Tener una creencia religiosa, el nivel de estudios, padres afectivos, amigos, ser parte de un grupo, seguridad económica pueden influir en cómo se enfrentan los problemas, pero no son factores determinantes en la vida

Resiliencia, el secreto de los adultos mayores

- 07 de marzo de 2015 - 00:00
La alegría es parte de los seres humanos,sin embargo,al momento de enfrentar los problemas no todos los superan de la misma forma.Esa diferencia es vital en todas las edades porque determina la calidad de vida,en especial de las personas adultas mayores.

Tener una creencia religiosa, el nivel de estudios, padres afectivos, amigos, ser parte de un grupo, seguridad económica pueden influir en cómo se enfrentan los problemas, pero no son factores determinantes en la vida

Este artículo necesariamente debe iniciar con una pregunta para los lectores de todas las edades: ¿Frente a situaciones desfavorables, somos capaces de sobrellevarlas sin que afecten nuestra vida actual o nos sumimos en la desesperanza, la angustia y la depresión?

Las respuestas, sin duda, serán diferentes. Para unos, las situaciones adversas pueden ser una oportunidad para sacar provecho pudiendo -incluso- aprender de ellas. Otros, en cambio, no corren con la misma suerte y no logran sobreponerse. Esta actitud positiva frente a la vida es lo que muchos especialistas denominan resiliencia.

El psicólogo Michael Rutter es uno de los pioneros del estudio de la resiliencia, a la que define como “un fenómeno manifestado por personas que evolucionan favorablemente, habiendo sido víctimas de estrés que para la población general comprendería un riesgo serio con consecuencias graves”.  A la idea de resistencia a la destrucción añade otro componente: la capacidad de construir una vida significativa. “Ser resiliente no significa simplemente rebotar, sino crecer hacia algo nuevo”.

El término resiliencia es tomado del anglicismo resilience y resiliency (aunque algunos autores han puntualizado diferencias entre ellos) y tiene origen en el latín ‘resilio’, que significa volver atrás, volver de un salto, resaltar, rebotar. Originalmente pertenece al campo de la física y denota la capacidad de un material para recobrar su forma original después de haber sido sometido a altas presiones.

En el área de la psicología, el concepto de resiliencia emergió en las décadas del 60 y del 70 a partir de estudios realizados con niños que crecían y se desarrollaban en circunstancias adversas y de alto riesgo (extrema pobreza y/o padres esquizofrénicos) y, que a pesar de ello, mostraban un adecuado desarrollo psicológico.

Actualmente y a pesar de los matices que pueden encontrarse en las diferentes posturas de investigación, existe el consenso general de que la resiliencia “es un fenómeno o proceso que refleja una relativa adaptación positiva a pesar de los contextos de riesgo, adversidad significativa o trauma”.

Pero, ¿qué tiene que ver la resiliencia con los adultos mayores? Mucho, es de suma importancia. Llama la atención que la mayoría de personas de avanzada edad tiene gran satisfacción en diferentes aspectos de su vida a pesar de las dificultades en su salud, el funcionamiento físico, la disminución de las relaciones interpersonales, pérdida de seres queridos, soledad, roles, estatus social y en algunos casos crisis económicas.

Frente a estas dificultades, estudios demuestran que la mayoría de personas adultas mayores dan muestras de estados saludables, vitalidad, buen humor, entusiasmo en realizar diversas actividades, interés en seguir contribuyendo con su familia y la sociedad.

Hasta la actualidad no se ha determinado las causas que llevan a una persona a ser resiliente o no, se habla de factores que pueden predecir esta capacidad, por ejemplo, una creencia religiosa, el nivel de educación, haber tenido padres afectivos, amistades o ciertas ventajas económicas.

Aunque algunos de los factores pueden corresponder a la infancia, las personas adultas mayores también pueden poseer resiliencia. Los investigadores consideran que es parte de un envejecimiento exitoso porque promueve la salud y la percepción de bienestar.

Graciela Zarebski, doctora en psicología, explica que el proceso de envejecimiento puede representar una crisis para el ser humano que parte de una sociedad en la que los prejuicios hacia la edad avanzada están en boga. El que esta adversidad pueda verse como una fuente de aprendizaje y de retorno a un balance físico y emocional podrá depender de un estilo de vida resiliente, que evite que el envejecimiento sea concebido como una crisis insuperable.

