Carchi-Sucumbíos, la cuna de grandes ciclistas

07 de junio de 2018 - 00:00
El abuelo de Richard, José María Carapaz; su hermana Cristina y su madre Ana. Al fondo, su bicicleta montañera (roja) y otra sin llantas con la que jugaba.
Foto: Álvaro Pérez / EL TELÉGRAFO

En la frontera de estas provincias, a casi 3.000 metros de altura y a menos de 10 grados, han surgido figuras como Richard Carapaz y Jonathan Narváez.

Algunas medallas, fotos y un afiche de Richard Carapaz en el Giro de Italia adornan la sala de la casa de sus padres, un lugar humilde y pequeño que a diario se baña con el frío de La Playa, la comunidad de la parroquia El Carmelo (Tulcán), donde el chico, sin sospecharlo, comenzó a escribir uno de los capítulos más gloriosos en la historia deportiva del país.

“Dios les pague por la voluntad con mi hijo”, dice Ana Luisa Montenegro (66 años), madre de Richard, quien llega de ordeñar a tres vacas, cuya leche vende para obtener parte del sustento diario.

La doñita está feliz, por fin puede hablar con el fruto de sus entrañas; durante el Giro la comunicación era imposible porque en el sector no hay señal para celulares.

Cristina (26 años), hermana del exponente, quien se desempeña como secretaria de dirección en la Prefectura de Carchi y viaja a diario a Tulcán, hablaba por móvil con su hermano cuando le era posible y les llevaba noticias de él a sus progenitores.

El 12 de mayo a doña Ana le faltaron lágrimas, no cabía de la emoción al ver a su retoño de 25 años ganar la octava etapa. “Desde que estaba en el colegio quiso ser ciclista profesional. Con mi esposo, José Antonio Carapaz (56 años), le quisimos mandar a Ibarra a que siga la universidad, pero nos manifestó que seguiría en el deporte”.

Estudiante de la unidad educativa El Playón, en la parroquia vecina del mismo nombre (Sucumbíos), Richard empezó a entrenar a los 14 años, luego de enlistarse en la escuela de ciclismo que dirigía el extinto pedalista Juan Carlos Rosero.

Pero su habilidad y fuerza las desarrolló en la infancia, su padre le obsequió una bicicleta montañera; la abandonó porque le parecía muy pesada y prefirió una que cierto día don Antonio llevó como chatarra en su camión.

“Mi hijo tenía 8 años. Desarmó la montañera para no volverla a armar, y en esa bicicleta vieja, sin gomas en las llantas, andaba saltando obstáculos”, reseña Ana Luisa.

Al son del relato, Cristina saca de su habitación un dibujo que le hizo a su hermano. Es un ciclista junto a un tren. Ese gráfico lo envió a la cadena ESPN toda vez que el periodista Mario Sabato, quien transmitió el Giro, pidió a los ecuatorianos caricaturas sobre la “Locomotora” del Movistar Team europeo.

 Curiosamente, las locomotoras no tienen cauchos en sus ruedas, tal como la vieja bici de Richard. ¿Acaso fue una premonición?

Zona de pedaleo
Si algo está claro es que en la frontera entre Carchi y Sucumbíos se desarrolla capital humano apto para el pedaleo de largo aliento. Los primeros en destacar fueron los hermanos Pedro y Franco Rodríguez, ganadores de 6 vueltas a Ecuador. Pedro lo hizo en 1988, 1990, 1991, 1993 y 1995; Franco en 2003. También son oriundos de La Playa. Entre los actuales está Jonathan Caicedo (25 años), quien nació en Santa Martha de Cuba (Tulcán) y mantiene contrato con el equipo Medellín-Éxito de Colombia.

Del lado de Sucumbíos no se quedan atrás, su símbolo es Jonathan Narváez, quien con 21 años triunfa en el team Quick-Step Floors de Bélgica. Reside en Pamplona (España), donde paga la renta a medias con Richard Carapaz.

Entre sus logros consta el récord mundial de los 3.000 metros de la persecución individual que consiguió en 2015 durante el Panamericano Juvenil escenificado en Aguascalientes (México).

Su madre, Cruz Elena Prado (60 años), dueña de una farmacia, narra que a la afición de su hijo por los pedales contribuyó tener un hermano ciclista: Roberto Narváez (31 años), becado a estudiar medicina en Cuba por sus logros deportivos.

Introvertido, desordenado y obsesionado por ingerir comida sana, Jonathan es uno de esos raros casos que fusiona talentos para la ruta y la pista, quien pronto dará mucho de qué hablar. (I) 

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