Glenda Morejón conmocionó Tababela antes de regresar a Ibarra

- 10 de mayo de 2018 - 08:15
María del Carmen Quiñónez (i), madre de la deportista, observa el abrazo de sus hijas, Glenda y María Belén, en el aeropuerto de Quito.
Foto: Alvaro Pérez / EL TELÉGRAFO

La principal preocupación de la adolescente tras colgarse dos medallas de plata en el Mundial de Marcha por Equipos Taicang 2018 es nivelarse en las clases del colegio. El 14 de julio competirá en el certamen U-20 de Atletismo.

“¡Ya viene, ya viene!”, dice entusiasmado don Luis, padre de la marchista Glenda Morejón, mientras estira el cuello para ganar visibilidad. Como si se alistaran para un fusilamiento, camarógrafos y fotógrafos apuntan hacia la puerta. En breves instantes aparece la vicecampeona del mundo. ¡Click! ¡click! ¡click!... llueven las fotos.

María del Carmen Quiñónez, don Luis y los hermanos de la atleta se acercan para abrazarla; la ministra del Deporte, Andrea Sotomayor, le entrega un ramo de flores y se suma a la bienvenida.

Los pasajeros que entran y salen del aeropuerto Mariscal Sucre de Tababela se detienen un instante para tratar de identificar al ilustre personaje que provoca tanto revuelo en la terminal aérea.

“¡Ah!, es la marchista; ha sido chiquita”, dice uno de los viajeros que pasa por el sitio.

Alguien que la identifica de inmediato es Millan Ludeña, quien acaba de llegar desde Guayaquil. Este hombre de desafíos extremos, como correr una media maratón desde el interior de la mina de oro más profunda de la Tierra, ubicada en Sudáfrica a 4.000 metros desde la superficie, se confiesa admirador de Morejón.

En seguida, la andarina ecuatoriana y su entrenador, Giovan Delgado, pasan a una mesa y dan comienzo a la rueda de prensa instalada por el Ministerio del Deporte.

Al responder una de las preguntas, Andrea Sotomayor expresa que se analiza la posibilidad de recategorizar a la joven en el Plan de Alto Rendimiento Ecuador (PARE); la decisión se apegará al estudio que realice este lunes el Comité Ejecutivo del Alto Rendimiento que se reúne a las 09:00 en Guayaquil.

Lo más probable es que la solicitud proceda, no solo con la ibarreña sino con los otros seis andarines que sugirió la Federación Ecuatoriana de Atletismo (FEA), tres para entrar al PARE y los demás, como Glenda, para la recategorización.

Por ahora la atleta imbabureña figura en la categoría reserva, que le otorga una ayuda mensual de $ 579, entre otros beneficios.

El siguiente en intervenir en la rueda de prensa es el entrenador Giovan Delgado, quien agradece al ministerio y la FEA por permitirle viajar con su alumna, aspiración que por fin pudo cumplir. 

Pide a la prensa, a la ciudadanía en general, no presionar demasiado a la exponente en cuanto a ganar preseas; recuerda que es una adolescente en desarrollo, a quien es mejor mantener motivada.

“No queremos una medallista mediática, sino una medallista a futuro. Si la quemamos corremos el riesgo de que en tres o cuatro años nadie se acuerde de ella si no gana nada”, dice el adiestrador.

Su experiencia
Glenda toma la palabra. Su madre, María del Carmen Quiñónez, la observa; sonríe al ver el reconocimiento que a base de esfuerzo ha logrado su hija. Pero también está preocupada, la atleta denota cansancio.

La movilización desde China a Holanda y después a Ecuador, con paso por Quito, después a Guayaquil y de vuelta a Quito, agotarían a cualquiera. Le faltan todavía casi dos horas de viaje hasta Ibarra, por vía terrestre.

“Fue una experiencia bonita, mis primeros 10 kilómetros en un mundial, esperábamos ubicarnos entre las cinco primeras, pero hubo las condiciones para pelear por una medalla. Al final se me escapó la chica de México, pero dentro de poco hay otro mundial e iré con todo”, asegura la deportista.

Se refiere al campeonato global sub-20 que se realizará del 10 al 15 de julio en Tampere, Finlandia. Su preocupación inmediata es nivelarse en las materias y tareas del tercer año de bachillerato del colegio Víctor Manuel Guzmán. Su preparación la alejó un mes de las clases. No quiere ni imaginar todo el trabajo que se le viene, por este motivo, para recuperar fuerzas a través de un descanso activo, pidió a sus progenitores no aceptar actos de recibimiento, homenajes ni entrevistas largas.

“Es que cuando ganó la medalla de oro el año pasado (en los 5.000 metros del Mundial Sub-18 de Nairobi) estuvo todo un mes atendiendo homenajes y entrevistas. Y quedó más cansada de lo que llegó”, revela doña María del Carmen, minutos antes de ver a Glenda en el arribo nacional de la terminal aérea.

Andrea Sotomayor contesta otra inquietud; asegura que los entrenadores que se trasladaron a China, como Giovan Delgado y Javier Cayambe, quienes no laboran para la FEA, continuarán como parte de las delegaciones de competencia, pues su trabajo es parte de la planificación del alto rendimiento.

Una vez terminada la rueda de prensa, Glenda es abordada por varios comunicadores, los atiende pocos minutos; su madre la toma de la mano y pide con amabilidad que la dejen ir. Deben viajar a Ibarra.

Doña María, don Luis y los hermanos de Glenda: Luis Jr. (29 años), Katherine (28) y María Belén (11 años) forman una especie de escolta; su ser amado es un tesoro al que deben proteger. (I)

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