”, como hace algunos años  afirmó en espacios televisivos contratados por televisión, respondiendo al presidente Correa. (I)

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