Erwin Ramírez superó la adicción a las drogas y al alcohol

- 30 de julio de 2018 - 00:00
Erwin Ramírez, exfutbolista y seleccionado de Ecuador.
Foto: William Orellana / El Telégrafo

El exarquero de la selección nacional ingresó en 1998 a una clínica de rehabilitación. Desde 1991 consumía base de cocaína. Actualmente es preparador de arqueros del FC Insutec, club de la segunda categoría.

Erwin Ramírez Castro salió del anonimato en 1991 luego de que Dusan Draskovic lo llamó para la selección que disputó la Copa América. Veintisiete años después cuenta su verdad sobre ese torneo y su vida en el fútbol.

La entrevista se realiza en una de las salas de la Unidad Educativa Insutec, ubicada en la vía Quevedo-Valencia. En ese lugar también trabaja el FC Insutec, donde colabora de preparador de arqueros.

Está ansioso por revelar detalles no tan conocidos. Su voz es pausada, pero fuerte. Su rostro pasa fácilmente de la felicidad a la tristeza. Y mientras conversa se tiene que parar varias veces para saludar a maestros y directivos de la Unidad Educativa.

¿Siempre fue arquero?
No. Yo primero fui volante “8”. Y en una ocasión no llegó el arquero, cuando nos fuimos a jugar a Pichilingue (vía El Empalme). El “profe” me dice: “Ya pues, tapa”. Yo tenía unos 12 años. Como tapé bien, entonces el profesor me dijo: “Tú eres arquero”. Y ya desde ahí me dediqué solo al arco, hasta que jugamos el Interbarrial. Mi referente en esa época era Milton Rodríguez.

¿Cómo se dio el paso al profesionalismo?
El profesor Antonio Chacha, que nos sacó a mí y a Robert Burbano del equipo Ciudad de Quevedo, hizo un convenio con el Deportivo Quevedo, cediéndonos. Yo debuté con 16 años en la primera A.

¿Y cómo fue ese debut?
Recuerdo que me metieron cinco goles, fue en 1987. Jugamos en el Olímpico Atahualpa ante El Nacional. Perdimos 5-2. Ermen Benítez, la “Fiera” Baldeón y Fabián Paz y Miño, me hicieron los goles. Yo entrenaba bien, estaba bien, y como había que cumplir la norma del juvenil, tapé.

¿De qué forma se dio su llegada a la selección?
Bueno, yo a la selección realmente llegué en 1986, estuve en todas las categorías. Fuimos al Sudamericano de Lima con la sub-16 y luego vino el Mundial sub-17 en Canadá, en ese campeonato yo tenía que pelear puesto con Helmut Moeller de Barcelona.

¿Cómo fue esa experiencia con la sub-17 en el Mundial?
Recuerdo que tuve un inconveniente en el avión a Canadá. Tuvimos 15 días en Nueva York concentrados. Allá me hago alisar el pelo y ya viajando en el avión, atrás mío iba sentado Nelson Toral que me molestaba jalándome el pelo. Entonces yo le digo que no me moleste, pero tranquilo. Cuando llegó la hora de la comida -en ese tiempo los utensilios eran de metal- él nuevamente me quiere agarrar el cabello y yo con el cuchillo quiero asustarlo y le fui rajando el brazo. Llegando a nuestra sede en Canadá (directivos) se reunieron y decidieron que me iban a regresar, pero ahí habló el capitán, José Macías, y me quedé. Luego de eso ya nadie me molestó.

¿Cómo se da el paso a la selección mayor?
Como te decía, yo tengo todos los procesos de la selección. Entonces cuando Dusan (Draskovic) llegó, yo ya estaba en el Green Cross. En 1990 me llama, pero para el Sudamericano sub-20 de Venezuela. Recuerdo que recorrió todas las provincias para ver a los jugadores, así sacó a Iván Hurtado, Máximo Tenorio, Edwin Tenorio, Ángel Fernández, y así a bastantes. Hizo algo que nadie lo iba a hacer y por eso es que hay un antes y un después de Dusan en el fútbol ecuatoriano.

