Luisa forjó su carácter fajándose en las calles

- 09 de junio de 2018 - 00:00
La ecuatoriana Luisa Valverde muestra la medalla de oro que ganó en la división de los 53 kilogramos de lucha, estilo libre, en los Juegos Suramericanos de Cochabamba.
Foto: Luis Cheme

La luchadora de Babahoyo dejó de recoger desperdicios para cerdos para dedicarse al deporte. Tuvo que pelear con las personas que se burlaban de su actividad.

Luisa Valverde pedaleaba todas las noches un viejo triciclo por las principales calles de Babahoyo. Iba de casa en casa recolectando desperdicios de comida para los cerdos que criaba su familia en el patio de su casa en el populoso barrio 1 de Diciembre, uno de los más pobres de la capital de la provincia de Los Ríos, al que en invierno había que entrar en canoa por las constantes inundaciones.

La crianza y venta de dichos animales era el sustento de sus padres y el de sus tres hermanos. Esa era su rutina  todos los días después de recibir clases en el colegio.

Durante su recorrido, Luisa pasaba por el coliseo de la Federación Deportiva Provincial. Justo frente a ese escenario había una señora que le regalaba restos de comida. Un día de 2006, mientras acomodaba los baldes y las ollas que llevaba en el triciclo, escuchó gritos y arengas dentro del centro deportivo.

Invadida por la curiosidad se parqueó al pie de la entrada principal, se bajó y asomó la cabeza. Lo que vio le llamó la atención: había dos jóvenes que tenían sus torsos inclinados el uno frente al otro, agarrados de las manos y con sus orejas rozándose la una con la otra. Junto a ellos estaba un entrenador que les daba indicaciones y los arengaba. Ella vio un entrenamiento de lucha.

Luisa hizo lo mismo en los siguientes días. Esperaba con ansias pasar por el lugar en su triciclo para quedarse viendo los entrenamientos. Pero un día, ese entrenador que gritaba y daba indicaciones a los luchadores se le acercó y la invitó a entrenar. Pero a Luisa solo le gustaba ver. La lucha no le llamaba la atención, solo le entretenían las peleas que protagonizaba en la calle con otras jóvenes que se burlaban de ella por el simple hecho de recolectar comida para cerdos.

Pero la historia cambió cuando una exhibición de lucha llegó al colegio Clemente Baquerizo, donde ella estudiaba. Diana Piza, una de sus compañeras de aula que practicaba este deporte y que ya había obtenido resultados a escala provincial, fue quien terminó convenciéndola para que se uniera a las prácticas.

Lo que empezó por curiosidad se convirtió en su estilo de vida, que la llevó a la consagración. Luisa se colgó la medalla de oro en lucha estilo libre, división 53 kilogramos, el miércoles pasado, en los Juegos Suramericanos Cochabamba 2018. Su triunfo no solo sirvió para llenar de alegría al país, sino también para igualar la segunda mejor participación de Ecuador en la historia de este evento del Ciclo Olímpico.

En 2002, en los VII Juegos Suramericanos de Brasil, con sedes en Río de Janeiro, Sao Paulo, Coritiba y Belem, Ecuador se ubicó en la quinta posición del medallero con 23 preseas doradas en total.

Cambio de prioridades
Los entrenamientos fueron cambiando las prioridades de Luisa. Poco a poco dejó su viejo triciclo y sus primas la relevaron en la recolección de la comida para los cerdos. Después del colegio ya no tenía que pedalear sino fortalecer sus brazos subiendo una soga y ganar velocidad en sus movimientos sobre el tapiz.

Pero de alguna manera debía ayudar a sus padres y sus hermanos. Antes de ir al colegio, por las mañanas, trabajaba en el mercado 24 de Mayo de Babahoyo pelando cebollas, lavando papas y tomates en el local de una vecina. Allí pasaba en las mañanas, por la tarde iba al colegio y por la noche a los entrenamientos. Su mamá es enfermera auxiliar y su papá se gana la vida como albañil. En la casa todos trabajaban.

“Muchas veces me quedé dormida en el colegio. Fue una época extenuante en mi vida, pero la supe sobrellevar”, le contó a  diario EL TELÉGRAFO, sentada en las gradas del coliseo José Villazón, de Cochabamba.

Hasta ese momento la lucha no terminaba de convencerla, pese a que para engancharla le habían contado que como deportista viajaría a otros países y conocería a otros atletas de élite.

Pero fue su primera medalla la que la sedujo definitivamente. Esa presea la ganó en el Campeonato Panamericano de Cadetes de Panamá, en 2007. Eso ocurrió un año después de empezar a entrenar con regularidad.

Disputó la pelea final con una luchadora de Canadá, pero cayó derrotada y tuvo que conformarse con la distinción de plata.

De ahí en adelante empezó a acumular triunfos. En su palmarés constan tres campeonatos panamericanos juveniles consecutivos (2008, 2009 y 2010). Pero su victoria más representativa fue la medalla de bronce mundial que se adjudicó en 2011, en Rumania. Ese es el logro más significativo que un deportista de Los Ríos ha logrado hasta ahora, pero pocas personas conocen de la existencia de aquel triunfo.

Fue cuestión de tiempo para que los entrenadores de la selección nacional absoluta de lucha se fijaran en ella. Después de ganar esa medalla mundial se la llevaron a entrenar a Guayaquil y como la Federación Provincial de Los Ríos poco o nada hacía para apoyarla, decidió federarse por Guayas.

De ahí vino el título de campeona panamericana sénior. Tiene a su haber participaciones en Juegos Panamericanos, Bolivarianos y Suramericanos, pero aún le faltan los Juegos Olímpicos. Y es allá hacia donde apunta.

Su meta a largo plazo es clasificarse a Tokio 2020. Su cupo deberá pelearlo en los Juegos Panamericanos de Lima 2019, a donde se clasificó directamente gracias a la medalla de oro conseguida en Cochabamba.

Disputa su tercer Ciclo Olímpico y espera concretar ese anhelo. Y va por buen camino. Ganó la medalla de bronce en los Juegos Bolivarianos de Santa Marta, en 2017, y el oro en los Suramericanos de Cochabamba.

Dice que tiene carácter para conseguir ese anhelo y que lo forjó fajándose en la calle con quienes se burlaban.

Además, gracias a la lucha, Luisa encontró el amor. Tiene nueve años de noviazgo con Mauricio Sánchez, quien se colgó la medalla de bronce suramericana en los 74 kilogramos. (I)

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