“Victoria que los peruanos vigilan”

19 de junio de 2011 - 00:00

Durante la tercera semana de mayo realicé, en autobus, una travesía por varias ciudades de Perú: Piura, Lima, Cuzco (Machu Picchu), Aguas Calientes, y Máncora, en ese orden. En la ruta Piura - Lima, trabajadores agrícolas iniciaron una huelga. Fue la excusa idónea para que nuestro chofer diera cátedra de cómo funciona el poder en Perú.

Nos explicó que todo el dinero del Estado se queda en Lima, que como la población está sumamente centralizada, ni los limeños ni los políticos tienen idea de las necesidades y los deseos de los habitantes de otras zonas.

Tenía sentido: allí se concentra algo así como el 40% de la población total de Perú. El chofer se mostraba indignado y mencionó que Keiko Fujimori era la candidata del continuismo. Le pregunté si entonces votaría por Humala y me respondió que sí, no sin cierta resignación.

Durante las 12 horas que duró el bloqueo de los huelguistas, la postura de todos aquellos con quienes hablé no varió demasiado. Cuando iniciamos nuevamente el camino, el paisaje les daba la razón: cientos de kilómetros de desierto salpicado de propaganda política de ambos bandos y casas de mimbre o cartón en medio de la nada. Al fin llegamos a Lima, rodeada de un ancho cinturón de pobreza cuya existencia es sistemáticamente negada por el ciudadano común.

Hablé con taxistas y meseros. Escuché conversaciones ajenas en la calle y en los bares. No hallé una sola persona que estuviera dispuesta a darle el voto a Humala. Los “de Keiko” no abanderaban la causa con desdén, sino con entusiasmo. Un taxista incluso hizo una semblanza casi poética de la familia Fujimori.

En Cusco, la opinión política local era menos visible. En general así sucede con las ciudades que viven del turismo. En un tren a Machu Picchu, un peruano de unos 35 años me comentó: "Un amigo español me llamó el otro día diciendo que no entendía que un día re elegimos a García, que causó la más grave crisis económica del Perú; y luego nos disponemos a elegir entre un hijo de Chávez y la hija de un ex presidente corrupto que casi fue dictador".

El presunto crecimiento económico que ha tenido Perú en estos años, verdadero o no, no se refleja en la sociedad. No es necesario esforzarse demasiado para encontrar  aquellos "errores del sistema" que afean el paisaje turístico.

La tonalidad de las opiniones  no varió mucho desde entonces, salvo en Máncora, donde a nadie le importa un bledo la política. Eso sí, la influencia de Fujimori sobre el electorado, innegablemente positiva en Lima, se iba diluyendo fuera de ella. De ahí que aquel domingo de elecciones, cuando informaron que tras finalizar el conteo de votos en Lima Humala se encontraba arriba por escasos 20 mil votos, estaba bastante seguro de que ganaría. Pero es una victoria que los peruanos, más que celebrar, vigilan.

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