¿Qué veía Dusan en los jugadores para considerarlos?
Él tomaba unas pruebas y se basaba en los resultados. Eran 20-40 metros de velocidad, hacía salto sin impulso, flexibilidad. Además de sus mediciones, por mi contextura, él decía que yo tenía muy buena potencia. Atribuyo eso a que desde pequeño me gustó el ecuavóley.

¿Cuando lo llamaron a la selección mayor era el mejor?
Había más arqueros. Pero para el Sudamericano sub-20 Dusan nos dice: “El arquero titular de esta selección será el tercer arquero de la selección que irá a la Copa América”.

Yo fui como tercer arquero de la selección de mayores, ya que tapé todos los partidos de la sub-20, incluso fui el mejor arquero de ese Sudamericano.

Los arqueros que convocó para esa Copa fueron Víctor Mendoza, Carlos Enríquez y yo. Con eso sabía que no iba a viajar, pero que iba a participar en los procesos de entrenamiento, Mendoza era el titular en los amistosos. Recuerdo un partido entre Barcelona y Deportivo Cuenca, a Mendoza le rompieron el pómulo y, como ya estábamos inscritos, me tocó ir a mí.

¿Quién lo entrenaba en la selección de mayores?
Dusan mismo. No había preparador de arqueros.

¿Qué pasó en el debut ante Colombia, en el gol de De Ávila?
Los nervios. Estos días estaba viendo el partido en internet con mis hijos y veo que estaba tapando bien. Pero en un centro de (Carlos Enrique) la “Gambeta” Estrada, voy a ver el balón y me rebota en el pecho y como el “Pipa” de Ávila es chiquito, se mete y marca el gol. He visto ese gol millón veces. Me desmoralicé feo, pero los muchachos me animaron.

¿En esa Copa tuvo un problema con Álex Aguinaga?
Sí, fue en el segundo partido, contra Uruguay, donde empatamos 1-1. Yo cometo una falta que termina en el penal para Uruguay -cuando íbamos ganando- y Álex Aguinaga se me acerca y me reclamó fuerte, me dijo: “Ya pues (...), hasta cuándo”. Byron Tenorio tuvo que agarrarlo para que ya no me reclame.

¿Y después pasó algo con Aguinaga?
Nada, eso fue la calentura del partido, de ahí me llevo bien con él y todos.

Ecuador tenía un equipazo, pero se quedaron en la fase de grupos, ¿cómo fue la reacción en Ecuador luego de esa Copa?
Todo el país estuvo en contra mío. Me dolió bastante, pero igual yo seguí y tuve éxitos en el Green Cross.

¿Sufrió discriminación?
Claro. Yo con 19 años tuve que soportar todo. Me decían de todo en la calle, pero nunca intentaron agredirme. Pude superar todo eso.

En 1992 Dusan arma la selección sub-23 para el Preolímpico y usted estaba en el proceso, ¿por qué no fue al torneo?
Yo era titular de esa selección. Estábamos concentrados y entrenábamos en Fedenador. Y un viernes, Vidal Pachito me dice: “Vámonos a la casa”. Como yo tenía a mi mujer en Urdenor nos salimos a escondidas, él se fue para el sur y yo para el norte, también estaba el “Oso” Maldonado. Regresamos a las 06:00 del día siguiente y cuando llegamos lo vemos a Dusan esperándonos. Después hacen una reunión, llegaron los memorandos y nos sacaron de la selección.

¿Qué significa Dusan?
La persona que me abrió las puertas y me dio la oportunidad de ser lo que fui. Siempre lo llamo. Incluso estuvo aquí recorriendo Insutec.

¿Qué cree que Dusan encontró en usted?
Las condiciones. Recuerdo que él me dijo que yo no tenía que estar jugando en Ecuador sino en Europa. Él valora mucho las pruebas físicas.

¿De dónde se inspiraba para salir jugando con los pies y cobrar penales?
Imité mucho a René Higuita, él fue mi referente. Yo sabía jugar con los pies.

