Primera parte

¡La violencia se maquilla!: La carne más barata del mercado

La campaña en este país muestra en inicio una agenda con algo de coaching motivacional.
20 de diciembre de 2020 00:00

En pasados días una reconocida e internacional empresa de venta directa de productos de belleza e higiene, presentó un “Protocolo de prevención, intervención y acompañamiento integral frente a casos de violencia basada en género” herramienta rimbombante que indicaron está enfocada hacia la empresa privada, por lo que uno de sus aliados es este sector. Por otro lado, de acuerdo a la presentación de este “protocolo” se indicó que forma parte de una campaña informativa que cuenta con donativos empresariales como parte de su responsabilidad social empresarial (RSE).

Al mismo tiempo la propuesta de la empresa está (aparentemente) articulada con otras instituciones públicas, un organismo internacional y una ONG. Lo que no quedó claro en la presentación fue el link de la mentada herramienta con estas últimas instancias, además del discurso retórico y vaciado del tratamiento “integral” de la violencia.

Hay varios temas aquí, disonantes por cierto, los cuales por razones de espacio iré desglosando en esta y las siguientes entregas ¡empecemos!

Un "instrumento" restrictivo

A pesar de que en el evento se anunció que este “protocolo” se presentaba a la ciudadanía en general, para “aplicarse incluso en los hogares” y se colocaba a “disposición” de estas instancias aliadas, motivo por lo cual incluso se firmó un documento definido por la empresa como “simbólico” ( nadie me supo explicar aún esta categoría ¿acaso no es un compromiso fáctico, sólido, integrado?) el “protocolo” en cuestión, no se encuentra dispuesto en ninguna de las páginas web institucionales de los firmantes ni de la empresa, por lo tanto es restrictivo.

Luego de un peregrinaje amplio tras los pasos del mismo, de la exigencia de un trámite insulso casi policíaco que demandaba notas dirigidas entre ellas hacia la abogada de esta empresa, con una susceptibilidad notoria e injustificada, situación que desde ya identifico como violenta y luego de no tener mayor respuesta más allá de una posible promesa de reunión (seguro promocional para comprar un kit de maquillaje) no me quedó más que solicitar este documento tanto a la ONG involucrada como a la institución pública firmante, esta última con la obligación de brindar esta información de acuerdo a ley. Para sorpresa mía, estas firmantes “aliadas” de la iniciativa me indicaron que en realidad están esperando que esta empresa les envíe el documento, situación que hasta el cierre de este artículo no sucedió. De parte de la institución pública estoy en espera de contar con esta información, prometida para la siguiente semana, que sin duda, si deciden enviármela, será interesante para continuar con este análisis.

Mientras tanto, la pregunta aquí es clave ¿si hace poco más de 7 días este documento se ha presentado públicamente y los aliados firmaron, no tendrían que tener una copia con anterioridad para saber qué están validando, no tendría que estar dispuesta en una página web? Ahora bien, por el tipo de intervenciones durante el evento, la dispersión y lluvia pornográfica de datos vaciados de sentido de parte de los firmantes, dónde incluso algunos manifestaron asombro por no tener idea de esta “cruel realidad de violencia contra las mujeres” (como si fuera una novedad) sería válido pensar que estaban en este acto más para acompañar a la empresa en un acto amable y que no tienen idea de la estructura misma del tan elogiado aporte.

¿Qué hay detrás del secretismo y el recelo? No sería extraño constatar cómo se ha visto en varios espacios, que ahora la violencia contra las mujeres es un atractivo negocio: sea para lograr descuentos en vallas publicitarias en espacios públicos (cosa que muchas empresas en la región hacen con distintos productos) sea para vender estos “protocolos” como insumos de coaching dentro de otras empresas, sea para capturar bases de datos en esas otras empresas para lograr ampliar su base de “colaboradoras” entiéndase en este caso , de vendedoras precarizadas de cosméticos.

El tipo de "campaña"

La campaña en este país muestra en inicio una agenda con algo de coaching motivacional que incluye un masterclass de “maquillaje para hacer visible la inequidad” en una “sala Rubí”. Me imagino que aquí entra la estrategia de la compra de tu primer kit de maquillaje para “empoderarte” y empezar a venderlo, sin embargo, aquí no termina lo desconcertante, la misma campaña en otros países, incluye en su página, recetas de cocina y la opción de que registres tu voz o testimonio, o sea para que cuentes tu dolor.

Por otro lado, este tipo de empresas venden una ilusión de independencia, que por el modelo de negocio que les caracteriza, tenderá a involucrar la mayor cantidad de mujeres con unas cuantas al mando quienes pretenden, mediante comisiones ganar ese anhelado viaje o el “premio” de la empresa, es decir, la realización de aquella que podrá ganar más tras explotar el tiempo, las expectativas y la necesidad de otras, de hecho una de las aliadas firmantes hablaba del “alma empresarial” y coincido, con este esquema de negocio, el amigo de Fausto estaría feliz. Hasta aquí, sin duda el inconsciente les ha traicionado.

Ojalá que en Ecuador y el mundo en general, el dolor y el hambre no sea más el motivo de valla para venderte un labial, ojalá que el “por lo menos hacen algo” deje de ser una excusa para lo inaceptable, ojalá que con tal de aceptar fondos de dónde sea se haga cualquier cosa, como seguir levantando diagnósticos sin sentido, que de tanto repetirse re victimizan y duelen porque no dan un paso más allá, porque no salen de su mediocridad. Ojalá se comprenda que la muerte y dolor de una mujer no es un negocio. (O)

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