El “líder” opositor (Lasso) ¿garantiza estabilidad política?

19 de febrero 00:00

La derrota de Guillermo Lasso era previsible. Y más cuando al final de la campaña descuadró el libreto montado desde hace más de un año. No pudo contener sus impulsos. En determinadas entrevistas se le “fue la mano” contra Correa y ahí resbaló. Su irascibilidad fue más notoria el jueves pasado en una entrevista con Gonzalo Rosero: habló pestes del Gobierno, acusó, culpó, sentenció. En otras palabras “moralizó” su política y sus ofertas. Por tanto, perdió el libreto.

¿El domingo por la noche, en cambio, mostró lo que le sugerían los asesores extranjeros? ¿Hizo gala de calma, de serenidad, de sonrisas “colgate” y de extender la mano? Sí, el guión volvió a funcionar y por eso pudo sostener lo que entre líneas siempre fue su razón de ser en esta campaña: “prepararnos para las próximas batallas”.

Las municipales son ahora su objetivo. Y no solo de Lasso, también lo han expresado los siete perdedores, quizá no como opción personal sino para sus organizaciones. De hecho, los analistas no se equivocaron: Lasso trabaja a largo plazo y, con seguridad, como su discurso lo evidenció , volverá a ser candidato en 2017.

¿Dónde estuvo el éxito de Lasso para colocarse en el segundo (bien lejano) puesto en la tabla de posiciones electoral? ¿De dónde sacó esos votos y por qué tuvo un importante reconocimiento mediático todo el tiempo?

Quizá porque la derecha lo señaló como el sucesor directo de quien, en la práctica, simbólicamente está llamado a dar las peleas políticas más frontales. Y esa derecha, además, recuperó para sí a algunas figuras que se encontraban desperdigadas: Andrés Páez, Patricio Donoso, Juan Carlos Solines, entre otros. Con ellos definió una postura muy clara de oposición plena a lo medular del proyecto político de PAIS: el rol del Estado en la construcción de sociedades democráticas y para combatir la pobreza y la inequidad.

Por eso, aunque no fue lo más público y notorio, la disputa ideológica estuvo en eso: qué rol le querían dar al Estado cada uno de los actores de los comicios y cómo se implementaba el modelo bajo cada una de las dos opciones. De ahí que la apuesta de la gente por darle continuidad a lo vivido en los últimos seis años habla claro del resultado.

Ahora bien, es cierto que con los datos todavía no definitivos hay una lectura que hacer de los próximos cuatro años y el papel que jugará la oposición de derecha.

Primero: no va a ceder en nada. Lo demostró en la campaña. Se opondrá a toda iniciativa que “afecte” al capital. Si ahora fueron los impuestos su campo de disputa, mañana, si Correa inicia la revolución agraria, dirán que no es posible para el desarrollo agrícola, colocarán fantasmas como la expropiación y la usurpación al sector privado. Y para ello utilizarán todas sus herramientas, como ya lo hicieron con leyes como las antimonopolio, de control de mercado, de la economía popular y solidaria, así como el financiamiento vía bancaria del bono de desarrollo.

Segundo: pasados los días del impacto de la derrota, volverán los medios privados y comerciales a trabajar en plena sintonía con esa derecha y lo harán para oponerse, por ejemplo, a la aprobación de la Ley de Comunicación, que espera cuatro años el cumplimiento del mandato constitucional y dos de la consulta popular. Para ello, no solo que saldrán los defensores de la libertad de expresión desde las filas de CREO sino que vendrán desde el exterior esos cuadros y “figuras” morales y mediáticas para sojuzgar todo intento de regulación válida y legítima.

Tercero: las elecciones municipales del próximo año se sustentarán en un trabajo de disputa con los líderes locales que ahora sostienen una firme alianza con PAIS. En ese plano habrá mucha tinta para los medios y sobre todo una serie de acciones y operativos políticos para situar sus figuras y posturas.

Entonces, el panorama de este año, con Correa consolidado como un fenómeno político histórico, no será motivo para ningún tipo de reconocimiento y menos de concesión por parte de la derecha. Ahí cabe entonces la pregunta de fondo: ¿el autodenominado nuevo líder de la oposición, quien ocupó el segundo lugar con 30 puntos de diferencia de Correa, garantiza la estabilidad política que requiere Ecuador para concretar el plan de Gobierno propuesto en estas elecciones?

Si hay que hacer un llamado a la cordura a la oposición es en esta línea, pues no se trata de hacer bellos y tiernos discursos sino de expresar sus contenidos en acciones concretas.

Lo que viene será un campo minado muy sutil para revelar el comportamiento verdadero de actores que no van a aceptar con facilidad una derrota de la magnitud ocurrida y experimentada el 17 de febrero.

Los resultados, además, en las provincias pequeñas prueban también que se reconfigura el panorama local. Por ende, en ese terreno habrá una tensión para analizar qué papel jugará  cada uno de los actores, en particular la derecha que espera colocarse ahí como un decidor fundamental.

De todos modos, en la poscampaña todavía quedan por analizar las configuraciones y reacomodos que al interior de la derecha se producirán. Por un lado está el tema de esas figuras agotadas y en decadencia, pero también el surgimiento de otras que aspiran a colocarse en la línea de batalla para ganar presencia, reconocimiento y un lugar en las próximas elecciones.

Y en todo ello qué rol va a cumplir Guillermo Lasso. ¿Va a ser ese activo político que convoca a reuniones, que sale a las calles, que establece y define alianzas, marca la agenda legislativa de la oposición y define unos derroteros para sus seguidores? ¿Piensa sostener el libreto que le dio resultados por dos meses y que lo desbarató en dos semanas?

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