¿Qué le faltó para salir del país?
Yo tuve una oportunidad en 1991. Después de la Copa América, el ingeniero Jaime Estrada (presidente del Green Cross) no me quiso vender al Everton de Chile. Después no sé si tuve más propuestas, quizás sí y se quedaron en la dirigencia.

Y nunca más regresó a la selección de mayores...
No. Solo fui a una sub-20.

¿Cómo llegó a Barcelona?
Me pidió el profesor Jorge Habegger, que era un excelente técnico, pero muy exigente. Incluso no tenía preparador físico, él mismo nos trabajaba. Cuando nos fuimos a la pretemporada a Punta Carnero, él corría con nosotros. Era demasiado estricto. Pero imagínese las condiciones que tenía para ser llamado a Barcelona. Y eso que estaban Geovanny Salinas, Carlos Luis Morales, Víctor Mendoza y José Francisco Cevallos; éramos cinco. Sin embargo, yo tapé la Copa Libertadores. Me contrataron seis meses, solo para la Copa.

Se dio el lujo de estar en los dos equipos del Astillero
Al terminar mi contrato con Barcelona regresé a Manta, pero por las mismas me llaman de Emelec. Nassib Neme me lleva y el DT era Salvador Capitano. Éramos tres arqueros: Emilio Valencia, Álex Cevallos y yo. Tapamos los tres el campeonato.

¿Cómo fue la experiencia de trabajar con Capitano?
Él vino con un sistema nuevo. Puso una línea de tres y hacíamos una curva para salir jugando desde abajo. Con él ganamos todo en el país y quedamos campeones.

¿De qué equipo es hincha?
De Emelec, ese es mi equipo. Incluso ya Nassib (Neme) me dio la tarjeta para ingresar gratis al estadio Capwell.

Luego de su paso por Deportivo Quito (1994) regresó al Green Cross y en 1995 hizo un buen campeonato, ¿qué recuerda?
Sí, hicimos un gran torneo y casi quedamos campeones. Teníamos un equipazo, estábamos dirigidos por Carlos Sevilla. Fui titular. Hasta ese año éramos el mejor equipo de Manabí. Mi mejor momento de toda mi carrera fue con Green Cross en 1995.

Con experiencia en varios equipos fue contratado por Liga de Quito, ¿cómo y cuándo se dio su llegada?
En 2002, Miller Salazar, de Macará, donde yo jugaba, nos vendió a mí y a Patricio Urrutia a Liga de Quito. Ahí me tocó disputar la titularidad con Jacinto Espinoza.

¿Fue difícil tapar teniendo a Espinoza de compañero?
Por supuesto. Yo le decía: “‘Chinto’, ya pues, dame chance... y nada”. Incluso en dos oportunidades él tuvo graves problemas físicos. Primero en una práctica, en Perú, se desgarró parte de un dedo cuando su anillo se quedó agarrado en el arco, pero el médico lo recuperó y tapó. Era un partido de Libertadores ante Alianza Lima. En otra ocasión le pusieron mal una inyección y tenía el glúteo infectado, casi podrido, pero igual tapó. No me dio chance porque sabía que perdería la titularidad.

¿Y por qué salió de Liga?
En 2005 yo hablé con don Rodrigo (Paz) y le dije que yo ya estaba en mis últimos años y que quería terminar tapando, que me deje salir.

¿Qué decepciones o dificultades tuvo en su época de jugador?
Yo tuve mi problema de alcohol y drogas, caí. Desde cuando estaba en la selección me gastaba el dinero en eso.

¿En la Copa América de 1991 ya consumía?
Claro, yo ya consumía. Y estuve hasta 1998 en drogas.

¿Y cómo hacía con las pruebas antidopaje?
Eso es lo raro, porque me hicieron algunas veces las pruebas. Nunca me salió nada. Para mí que no mandaban las muestras a los laboratorios.

¿Por qué cree que entró a ese mundo y cuándo comenzó?
Dusan me explicaba que la culpa no era mía, sino del entorno en el que crecí. Que no tuve una persona que me guiara. Comencé cuando ya jugaba y ganaba dinero. Mi perdición grande fue en Manta, ahí fue lo más duro.

