Ecuador, 20 de Mayo de 2022
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El Telégrafo
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Una parte de los habitantes de esta zona de napo vive del turismo y otros de la agricultura

“Somos Quijos, pero hablamos kichwa, y andamos en busca de nuestra identidad”

Desde Jumandy-Napo.-

Tras una hora de recorrido en la oscuridad, con agua y esquivando formaciones minerales (estalactitas y estalagmitas) aparece la luz del día y la flora ecuatoriana. El calor que atraviesa la ropa y la humedad son una constante en las cavernas de Jumandy, cuyos dueños son la comunidad Ruku Jumandy Kawsay.

Este nombre significa Vida ancestral de Jumandy y como tal recorrer el lugar es similar a reencontrarse con las raíces propias de los ecuatorianos. En lo profundo de Napo, este sitio ubicado en la parroquia Cotundo ( a 5 kilómetros de Archidona) trae a la memoria de los visitantes la historia del cacique de la tribu de los Quijos.

Cuenta la leyenda que Jumandi era alto, fornido y gobernó los Quijos de Napo en 1578. Ahora, este sitio que representó la resistencia de un pueblo, es a la vez el sustento para los descendientes del gran guerrero.

La comunidad Ruku Jumandy Kawsay es la encargada de seleccionar a los guías que llevan a los visitantes a las entrañas de la Tierra.

Estas cuevas son formaciones naturales que no tienen fecha exacta de creación, pero que fueron descubiertas en 1561 por el misionero  Pedro Porras. Él las bautizó como las cavernas de Jumandy, en honor al gran guerrero que resistió la invasión española.  “Cuando el padre Porras encontró este lugar, estaba lleno de hachas e instrumentos de guerra”, dice Fabián Grefa mientras guía el recorrido por el interior de las cavernas. Todo el ambiente en Jumandy tiene un aroma a historia y ha sido creado sobre la herencia en valores que dejó el antiguo cacique.

Jumandy significa ‘hombre sabio’ y -según aclaró el joven- el nombre original es Humandy, pero fue cambiado con el tiempo.

El cacique Jumandy, que fue nombrado héroe nacional en 2011, es conocido por su resistencia al gobierno español de la Real Audiencia de Quito. El 29 de noviembre de 1578 quemó las ciudades de Ávila y Archidona, pero luego fue capturado y asesinado por los españoles.

Sus descendientes, reconocidos como pertenecientes a la comunidad Kichwa, cuidan ahora  de las cavernas. “Luego de matar a Jumandy, los españoles persiguieron a los quijos y algunos kichwas se mezclaron con ellos, por lo que ahora no hay mucha certeza”, reseña Grefa.

Esto es corroborado por la presidenta de la comunidad (que no excede de las 50 personas), Martha Grefa: “Nosotros somos quijos, pero hablamos como kichwas, es por eso que andamos en busca de nuestra identidad”.

En la indagación sobre su árbol genealógico los ayuda Pablo Alvarado, del Ministerio de Patrimonio y Cultura.

Actualmente él realiza un estudio sobre el pueblo kichwa y sobre las comunidades que habitaban en el alto y bajo Napo. “Eso nos ayudará a confirmar nuestra identidad”, repite Grefa, quien asegura que no cambiarán sus costumbres kichwas, pero sí se presentarán oficialmente como descendientes del gran Jumandy.

El complejo turístico en Napo cuenta, además de las cavernas de Jumandy, con una piscina, un tobogán, cabañas para descansar y canchas deportivas.

De fuerte a lugar turístico

El terreno en las cavernas está lleno de hoyos, desniveles y dificultades para trasladarse. Un símil a la historia de este pueblo que ha tenido en este lugar su sustento económico desde hace 30 años.

Hace 5 años, el mismo tiempo que tiene la comunidad Ruku Jumandy Kawsay, las cavernas pasaron a ser ‘propiedad’ de ellos. El recorrido cuesta $ 10, que son divididos en $ 5 para la comunidad y $ 5 para el guía que lidera la expedición. “Esta es la manera de autosustentarnos”, indica Martha Grefa. “Nosotros vivimos del turismo”.

Elegir esta forma de subsistencia hizo que los miembros de la comunidad Ruku Jumandy Kawsay tomaran caminos diferentes. “Nos llamábamos cavernas Jumandy, pero por distintos tipos de ideologías decidimos separarnos. Nosotros escogimos el turismo, mientras que otra parte de la población quiso seguir con la agricultura”, explica Grefa, quien aclara que la comunidad era aún más grande, pero con el paso de los años se fueron separando por búsquedas de tierras.

De a poco se une al diálogo Bertha Grefa, la encargada de alquilar las botas y ropa para hacer el recorrido por las cuevas. Primero se dirige a Martha en kichwa, pero con el paso de los minutos decide comentar algo en español. “Es difícil para nosotros, ya que nos falta apoyo y debemos arreglarnos con lo que tenemos”, afirma Bertha.

Es que la problemática se da en días como este (5 de febrero), cuando no hay visitantes porque es época baja y no hay ingresos.

Martha expone la solución que hallaron ante la falta de liquidez en este negocio. “Cuando es época de ‘vacas gordas’ (feriados en general, en enero, marzo y diciembre) no nos gastamos todo sino que guardamos para este tiempo en el que no hay gente”, dice la presidenta del pueblo. Todo el dinero que ingresa se reparte en la comunidad, que al momento tiene a 2 de sus integrantes estudiando en la universidad. Uno mediante una beca del Gobierno y otro por autogestión.

Para ellos, las cavernas son más que un sitio turístico, es su lugar de meditación y de conexión con la naturaleza, como lo hacían los chamanes en el pasado. “En este lugar debemos hacer silencio, apague la linterna y medite”, solicita Fabián al ingresar en lo profundo de la cueva. Los chamanes aplicaban esta técnica y después de horas de meditación podían salir de la cueva sin necesidad de utilizar la luz de linternas. El guía atribuye eso a que la naturaleza y el hombre se hacen uno en ese momento.

Hoy la comunidad vive a 500 metros de las cavernas, en un terreno que les fue donado. “Nosotros no pagamos arriendo, solo luz”, expresa Martha, sobre su situación dentro del complejo que es administrado por el Consejo Provincial de Napo, al que acusan de no ayudar lo suficiente.

Más allá de las quejas, la comunidad Ruku Jumandy Kawsay sabe que estas cuevas son su hogar, al cual están dispuestos a proteger, como lo hizo su legendario líder guerrero.

DATOS

La entrada al complejo cuesta $ 2. Ese valor es destinado al Consejo Provincial  de Napo. El horario es de 08:00 a 17:00, los 7 días de cada semana.

En el lugar trabajan 3 recaudadores, los que cobran en ventanilla, y 5 de planta, quienes son los encargados de dar el mantenimiento, incluido el administrador, Luis Chacha.

Según los miembros de la comunidad, el Consejo Provincial planea remodelar el complejo mediante un macroproyecto. La visita a las cavernas incluye el guía, la ropa adecuada y linternas.

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