Mina, el púgil que quiere tocar el piano

La delegación de boxeo de Ecuador es una de las mayores esperanzas de medallas para el país. El anhelo de Carlos es clasificarse a los Juegos Olímpicos de Tokio.
04 de junio de 2018 00:00

Carlos Mina se encontraba solo en su habitación cuando le llegó la inspiración. Estaba extenuado por los fuertes entrenamientos de cara a los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016, pero antes de dormir tomó una pluma y una libreta y empezó a escribir.

El púgil guayaquileño de 26 años tenía una deuda consigo mismo. Entre sus composiciones hacía falta una canción que rindiera homenaje a la difícil infancia que le tocó vivir. Así fue como nació “Gigante”, un tema de 4 minutos y 43 segundos que habla principalmente de la vida en la calle.

Mina recorre en esta canción los días en que dormía debajo de los pasos a desnivel o en las aceras del Guasmo Sur, un barrio humilde de Guayaquil donde aprendió a sobrevivir desde pequeño.

Los días en los que no tenía nada para comer fueron eternos, así como las frías noches en las que amaneció en la calle. Pero el destino lo estaba preparando para lo que se venía.

Carlos Mina se hizo fuerte. No le temía a nadie. Podía cuidarse solo desde pequeño.

“Yo siempre oro por los míos, porque de donde vengo hay muchas vidas que rescatar. Yo soy de caserío, si te pones pendejo seguro te van a cazar. Aquí se pasa frío, estoy solito pero tengo el amor de mamá. Me propuse ser gigante y brillar como los diamantes. La calle me enseñó lo que la escuela no me dio”, dice la canción al inicio, a ritmo de un hip hop pegajoso.

En el ámbito musical, Mina se hace llamar Jeanthes Dopeboy. Jeanthes es una adaptación de Jean Carlos, como lo llama su mamá, y Dopeboy hace referencia a su adicción manifiesta por el boxeo, la música y su hijo Bossli. En la red social YouTube su cuenta suma apenas 51 suscriptores y uno de sus videos más vistos tiene únicamente 367 visitas. Tiene unas 20 canciones compuestas por él, pero aún no ha grabado su primer disco. Ese es uno de sus mayores sueños.

Mina es un amante empedernido de la música. A donde va lleva sus grandes audífonos y su reproductor siempre está en play.

Una libreta pequeña y una pluma forman parte de su equipo de entrenamiento. Si se le ocurre algún verso lo anota de inmediato.

Escucha salsa, reggaeton, pero su playlist tiene mucho hip hop. Aunque, no quiere llegar hasta ahí. Una de sus grandes aspiraciones es aprender a tocar el piano, aunque aún no encuentra el maestro que se adapte a su rutina deportiva. Los dedos gruesos y toscos que meticulosamente cubre con pequeñas vendas antes de enfundarse los guantes y subir al ring quieren tener el ritmo de los de Papo Luca, la cadencia de Larry Harlow y el sabor de Eddie Palmieri, tres reconocidos pianistas que grabaron con la orquesta salsera Fania All Star.

Carlos Mina, tercero en el escalafón mundial en boxeo 81 kilogramos y abanderado de Ecuador en los juegos Suramericanos de Cochabamba (Bolivia), llegó a este deporte por casualidad hace 13 años, en momentos en que su vena deportiva se centraba más bien en el fútbol.

Después de vivir en Guayaquil, Mina y su mamá se radicaron en Puerto Quito, al noroccidente de Pichincha. Allí inició su travesía por el box. Fue al gimnasio donde aún da clases Carlos Vázquez, quien recuerda al pequeño que le dijo que quería ser boxeador.

También integró varios equipos de fútbol de divisiones menores hasta que un día -recuerda- por “casualidad”, vio un gimnasio con gente “entrenando con guantes”.

Ahí empezó todo, sin imaginar que en la vida real podría ver y calzarse los guantes que solo había visto en las películas de Rocky Balboa o de Mohamed Ali. Quienes lo conocen saben que su éxito no es un golpe de suerte, sino el resultado del trabajo y de la sangre derramada.

Tenía 13 años cuando se puso por primera vez los guantes, se subió al ring y se enfrentó a un estudiante de boxeo que lo golpeó duro.

Ahora, más de una década después no alcanza a contar las medallas que ha ganado tanto en Ecuador como en el extranjero.

Cuarto de nueve hermanos -el mayor de 32 y el menor de 6-, Mina evoca que en su hogar siempre lo apoyaron en todo y, además, en sus inicios se encontró con un entrenador “buena gente” que hasta le compraba zapatos cuando no tenía. Su primera competición, a los 15 años, en un campeonato nacional, terminó en llanto por la derrota, pero en las siguientes cosechó triunfos que lo remontaron a la selección de Ecuador.

La medalla de oro en los Juegos Bolivarianos de 2013 marcó un hito: “Desde ese momento empecé a prenderme”, comenta el deportista que fue campeón continental en 2015 (México) y quien en 2017 en Alemania logró un bronce en el XIX Campeonato Mundial de Hamburgo. Es el primer boxeador ecuatoriano que ostenta una medalla mundial.

Anécdotas de Mina hay miles, la mayoría se basan en lo que tuvo que pasar para alcanzar el éxito. Jorge Quiñónez, amigo del pugilista desde hace 12 años, recuerda los días en los que entrenaban en la pista de los Chasquis, hasta las 03:00 o 04:00, pero sin zapatos y “sin nada en el estómago” o aquella vez en la que les quisieron robar, pero los ladrones no sabían con quiénes se metieron. Mina y su amigo los sometieron.

De 1,87 metros de estatura y 81 kilogramos de puro músculo, Mina fue designado el abanderado de Ecuador en los Juegos Suramericanos de Cochabamba, pero no estuvo en la inauguración porque aún estaba en Ecuador entrenando. En su lugar, el estandarte lo llevó la pesista Neisi Dájomes. Sin embargo, sí portó la Bandera Nacional en los Juegos Olímpicos de Brasil 2016 y en los Juegos Bolivarianos de Santa Marta del año pasado. “Esta bandera me ama, no me deja, son tres años seguidos (que la porta)”, comenta Mina, quien este año se coronó campeón europeo en 81 kilogramos en el torneo internacional de Boxeo en Serbia.

“Yo no me confío de nadie porque ningún rival es fácil, tampoco ningún rival es invencible, pero yo soy tercero en el mundo, en el ranking mundial”. (I) 

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