Karla Jaramillo, la revancha de una madre

- 19 de julio de 2019 - 16:15
Facebook Giovan Delgado

La marchista ecuatoriana estuvo cerca de abandonar el deporte por un embarazo. Para mantener a su hijo casi trabaja en un taxi. Su pequeño Omaet se convirtió en el motor para llegar a Tokio 2020.

Hablar de Karla Jaramillo es hablar de una madre. Es referirse a una soñadora. Es ejemplificar que el esfuerzo tiene sus frutos. Es una historia de revancha.

A sus 22 años, el cupo que obtuvo para participar en los 20 km marcha de los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 no fue cosa fácil. Jaramillo estuvo cerca de abandonar el deporte por un embarazo. Cumplir nuevas responsabilidades como madre parecía un obstáculo para continuar con su carrera en las pistas.

Su hijo, de año y medio de nacido, se convirtió en el motor de su vida. Se llama Omaet, que escrito al revés significa “te amo”. Hoy es su mejor medalla.

La atleta ecuatoriana vive junto a su madre, Teresa Navarrete; sus hermanos menores Juan David (13) y Teresa (9); su padre, quien a veces visita a la familia; y el pequeño Omaet; en una vivienda de una sola planta, en el sector de San Francisco del Tejar Alto, a 25 minutos de Ibarra.

Entrena a doble jornada, 07:00 y 16:00. Para llegar a la cancha del Colegio Nacional Ibarra debe caminar más de 10 minutos hasta la parada de bus. En total se demora una hora de viaje, todos los días.

Madruga a las 5 de la mañana, su hijo siempre se despierta al mismo tiempo con ella y la sigue a todo lado. A la hora de irse, Karla debe utilizar engaños para que el menor no la extrañe.

Las despedidas son difíciles. Especialmente en los viajes al exterior por las competencias de marcha en las que participa. “Siempre me voy llorando. Me autodigo ‘Karla no te desgastes porque es un trabajo. Lo estás haciendo por él’”, cuenta.

La casa en la que viven es de dos cuartos; sala, comedor y cocina unidos. La sala funge de cuarto para Karla y Omaet. Ella duerme en una cama grande que ocupa el lugar donde estarían los muebles y el bebé encima, en una hamaca colgada al techo.

La cabeza de hogar, Teresa Navarrete, huye de las cámaras. No quiere saber nada que implique fotografiarla o grabarla en video. Prefiere no aparecer. Lo que sí le gusta es hablar de su hija  y recordar los momentos de superación que atravesó Karla.

Enterarse del embarazo de su hija no le hizo rechazarla, al contrario, Teresa la recibió en su hogar. Cuando la joven iba a dar a luz, la mujer le pidió que no se fuera y se comprometió a ayudar en la crianza de su nieto. “Yo te voy a enseñar a ser la mejor mamá del mundo”, le dijo.

“Tener al bebé le forjó humildad, volvió a ser humana”, reflexiona Teresa. También recuerda que su hija casi cae en coma durante el parto. “Si pasó eso, ya es una ganadora”, puntualiza.

Jaramillo es una deportista de élite que no baja los brazos. Sabe que su condición de madre no es un condicionante, sino un impulso. Tener un hijo pudo obligarla a retirarse del deporte, pero no dejó que sus sueños se derrumbaran. “Si yo no tuviera a mi hijo no luchara lo mismo que ahora estoy luchando”, finaliza la joven.

Jaramillo estuvo cerca de trabajar como taxista para mantener a su hijo. En la actualidad está por iniciar la carrera de Derecho en línea y actuará en los 20 km marcha de los Juegos Panamericanos de Lima 2019. (D)

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