Los niños son los más activos y han convertido la recopilación de envases en la playa en una diversión

El reciclaje de basura transforma la vida de 9 comunidades de la Ruta del Spondylus

- 15 de julio de 2015 - 00:00
En la punta de Montañita los niños miembros del Club Ecológico de la localidad salen con adultos en minga a limpiar la playa. Foto: Nina Romero / El Telégrafo

Los niños son los más activos y han convertido la recopilación de envases en la playa en una diversión

La vida junto al mar es apacible en Ballenita y Olón, península de Santa Elena. A pesar de las limitaciones económicas de las pequeñas comunidades costeras, algunas familias no parecen dar mayor importancia a las carencias, por el contrario, la brisa y el sonido de las olas ayudan a llevar la rutina con buena disposición.

Cada mañana las madres llevan a sus hijos a la escuela, para luego regresar a preparar los alimentos. Los hombres salen a trabajar.

No todos son pescadores, muchos tienen pequeños negocios relacionados al turismo, aunque es notorio que las mujeres son el ‘músculo’ del hogar.

Hace 5 años, estos habitantes de localidades a lo largo de la Ruta del Spondylus se comprometieron con un proyecto que cambió su cotidianidad.

Por las mañanas ya no llevan de la mano solo a los niños, también sostienen bolsas para recoger materiales de desecho, botellas, cartones y cualquier objeto que dañe la imagen de la playa o de sus pequeñas y polvorientas calles.

“Cuando regresamos, hasta en los buses recogemos botellas”, dijo Lourdes González, habitante de Ballenita e integrante activa de un proyecto ambiental de la empresa Plásticos Industriales. Si bien se trata de una iniciativa privada, son los habitantes costeros quienes le dan vida a la campaña.

María Verónica Larrosa, vocera de la empresa, comentó que la mayoría de los desechos plásticos de la industria llegaban a estas zonas costeras, pero no cumplían su ciclo.

“Son productos que deben tener un correcto procesamiento y una disposición final adecuada, pero no estaban siendo tratados ni reciclados”.

Las poblaciones que participan en el proyecto son Ballenita, San Pedro, San Pablo, Valdivia, Ayangue, Libertador Bolívar, Olón, la Punta de Montañita y Curía.

Manuel Yagual, coordinador de la actividad en Ballenita, un balneario de 2.800 habitantes, mencionó que comenzaron con 20 familias de la localidad y ahora son 70. Esto les ha permitido mantener no solo la limpieza de su entorno, sino también ganar algo de dinero.

La localidad ha llegado a recibir hasta $ 500 al mes, lo que, si bien no es una gran cantidad, es recibido con agrado por sus habitantes.

Cada mes, un camión contratado por la empresa se desplaza desde Guayaquil hasta estas comunidades para cargar el material de desecho y hacer el pago a los recicladores. Las familias se reúnen en un punto y allí entregan todo el material.

Por lo regular el vehículo llega con $ 600 a la península, pero en los mejores tiempos de recolección -que casi siempre es el de temporada playera-, no alcanza a visitar todas las poblaciones.

Según Yagual, su familia ha llegado a recolectar hasta 40 kilos de botellas plásticas, vidrios y cartones. Otros alcanzan los 80 kilos.

La actividad de recoger desechos por calles y playas ha despertado también nuevas ideas entre pobladores. González, por ejemplo, aprendió cómo transformar un viejo short en un bolso con ayuda de ganchos y tiras de lana reciclados.

“Quién sabe si a futuro podríamos crear alguna microempresa, ese es nuestro objetivo”. Yagual señaló que con el dinero adquirieron un juego de mesas y sillas plásticas para uso de la comunidad.

Para el pago, el programa ‘Con Pica recicla’ maneja las tarifas del Servicio de Rentas Internas (SRI) del impuesto redimible a botellas plásticas: 2 centavos por cada una.

Un cambio de cultura

A lo largo de este tiempo la Ruta del Spondylus sufrió una transformación. Adultos y niños ahora conocen por qué reciclar tiene su impacto positivo en el ambiente. Saben clasificar los desechos orgánicos e inorgánicos, el plástico y el vidrio como expertos.

Bajo tales principios lo hacen en casa y cada mes salen en minga a recorrer las playas para dejarlas limpias.

En la punta de Montañita, con el revuelo propio de la infancia, los chicos corren descalzos por la arena para alcanzar primero una botella, una tarrina o una cuchara plástica que luego depositan en sus respectivos sacos.

Casi siempre van acompañados por las mujeres de la familia. Los extranjeros propietarios de restaurantes y hoteles de la punta de Montañita colaboran, los animan y convierten la recolección en un juego.

Desde los 6 hasta los 12 años, los niños de todas las comunidades asisten cada sábado a un club ecológico en donde aprenden los principios del cuidado ambiental y desarrollan habilidades artísticas, pintan, hacen adornos y murales con material reciclado.

Una colorida escena costera hecha con tapas de botellas se exhibe en uno de los caminos de la punta de Montañita, entre las estructuras de caña de los hoteles de corte ecológico, característicos de este balneario.

Al final del año, las familias reciben otros incentivos económicos por parte de la empresa. El único requisito es participar en las actividades y tener una playa libre de desechos. Yagual aseguró que Ballenita permanece 80% limpia.

Jefferson Tigrero, presidente de la comuna de Olón, dijo que el interés en la conservación y lo involucradas que están las más de 70 familias en este proyecto les ha cambiado la vida. (I)

Datos

Plásticos Industriales ha colocado 64 estaciones de reciclaje en Guayaquil, 10 en Playas y 39 en la isla Santay, con la finalidad de receptar los desechos de la ciudadanía.

Según datos del Servicio de Rentas Internas (SRI), hasta noviembre de 2014 se devolvieron alrededor de $ 25 millones a centros de acopio y recicladores en el país. La normativa fue expedida en 2011.

El reciclaje de una funda de elementos no orgánicos disminuye en 5% la huella de carbono. En Ecuador cada persona produce 0,75 kilos de residuos al día.

Desde hace 5 años participan en un proyecto que recolecta plásticos de las playas. En Ballenita han ganado hasta $ 500 al mes con el impuesto redimible a botellas. Para ellos representa una fortuna.

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