Según datos del último censo de 2010, el 11% de los adultos mayores vive solo y por eso busca la protección y compañía en un asilo. el abandono es sancionado con prisión de uno hasta tres años

Asilados por su voluntad o por decisión de otros

10 de octubre de 2015 - 00:00
La corresponsabilidad de la familia en el cuidado de los adultos mayores es fundamental. Para el interno resulta incomprensible que aquellos por quienes dio tanto durante su vida, ahora lo abandonen cuando más los necesita. Foto: John Guevara.

Según datos del último censo de 2010, el 11% de los adultos mayores vive solo y por eso busca la protección y compañía en un asilo. el abandono es sancionado con prisión de uno hasta tres años

“Muñequita” no pasa de 1 metro y 50 centímetros de estatura. Su mundo se reduce a sus muñecas. A ellas las viste, peina una y otra vez el cabello; les habla, regaña, abraza, juega; entrega todo su amor. De su familia no recuerda nada.

María tiene puesta su mirada en el portón negro de entrada al asilo. Repite que espera la llegada de un hijo proveniente de España que trae un dinero para sacarla y continuar su vida en su casa. Así le ofrecieron y así pasa los días, esperando.

Manuel se reprocha y lamenta. Dice que crió y educó con sacrificio y amor a cuatro hijos que ahora son profesionales, “con buenos trabajos”. No comprende por qué para él la recompensa no llegó. Por más servicios que tenga el lugar donde está asilado, más le duele el olvido y la ingratitud de los más cercanos.

Tres vidas de personas adultas mayores internadas en un asilo ubicado en el norte de Quito. Dos de ellas en contra de su voluntad. Todos los días cuentan la misma historia real o porque alguna demencia empezó su tarea. A veces el silencio puede más, hasta que anochece.

Determinar cuántos adultos mayores permanecen internados en contra de su voluntad es una tarea compleja. Existen diferentes factores que deben considerarse: casos de pérdida de autonomía, demencia, maltrato, falta de aplicación de instrumentos legales, abuso de bienes, situación económica y, por supuesto, también irresponsabilidad de los familiares que no asumen el cuidado y deciden ellos asilarlos.

Dicen que “volverse viejo es volverse invisible” y en los casos de las personas adultas mayores sus derechos quedan en segundo plano. Si niños, mujeres, jóvenes o adultos estuvieran en la misma situación,  ya se habría actuado legalmente por tratarse de vulneración de derechos: de privación de libertad.

Los casos no son visibles por la falta de datos, incluso del número de adultos mayores asilados. Se estima que en Ecuador son menos del 3% de la población total de este grupo etario.

El Censo de Población y Vivienda realizado por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC) en 2010, determinó que en Ecuador hay 1’229.089 adultos mayores. La mayoría en la Sierra (596.429), seguido de la Costa (589.431). Las mujeres constituyen la mayor cantidad, 60 a 65 años.

El 11% de los adultos mayores vive solo y esta es otra de las razones por las que busca protección y compañía en un asilo. Los adultos mayores que viven acompañados, en su mayoría está con sus hijos (49%), con sus nietos (16%) y esposo o compañero (15%).

A pesar de que el 81% de las personas adultas mayores manifiestan estar satisfechas con su vida, el 28% menciona sentirse desamparado; el 38% siente a veces que su vida está vacía y el 46% piensa que algo malo le puede suceder.

La satisfacción en la vida en el adulto mayor ecuatoriano se incrementa considerablemente cuando vive en compañía de alguien (satisfechos con la vida que viven solos: 73%, satisfechos con la vida que viven acompañados: 83%).

Son varias las circunstancias para que suceda el abandono. Entre ellas que la persona adulta mayor ya no posea una vida laboral útil y comience a generar gastos en la familia. Igual, la falta de una persona que asuma su cuidado y los gastos que esta labor demanda. Estas situaciones provocan tensión y trasforman el trato de sus hijas e hijos, amistades y parientes cercanos.

“Al sufrir una fractura en la relación con las personas más cercanas, el adulto mayor tenderá a replegarse o desplazarse a un rincón de la casa. Reduciendo aún más su núcleo social y la interacción con los demás, provocando cuadros depresivos y aislamiento”, dice Pilar Maguey, mexicana especialista en salud.

Otro caso frecuente ocurre cuando la familia se apodera de los bienes materiales de la o el adulto mayor, aprovechando su fragilidad, falta de memoria o dependencia. El abandono cobra sentido cuando al dueño original se le ignora, o se le agrede (física o verbalmente).

En los dos casos, los asilos o albergues son los espacios que la familia decide “como lo mejor” para los adultos mayores, a pesar de que sea en contra de su voluntad.

La nueva Constitución aprobada en 2008 garantiza los derechos de las personas adultas mayores. Sanciona, por ejemplo, en el artículo 38, último inciso, “el abandono de las personas adultas mayores por parte de sus familiares o las instituciones establecidas para su protección.” Igual los artículos 22, 23 y 11 de la Codificación de la Ley del Anciano (2006). Las sanciones son amonestaciones, multas, suspensión de permisos de operación y destituciones de funcionarios. El Código Orgánico Integral Penal (COIP-2014) establece prisión de uno a tres años por abandono de los adultos mayores. (I)

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