En el barrio hay 192 habitantes, un subcentro de salud y una escuela

En Coca Codo, San Luis, las vidas de los ecuatorianos y chinos van por separado (Galería)

- 04 de febrero de 2015 - 00:00
La presencia de asiáticos en San Luis es notoria en las tardes y noches. Por lo general andan en grupos y solo salen para comprar frutas. Fotos: Verónica Naranjo/El Telégrafo

En el barrio hay 192 habitantes, un subcentro de salud y una escuela

El Chaco.-

La iluminación artificial es permanente. Tanta que fácilmente se pierde la noción del tiempo porque el trabajo es continuo en el Megaproyecto Coca Codo Sinclair. “Aquí no se sabe si es de día o de noche”, comenta Luis L.

Las máquinas no dejan de funcionar. Tampoco los ductos que sirven de ventiladores y refrescan el ambiente de los túneles donde laboran los empleados del proyecto.

Son espacios gigantescos y oscuros: edificaciones de hormigón llenas de máquinas que controlarán el abastecimiento y distribución del agua en la hidroeléctrica. Toda la construcción está ubicada entre Sucumbíos y Napo, en los cantones Chaco y Gonzalo Díaz.

Llegar al barrio de San Luis, desde donde se tiene la vista más cercana al proyecto, no es difícil. Se toma la vía a Lago Agrio, que está en buen estado, pero llena de curvas. Todos los conductores de buses y camionetas conocen dicho sitio, que existe desde hace menos de 2 décadas y que hoy recibe más visitantes que antes debido a la obra.      

Una lluvia pertinaz y las primeras casas de techos de zinc dan la bienvenida. De inmediato se divisa el primer cerrojo de la hidroeléctrica. Son unas mallas grises de media altura, desgastadas y hasta oxidadas, donde los carteles de peligro en español y mandarín no faltan. También hay viviendas de paredes blancas y cremas, con techos color ladrillo unas, y otras verdes.

Estos son los campamentos levantados para asegurar la residencia de quienes llegaron a trabajar en Coca Codo, desde los distintos rincones del Ecuador y desde China.

¿Cómo transcurre la vida y el trabajo en Coca Codo?    

Nadie extraño a la construcción puede ingresar sin previa autorización y cuando se tiene el salvoconducto hay un estricto control interno y externo desde el punto de partida hasta el de llegada.

Los empleados, que al momento suman alrededor de 7.300, deben presentar su identificación y código de seguridad para acceder.

Tras el accidente de diciembre, cerca de 300 empleados renunciaron. A la fecha llegaron similar  número, pero la mayoría ya no de la Sierra sino de Guayas y Esmeraldas. “El trabajo no es duro, pero sí peligroso y uno está expuesto a los riesgos que implica este tipo de construcciones”, dice Juan W.

Los campamentos están divididos y diferenciados como la alimentación que reciben compatriotas y asiáticos. Tienen cocina y comedor separados. Para los compatriotas la variedad es mínima: una sola opción en el almuerzo.

Por eso aquellos con ingresos por sobre los $2.000, como los ingenieros, prefieren almorzar, según el turno, en salones particulares donde el costo promedio es de $3 y $6 el plato a la carta, aunque entre estos no hay más que chaulafán, arroz con camarón y tilapia frita.

La entrada al campamento principal de los trabajadores de Coca Codo cuenta con guardias privados, dos filtros de seguridad y letreros en mandarín y español.

Comiendo donde Doña Mary

Doña Mary, de piel canela, esconde sus cabellos en una gorra blanca, pero no sus uñas y manos visiblemente maltratadas. Y es que a diario refriega y limpia múltiples veces las 9 mesas de su local, el único que oferta alimentación diferente a la comida rápida.

Ella es la más afortunada con los trabajos en el proyecto hidroeléctrico. A diario visitan su comedor alrededor de 70 personas y muchos de ellos son clientes frecuentes que registran su ‘asistencia’ y apuntan el consumo realizado. Los pagos son posteriores: semanal o quincenalmente, según el bolsillo.

El comedor siempre tiene al menos dos opciones de alimentación, lo que no ocurre al interior del campamento. En el menú diario, el arroz no falta, al igual que el seco de cualquier carne y los jugos naturales, sobre todo, el de papaya y tomate.

En la cocina china, en cambio, la variedad es el punto central y contempla tallarines y arroz, todos cocinados con la sazón oriental, pero elaborados con productos ecuatorianos y manos también de este país. Solo el chef es asiático, así como algunas de las salsas especiales que se utilizan. La característica fundamental de sus platos es el ají y, fieles a  la tradición, usan los palillos para alimentarse.   

El arroz es cocinado en hornos especiales a vapor y sin sal. No toman jugo y siempre tienen dos tipos de carne en el segundo plato del almuerzo. Entre comidas solo beben agua o té. Su pan difiere del ecuatoriano porque lleva una pizca más de dulce, y aceite en lugar de manteca.

Un proyecto que cambió al pueblo

Para dotar de los servicios básicos como agua y luz eléctrica a los campamentos primero debieron hacer lo propio en los recintos aledaños. San Luis es un ejemplo de ello. Hasta antes de este megaproyecto carecían de todo.

Eso sí, aún no hay líneas telefónicas y solo opera una de las 3 compañías celulares. Mientras que internet se oferta en una sola casa, pero es poca la demanda. “Antes habían más personas. Ahora son contadas”, dice María, quien llegó desde el Cotopaxi hace 10 años.

Hoy, en medio del lastre, las hierbas crecidas y hasta la basura que se divisa en las veredas resaltan la vía de hormigón por la que van y vienen camionetas que llevan material a Coca Codo. Por esta ruta también caminan residentes y forasteros en busca de distracción.  

Los chinos solo lo hacen por la tarde y en grupos de coterráneos. No se relacionan con los ecuatorianos por la dificultad para entender el idioma. Aunque sí se integran a ciertos juegos como el futbolín o el voley al interior del campamento. Pero afuera nada. Solo transitan para comprar frutas, cerveza y cigarros, los únicos productos ‘externos’ que consumen.

La mayor distracción de los compatriotas está en los cotejos de voley desarrollados por las tardes en la única cancha del lugar. Para ello pagan $1 por el alquiler del balón. San Luis tiene 192 habitantes y un subcentro de Salud que atiende de lunes a viernes.

Junto a este se encuentra la escuela fiscal 12 de Febrero, donde 4 docentes enseñan a 62 alumnos. Para la enseñanza secundaria deben trasladarse al Chaco o al Reventador (ambos a 1:15 de distancia, mínima). No hay hoteles.

Las dos casas más grandes del lugar, edificadas en hormigón, rentan cuartos a los esporádicos visitantes y también a aquellos que no se adaptan a compartir la habitación con 4 o 5 compañeros en el campamento.

Por mes se paga $100 por un cuarto. La mayoría de los pobladores de San Luis también son empleados de Coca Codo. Por eso descuidaron sus terrenos en el Alto Coca, donde producen naranjilla y tomate, que no podían comercializar por falta de carreteras internas.

Cuentan que esperan regresar a sus campos, una vez que finalice el proyecto hidroeléctrico, una obra que ha cambiado la rutina desde el año 2010.

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