¿Qué consumía?
Cocaína. Base de cocaína.

¿Cómo logró salir de esa adicción?
Se reunieron Byron Tenorio, Dragan (Miranovic) y don Rodrigo (Paz). Hicieron una colecta y pagaron un centro de rehabilitación, eso fue en 1998, ese año no jugué porque además me operaron de los ligamentos cruzados. Estuve seis meses en la clínica, más mi recuperación de la operación; fue un año sin jugar.

¿Cómo fue la experiencia en el centro de rehabilitación? ¿Lo llevaron a la fuerza?
Fue aquí en Quevedo. Recuerdo que el director Jorge Manzano me invitó a almorzar a la clínica y me dijo: “Si te gusta, te quedas; y si no, te vas a tu casa”.  Pero él ya estaba bajo aviso, e intentó que sea bajo mi voluntad y no la típica captura. Entonces, luego de comer, le dije que sí quería quedarme, solo que me dejara ir a ver la ropa a la casa. Estuve seis meses.

¿Qué tanto le afectó la adicción?
Había perdido a mi primer compromiso, mi hogar. El dinero que ganaba como futbolista no lo veía porque lo gastaba en el vicio. Pero era luego de los partidos, nunca en la semana. Eran grandes fiestas, con todos los juguetes.

¿Tras superar este problema cómo fue su regreso al fútbol?
El profesor Carlos Sevilla me llamó. Él fue importante en mi vida también. Sabía de mi problema y me localizó en la clínica. Me dijo que apenas me recupere vaya a Ambato para jugar en Macará. Me puso condiciones, como llevar a mi familia. Logré entender que la drogadicción es una enfermedad progresiva, incurable y mortal.

¿Por qué se retiró a los 38?
Porque ya me me sentía cansado. Quizás porque empecé muy temprano. Hablé con mis hijos y les dije que me iba a retirar, y ellos me apoyaron. Luego hice una despedida aquí en Quevedo.

¿Qué pasó al siguiente día?
Eso fue durísimo. Cuando me levanté y me quedé en la casa. Fue difícil saber que ya no iba a entrenar ni concentrar. Me costó un buen tiempo asimilarlo.

¿Cuál fue el mejor arquero con el que disputó titularidad?
Con Héctor Lautaro Chiriboga en Macará. Era un loco. Cuando yo me iba a jugar ecuavóley él iba a contarlo para que me llamen la atención. Nos llevamos bien. No me gané enemigos.

¿Qué jugador lo dejó sorprendido por su juego?
Marco Antonio Etcheverry, de Bolivia. Él nos ganó el Sudamericano en Perú. Una viveza de él en un tiro libre generó que perdamos el torneo.

¿Su peor error como arquero?
El que cometí ante Colombia en la Copa América de 1991.

¿Cuál fue su mejor atajada?
En el ascenso de 1991 entre Green Cross y Liga de Portoviejo en el estadio Reales Tamarindos. Le tapé un penal con la cara a Rodney de Oliveira. Salí del estadio a las tres de la mañana porque los hinchas de la Liga no me querían dejar salir. Todos se fueron y me quedé con la Policía hasta que se calmaran.

¿Una vez retirado del fútbol a qué se dedicó?
Me puse una salsoteca aquí en Quevedo, en 2009. Como siempre me gustó la música comencé a andar con amigos que hacen eventos, aprendí de ellos y me dediqué a organizarlos.

¿Cuándo se vinculó nuevamente al fútbol?
En 2012-2013 que comencé en Deportivo Quevedo como preparador de arqueros. Pero como me quedaron mal, me decepcioné y me dediqué a los eventos. Pero a inicios de 2017 me llamaron de acá (Insutec), me presentaron el proyecto y me gustó.

¿Actualmente dónde vive y cuáles son sus planes?
Vivo ahí donde me crié, en la Tarabita, al pie del río, ahí estoy armando la discoteca (El Niche). Quisiera seguir en el FC Insutec. También quiero capacitarme y actualizarme.

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