Existe la impresión de que la resiliencia no es un atributo de la personalidad, más bien se considera como un conjunto de recursos y fortalezas que son capaces de potenciarla y proveerla cuando la situación lo requiera. Entre los componentes esenciales de la resiliencia destacan las estrategias de afrontamiento. Se ha observado que en la vejez puede dirigirse a ajustar o replantear los objetivos y lo que da sentido a la vida, así como a aceptar los cambios y sucesos que no se pueden controlar de manera directa.

Las emociones positivas son relevantes en el proceso de resiliencia y operan de manera especial en la vejez. Las investigaciones indican que los adultos mayores prestan más atención a los estímulos emocionalmente positivos que a los negativos. Este fenómeno contribuye a salvaguardar la salud mental y puede ser reforzado por la intervención de los profesionales.

Otras variables significativas son el concepto positivo de uno mismo, el sentido de autoeficacia, de control, el optimismo y el buen humor que, además, mantiene una perspectiva cognitiva flexible, lo que contribuye a la resolución de problemas de manera más tranquila y a tolerar mejor la adversidad.

La resiliencia no es una cualidad innata, no está impresa en nuestros genes, aunque sí puede haber una tendencia genética que puede predisponer a tener un “buen carácter”. Hay personas que son resilientes porque han tenido en sus padres o en alguien cercano un modelo de resiliencia a seguir, mientras que otras han encontrado el camino por sí solas. Esto nos indica que todos podemos ser resilientes, siempre y cuando cambiemos algunos de nuestros hábitos y creencias.

De hecho, las personas resilientes no nacen, se hacen, lo cual significa que han tenido que luchar contra situaciones adversas o que han probado varias veces el sabor del fracaso y no se han dado por vencidas. Al encontrarse al borde del abismo, han dado lo mejor de sí y han desarrollado las habilidades necesarias para enfrentar los diferentes retos de la vida.

Según la página El Prado, de especialistas españoles en psicología, para las personas resilientes no existe una vida dura, sino momentos difíciles. Y no se trata de una simple disquisición terminológica, sino de una manera diferente y más optimista de ver el mundo ya que son conscientes de que después de la tormenta llega la calma. De hecho, estas personas a menudo sorprenden por su buen humor y nos hacen preguntarnos cómo es posible que después de todo lo que han pasado puedan afrontar la vida con una sonrisa en los labios.

Existen actividades que pueden contribuir a la resiliencia, como practicar alguna actividad física. La caminata, por ejemplo, beneficia la salud emocional y eleva los niveles de bienestar. Los recursos sociales como el apoyo de la familia y amigos, así como los servicios de salud y asistencia comunitaria, de igual manera, son fundamentales para que los adultos mayores compensen pérdidas y recobren sus niveles de funcionalidad. Y, paralelamente, enfrenten mejor las adversidades.

RECURSOS QUE POTENCIAN LA RESILENCIA

La identidad positiva. Tiene que ver con que los mayores se reconozcan a sí mismos con una identidad positiva y ricamente construida, evaluándose positivamente y estableciendo en el presente diferentes niveles de funcionamiento.

Control personal. Este mecanismo interno juega un papel funcional en la adaptación exitosa ante las situaciones difíciles e incluso puede mediar la relación de otros recursos como la autoestima y la autoeficacia.

Sentido de autoeficacia. La autoeficacia es la creencia acerca de las propias capacidades para organizar y manejar las situaciones futuras.

Autoestima. La valoración que tenemos de nosotros mismos nos permite lograr altos niveles de bienestar a pesar de los eventos adversos.

Emociones positivas. Las reconocemos como estados de ánimo “que nos hacen sentir bien”. Entre las más citadas están la gratitud, el amor y el perdón, y pueden proporcionar a las personas experiencias subjetivas placenteras y sensaciones de paz.

Afrontamiento. Los individuos manejan los retos o las amenazas con un amplio repertorio de estrategias de afrontamiento que han acumulado durante su vida, les servirán para adaptarse a los problemas y situaciones estresantes.

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