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El Telégrafo
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Colegio Aloasí, una mina de oro para el atletismo

Katherine Tisalema (i), Jorge Collaguazo, Carmita Toaquiza, Vicente Loza (detrás), Érick Alcívar y Damaris Díaz ensayan en el sector del Área Nacional de Recreación El Boliche, cercana al nevado Cotopaxi, en la provincia de Cotopaxi.
Katherine Tisalema (i), Jorge Collaguazo, Carmita Toaquiza, Vicente Loza (detrás), Érick Alcívar y Damaris Díaz ensayan en el sector del Área Nacional de Recreación El Boliche, cercana al nevado Cotopaxi, en la provincia de Cotopaxi.
Foto: Carina Acosta / El Telégrafo
05 de marzo de 2018 - 00:00 - Redacción Fanático

Sin querer queriendo, la Unidad Educativa Aloasí (Machachi), asentada en la localidad del mismo nombre, es una cantera de atletas de largo aliento. De aquí, entre otros, salieron la actual campeona panamericana de cross country, Carmen Amelia Toaquiza, y Sandra Tigasi, medalla de plata en los Juegos Sudamericanos de la Juventud en 2017 en los 2.000 metros obstáculos.

“¡A formarse!” se escucha la disposición del inspector general encargado, Javier Vega. Es 27 de febrero, Día del Ejército Ecuatoriano, del Héroe Nacional y del Civismo Ecuatoriano.

Confundidas entre el resto de adolescentes se pliegan a la orden Sandra Tigasi y la quiteña Maryorye Changoluisa, dos de las figuras del atletismo juvenil que se forjan en el establecimiento.

Estudiar bajo ese techo no es lo único en común que tienen, también integran el club especializado formativo Sandra Ruales y se entrenan con el profesor Washington Latta, aleccionador de dicho club y de Concentración Deportiva de Pichincha (CDP).

Latta encarna una suerte de cazatalentos, desde hace años acude a este plantel para detectar a las potenciales joyas del atletismo.

Así fue con Carmita Toaquiza, igual con Érika Pilicita, quienes hicieron de su principal diversión: correr, su apuesta por un futuro dentro del deporte nacional.

Carmen Amelia es la más mediática. A sus 22 años cuenta entre sus historias las veces que obtuvo la presea de oro sudamericana de cross country por equipos en 2017, la de plata en los 5.000 metros de los Juegos Bolivarianos Santa Marta 2017 y el oro panamericano de cross country en 2018.

Érika, de 20 años, también tiene relatos de medallas. Su hoja de vida habla de un bronce en el Campeonato Sudamericano Prejuvenil en los 2.000 metros obstáculos, plata en el Campeonato Sudamericano Juvenil en los 3.000 metros obstáculos...

Ahora resaltan Sandra Togasi, de 16 años, y Maryorye Changoluisa, de 14 años, que ostenta el título de los Juegos Nacionales de Menores en los 1.500 metros y el subtítulo en los 2.400 metros.

Los chicos que concurren a la unidad educativa provienen de los cantones Machachi (Pichincha) y Latacunga (Cotopaxi); tal es el caso de Toaquiza, que nació en Romerillos (Latacunga) o Pilicita, oriunda de Machachi.

Las altitudes de estos sectores oscilan o superan los 3.000 metros, condición que, a decir de Latta, es favorable para desarrollar a exponentes de fondo y semifondo.  

El club Sandra Ruales tiene seis años, tres de ellos con personería jurídica. En su seno acoge a 25 atletas, en edades que van de los 11 a los 23 años.

Otros nombres con proyección son Alan Andachi, campeón nacional de los 3.000 y 1.500 metros, Geovany Chicaiza, bronce en los 2.000 metros obstáculos de la división prejuvenil. Y Érick Alcívar, campeón nacional sub-23 en los 3.000 metros obstáculos.

Quienes provienen de cantones diferentes a los citados son minoría, pero también llevan consigo el sello de campeones.

Es el caso de Rafael Vicente Loza, de 23 años, quien hace dos años arribó desde Babahoyo para mejorar su desempeño, conquistando entre  sus reconocimientos, el cetro sudamericano sub-23 en los 1.500 metros. O Damaris Díaz, quiteña de 18 años, campeona nacional en los 3.000 metros planos y vicecampeona en los 1.500. (I)


La falta de apoyo se afronta con camaradería
”Quisiera hablar en persona con el señor Presidente de la República para pedirle respaldo”, señala Carmen Toaquiza, algo triste por no constar en el Plan de Alto Rendimiento, pese a sus podios panamericanos, sudamericanos y bolivarianos.

La única entidad deportiva que ayuda de manera permanente a Carmen -y a la mayoría de los chicos del club Sandra Ruales- es la Concentración Deportiva de Pichincha (CDP). Algunos se benefician de la residencia, otros de la alimentación. Toaquiza, incluso, tiene un incentivo económico de $ 75 al mes.

El entrenador Washington Latta cree que si los estímulos de las entidades públicas no llegan, estos podrían suplirse con el respaldo de auspiciantes privados. “No nos vendría mal alguna empresa que dote a los muchachos de indumentaria deportiva. Por ahora contamos con hidratación gracias a Gatorade”, detalla Latta.

Pero los exponentes no pierden el ánimo, los contratiempos por la falta de dinero los combaten con buen humor, haciéndose bromas o poniéndose apodos, como ‘Cuica’ (Melanie Rivera), ‘Alce’ (Érick Alcívar), la ‘Coco’ (Érika Pilicita) o la ‘Huesitos’ (Maryorye Changoluisa).

Latta no comprende por qué sus pupilos -a pesar de sus méritos- no son considerados para competir en torneos internacionales. (I)

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