Magner turner desarrolla las labores de ‘arqueología industrial’ que demanda el proyecto

Portovelo, en busca del tiempo perdido

- 20 de mayo de 2015 - 00:00
Nada le emociona más a Magner Turner que trabajar en la creación del parque histórico minero de Portovelo, un cantón ubicado en El Oro. Fotos: José Morán / El Telégrafo

Magner turner desarrolla las labores de ‘arqueología industrial’ que demanda el proyecto

En donde antes se extraían toneladas de oro cada día, hoy anidan alegres gallinazos; la hierba ha crecido con desmesura merced a las últimas lluvias y el río Amarillo sigue su curso, contaminado.

Son las ruinas de la compañía minera Sadco, en cuyas dos hectáreas está pasando lo que debió pasar hace más de 50 años.

Desde muy temprano, maquinaria pesada de la Municipalidad remueve el terreno fangoso, cuidadosamente, en busca de lo que se considera el mayor patrimonio industrial minero del Ecuador.

El objetivo, según la alcaldesa Paulina López, es restaurar la zona y crear el Parque Histórico Minero de Portovelo.

El proyecto, ideado hace 12 años por ella, parece demasiado ambicioso, en especial porque lo que menos tienen son recursos, aunque voluntad les sobra. “Estimamos que la recuperación total del patrimonio y levantar el parque puede demandar una inversión de 3’000.000 de dólares a un plazo de 3 años, aproximadamente”, cuenta López.

Se espera que las empresas mineras que hoy desarrollan sus actividades en el cantón contribuyan económicamente, habida cuenta de que, una de ellas, la Minesadco, es considerada parte del proyecto, ya que una de las cosas que se quieren es mostrar el antes y el ahora del proceso minero.

Según los planes municipales, se tiene previsto crear una especie de parque lineal, con caminos de piedra -a la manera de los incas-, instalar un museo con una galería de fotos antiguas que reseñen la historia, sembrar jardines y colocar un puente colgante sobre el río Amarillo que permita apreciar la grandiosidad del 90% del patrimonio minero del país.

López estima que dentro de cuatro meses el proyecto estará listo para ser presentado al Gobierno nacional, para que este dé su aval y su apoyo económico, considerando que el presidente Rafael Correa tiene ya conocimiento de lo que significa, históricamente, el pasado minero del cantón.

En manos de un experto

Se ha paseado por el desierto del Sahara, ha pernoctado en la ciudad de Petra, ha navegado el Nilo, se ha metido en la minas del rey Salomón, pero nada parece emocionar más a Magner Turner que trabajar para su propia tierra en las labores de arqueología industrial que demanda el proyecto.

Turner, Premio Nacional Eugenio Espejo al Mérito Científico en el año 2009 y uno de los arqueólogos más reconocidos del país, labora a tiempo completo en lo que él considera será la mayor obra de la historia de Portovelo. “Si el florecimiento de los guayacanes es capaz de atraer a tantos turistas en Loja y dejar 70.000 dólares en una semana, imagínese lo que puede hacer esto, que es una maravilla”, señala Turner, quien estima que aún falta por desenterrar cerca de 1.000 piezas en la zona.

La compañía Sadco llegó a Ecuador en 1897 y logró extraer unos 3,5 millones de onzas de oro y hasta 17 millones de onzas de plata.

Hasta el momento se ha logrado recuperar molinos cilíndricos, transformadores eléctricos, homogenizadores, espesadores, receptores de arena, ruedas de molinos hidráulicos y piezas interiores.

Todos -construidos por la empresa norteamericana Garden Denver- se encuentran llenos de óxido, algunos están incompletos, pero la mayoría de ellos permite hacerse una cabal idea de su funcionamiento dentro del campamento minero.

Turner es el encargado de analizar las piezas, estudiarlas científicamente y dejarlas a punto. Para ello no solo se vale de sus conocimientos, sino de algunos libros y enciclopedias que, a menudo, mientras hurga entre vestigios, consulta.

Considerando la magnitud de la obra, el arqueólogo ha pedido el concurso de otros expertos, “pues el trabajo que se ha hecho apenas comprende un 5%, prácticamente hemos empezado de cero”.

Conocedor a profundidad de lo que se está planificando, cree que es preciso viajar a 5 países de Sudamérica -entre ellos Bolivia y Chile- para comparar trabajos similares y “pisar sobre terreno seguro”.

Para el intelectual portovelense Roy Sigüenza es preciso “que la comunidad recupere la identidad de su historia, de su pasado, de todo lo que marcó un hito no solo en el cantón sino en todo el país. Estamos hablando de los inicios de la industrialización en el Ecuador”.  

Aunque lo turístico es importante, considera más trascendental que la población nativa haga conciencia de que lo que se hizo durante muchos años con ese patrimonio fue agresión descarada.

“Las administraciones anteriores permitieron que gente inescrupulosa se robara cosas valiosas, todo a cambio de unos votos. Realmente fue un asalto al patrimonio del país. Se llevaron hasta las planchas de zinc”, asegura Sigüenza, quien, sin nombramiento oficial alguno, se ha dado a la ardua labor de difundir la importancia de la obra.

Un Estado dentro de otro Estado

La compañía Sadco (South American and Development Company) llegó al país en el año 1897 y se quedó hasta 1952, tiempo durante el cual llegó a extraer unos 3,5 millones de onzas de oro y 17 millones de onzas de plata.

La presencia de esta empresa multinacional revolucionó la vida de Portovelo y de las zonas aledañas radicalmente. No solo dio trabajo a más de 5.000 obreros, sino que creó una especie de estado dentro del estado ecuatoriano, con sus propias leyes.

Según versión del licenciado Víctor Muñoz, profesor retirado y autor de varios libros sobre su cantón, la influencia de los gringos en la vida de Portovelo fue de tal nivel que, debido a que ellos regían la actividad económica de la zona con las minas, llegaron a crear su propio billete, al cual denominaron Patterson, apellido de uno de sus compatriotas que cumplía las funciones de superintendente de la compañía minera.

“La moneda, que era un trapo con la efigie de Patterson, llegó a circular hasta en Cuenca y Loja. Esto, obviamente, les acarreó una multa del gobierno de 50.000 sucres. La moneda solo circuló desde el año 1937 al 1938, pero dice mucho de la gran importancia que los gringos tuvieron en la zona”, comenta Muñoz.

El historiador recuerda, asimismo, que, a partir de 1910, los extranjeros comenzaron a celebrar el 4 de julio, fecha de su independencia, con bombos y platillos, con fiestas y ruidosos desfiles.

“La celebración, muy importante para ellos, terminó entusiasmando también a los portovelenses que, a su vez, celebraban en ese mismo día la fiesta de la Virgen del Consuelo o Virgen de la Consolación. Esta curiosa coincidencia hizo que las fiestas se unieran y aquí termináramos celebrando la fiesta gringa, aunque, eso sí, cada uno por su lado. Los gringos tenían sus clubes”. (I)

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