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La asistencia sigue colapsada en Célebes tras tsunami

Entre las víctimas hay 34 niños enterrados en un campamento religioso en Sigi. Durante el fenómeno geológico el terreno se licuó como si fuera líquido. Autoridades buscan supervivientes.
03 de octubre de 2018 00:00

La cifra de víctimas mortales que causó el terremoto de magnitud 7,5 y posterior tsunami que golpearon la isla indonesia de Célebes el viernes pasado subió a 1.234.

Los equipos de rescate apresuran la búsqueda de supervivientes, aunque todavía no pueden llegar a todas las zonas afectadas, como el distrito de Sigi Biromaru, debido a las carreteras cortadas y los daños en las infraestructuras.

Además, la población sigue en pánico, ya que el suelo indonesio aún tiembla. El Servicio Geológico de Estados Unidos reportó este martes 2 de octubre otro sismo de magnitud 6 en la isla de Sumba, sur del país.

El aumento de la cifra de muertos se debe a que los equipos de rescate entraron en zonas que estaban inaccesibles desde el viernes pasado, cuando se fraguó la catástrofe con un seísmo de magnitud 6,1 que mató a una persona e hirió a 20 y al que le siguió, tres horas después, el terremoto de 7,5 y el tsunami, explicó el portavoz de la Agencia Nacional de Gestión de Desastres (BNPB), Sutopo Purwo Nugroho.

Entre los muertos hay 34 estudiantes de teología cuyos cuerpos fueron retirados de entre los escombros de una iglesia devastada. Los niños, de entre 13 y 15 años, fueron sorprendidos por una avalancha de barro mientras participaban en un campamento de estudio de la Biblia en la regencia de Sigi, una zona montañosa situada al sur de Palu, en la isla de Célebes.

Dos organizaciones internacionales y 26 países ofrecen asistencia en la búsqueda y atención de las víctimas.

Zonas inaccesibles

Sutopo Purwo admitió que hay áreas en la región central de las Célebes en las que es difícil acceder. “Hay algunos sitios a los que no podemos llegar. En Donggala por ejemplo hay  distritos donde tenemos que enviar suministros en helicóptero”, corroboró el coronel del Ejército indonesio, Muhammad Thohir, quien participa en las labores de rescate en Palu.

Palu es la capital de la provincia de Célebes Central, tiene una población de  350.000 personas y es vecino del distrito de Donggala, con 277.000 habitantes; ambos están considerados como los sitios más afectados por el terremoto y el tsunami.

El coronel indicó que los suministros de carburante y agua potable están llegando, aunque aún son insuficientes para las necesidades de decenas de miles de  perjudicados que lo han perdido todo. Asimismo se trabaja en restablecer el servicio eléctrico y de telecomunicaciones y en reabrir las carreteras.

Los sobrevivientes, en tanto, luchan contra el hambre y la sed. La desesperación es patente en las calles de Palu, donde la gente escala las montañas de restos a la búsqueda de algo recuperable.

Otros se amontonan alrededor de los pocos edificios que aún tienen electricidad, o hacen cola para obtener agua, dinero en efectivo o combustible, escoltados por convoyes de policías armados.

Licuefacción del suelo

Para los geólogos la tragedia de Indonesia aporta nuevos datos sobre un fenómeno conocido pero poco analizado hasta el momento: la licuefacción del suelo.

En algunas de las zonas afectadas el suelo fluyó como si fuera un líquido.  “Cuando se produjo el terremoto, las capas que están debajo de la superficie de la tierra se volvieron fangosas y sueltas”, explicó el director de la BNPB.

La cadena BBC destaca que en Palu damnificados reportaron el fenómeno indicando que el suelo se levantó como si fuera una ola de barro. “El suelo se abrió de repente y comenzó a removerse como si fuera una gran olla de sopa”, dijo un habitante.

Esto sucede porque el seísmo incrementa la presión del agua en suelos saturados de líquidos (como en Indonesia debido a las lluvias tropicales). Este fenómeno geológico también se registró en el terremoto de Nueva Zelanda en 2010 y en el gran terremoto de Alaska de 1964. (I)

Las personas hurgan entre los escombros de casas destruidas en Palu para rescatar pertenencias y familiares, después de que un terremoto y un tsunami azotaron el área el viernes pasado.
Foto: AFP
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