Delfina y un llanto desgarrador que silenció Argentina

- 11 de octubre de 2018 - 00:00
La nadadora argentina Delfina Pignatiello llora durante la premiación; en su mano escribió la palabra abuela.
Foto: Luis Cheme / El Telégrafo

La nadadora local se quedó con la medalla de plata en la prueba de los 800 metros libre. Durante la premiación recordó a su abuela, quien falleció el 1 de octubre.

Delfina Pignatiello protagonizó uno de los momentos más emotivos y conmovedores en lo que va de los Juegos Olímpicos de la Juventud Buenos Aires 2018.

La nadadora argentina, ganadora de la medalla de plata en los 800 metros libre, se paró detrás del podio con una expresión seria en el rostro, muy parecida a la que había mostrado minutos antes mientras se preparaba para zambullirse en el agua. Pero cuando su nombre retumbó en el aire y más de 2.000 personas le regalaron una ovación ensordecedora, Delfina se quebró y se echó a llorar.

No le importaba que la vieran. Tampoco se preocupaba por secarse las lágrimas. Más bien, mientras se desahogaba mostró la palma de su mano izquierda y sobre ella tenía escrita la palabra abuela, con letras mayúsculas, y debajo había dibujado un corazón. La imagen resultó desgarradora.

La nadadora de 18 años, una de las mayores promesas de Argentina en este deporte, contó después la historia en detalle a los más de 30 periodistas que la esperaban en la zona mixta del Centro Acuático, ubicado en el Parque Olímpico de la Juventud.

Amalia, su abuela materna, murió de forma repentina el pasado 1 de octubre, ocho días antes de que Delfina compitiera. Era su mejor amiga y se adoraban.

El llanto de Delfina denotaba mucho dolor. Pero también lloró de alegría y satisfacción porque después de una semana difícil en lo personal, demostró en la piscina todo su talento. Y porque, además de la medalla de plata, se llevó el reconocimiento de su público y un aplauso interminable que le acarició el corazón y el alma. La nadadora respondió con besos volados a modo de agradecimiento.

“Fue la carrera más emocional de mi vida. La del Mundial fue la mejor en cuanto a rendimiento, pero acá hubo muchas cosas por afuera de lo deportivo y por eso la emoción pasó por otro lado”, analizó Pignatiello, quien quedó segunda con un registro de 8m32s42, a 4s82/100 de la húngara Ajna Kesely.

Las felicitaciones no demoraron en llegar. El presidente de la nación, Mauricio Macri, le dedicó un tuit: “Felicitaciones campeona”, publicó. Mientras que la extenista Gabriela Sabatini publicó: “Cuánta emoción. Grande Delfina”.

Si bien tiene apenas 18 años, Delfina se mueve como una profesional. Las luces de los flashes, el pedido permanente de selfies, la invasión de la prensa y las innumerables cámaras de TV que la persiguen a toda hora podrían influir en su preparación.

Pero ella supo manejar la avalancha de periodistas que querían recoger sus declaraciones. “Se sintió mucha presión. Fue creciendo durante todo el año y hoy explotó como una bomba. Son cosas que hay que ir aprendiendo. Todavía soy chica y como ahora sé que puedo correr con presión encima, estoy segura de que será más fácil en unos años”.

En Argentina la identifican como una niña prodigio de la natación. Todas las mañanas se levanta a las 04:50 y a las 06:00 ya está nadando en la piscina. Su papá es quien la lleva a todos lados y su mamá le prepara el desayuno todos los días a las 05:00.

Entrena de lunes a sábado y cuando el Comité Olímpico Internacional anunció que Buenos Aires sería la sede de los Juegos Olímpicos de la Juventud tenía apenas 13 años. Desde entonces se enfocó en prepararse. Su entrenador Juan Carlos Marín la describe como una chica aplicada.

El año pasado rechazó la propuesta de tres universidades de Estados Unidos que le ofrecieron una beca a cambio de que nade para ellos.

Delfina prefirió quedarse cerca de su familia y su conejo Fox, quien la acompaña siempre cuando se acuesta a leer libros de Harry Potter. Sus familiares y sus amigos son su “cable a tierra”.

Tras la entrega de premios, y después de los actos protocolares, la joven nadadora sanisidrense (como se le llama a las personas nacidas o residentes en la localidad de San Isidro) volvió a emocionarse en el momento del reencuentro con sus padres, quienes la esperaban impacientes en los pasillos del Centro Acuático. Se fundió con ellos en un abrazo que pareció eterno, como el recuerdo de su abuela Amalia. (I)

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