Terremoto y tsunami destruyeron al Japón

11 de marzo de 2011 - 23:32

Un devastador terremoto de 8,9 grados en la escala de Richter seguido por un tsunami con olas de diez metros sacudió ayer a Japón.

Las consecuencias del fuerte movimiento telúrico que golpeó la costa oriental del país asiático, el peor registrado en su historia, fueron catastróficas: se estima que al menos 384 personas murieron. De ellas, más  de 200 se han encontrado en la playa de Sendai (noreste, prefectura de Miyagi). Sin embargo,  se teme que la cifra de fallecidos pueda llegar al millar.  El número de desaparecidos se eleva a 707 y el de heridos a 947, según datos actualizados por la policía.

El fuerte temblor se registró a las 14:46 hora local (00:46 hora de Ecuador), a 24,4 km de profundidad, a una centena de kilómetros de las costas de  Miyagi y a 380 km al norte de Tokio, según datos del Instituto de Geofísica de Estados Unidos. Fue seguido por unas 40 réplicas, una de ellas de magnitud 7,1.

El fuerte sismo también dejó  sin electricidad a millones de personas en todo el país, donde se ha decretado el estado de “emergencia de energía nuclear” por problemas en una central.
El tsunami con olas de hasta 10 metros  penetró  5 kilómetros tierra adentro y arrasó casas  en las provincias del noreste. Solo en la prefectura de Fukushima hay cerca de 2.000 viviendas destruidas. “Mi barrio está totalmente a oscuras. No tenemos ni luz ni agua potable”. Tampoco tenemos calefacción”, expresó Makiko Tazaki, que reside en Sandai, capital de la prefectura de Miyagi.

Tazaki estaba sola en casa cuando sobrevino el terremoto. “Me agarré a una columna. Me di cuenta de que se trataba de un terremoto. Estaba aterrorizada”,  contó.

Pese a que el  presidente de Estados Unidos, Barack Obama, manifestó ayer que no había evidencia de una filtración radioactiva,  horas después, el ministro de Economía, Comercio e Industria nipón, Banri Kaieda, admitió que la planta podría sufrir una pequeña fuga de radiación, según las agencias de noticias japonesas.

Por ello, el  primer ministro japonés, Naoto Kan, ordenó a los habitantes evacuar a un radio de 10 km en torno a la central nuclear, debido a su radiactividad 8 veces superior a lo normal y a un riesgo de fuga, según la agencia de prensa Jiji, que cita al Ministerio de Industria. Se estima que  2.000 personas que viven a proximidad de una central de Fukushima, al sur de Sendai, tuvieron que evacuar.

En Tokio, los edificios temblaron durante dos minutos después del sismo y la mayoría de los habitantes se precipitó a las calles, mientras se desencadenaban una decena de incendios. Un gigantesco incendio se produjo en una refinería de la ciudad de Iichihara, en la región de la capital.

Millones de personas se encontraban al caer la noche sin poder regresar a sus hogares a causa de la interrupción del sistema de transporte subterráneo.

Las autoridades instaron por altavoces a los empleados a dormir cerca de sus oficinas y los hoteles de la región pronto se llenaron.

Las imágenes que mostraban las cadenas  televisivas fueron apocalípticas. Captadas desde un helicóptero mostraron buques de carga, automóviles y toneladas de materiales de todo tipo arrastrados por una gigantesca marea de agua pardusca estrellándose contra las costas.

También mostraron torrentes de lodo desbordando el cauce del río Natori y destruyendo campos en la zona de Sendai.

Trece horas después del sismo de 8,8 grados que golpeó la  costa oriental del país, un nuevo terremoto de 6,6 grados en la escala de Richter sacudió   las provincias de Nagano y Niigata, en la costa occidental de Japón.

El nuevo terremoto tuvo lugar hacia las 04:00 (hora local)  y se sintió en Tokio, donde los edificios volvieron a temblar, aunque la Agencia Meteorológica de Japón no  emitió en esta ocasión alerta de tsunami.

Las redes sociales se convirtieron en el medio utilizado por centenares de miles de personas para tranquilizar a familiares, comentar situaciones o dar localizaciones, y en pocas horas se acumularon miles de mensajes, dado que la telefonía móvil y fija no funcionaban.

El gobierno pidió el auxilio de las fuerzas estadounidenses estacionadas en el archipiélago para paliar los efectos del sismo y el tsunami.

Las respuestas llegaron de inmediato.  El presidente de Estados Unidos, Barack Obama,  reveló que un portaaviones estadounidense ya se encuentra en aguas japonesas y un segundo se dirige hacia allí, mientras que otro barco se encamina a las islas Marianas para asistir en lo que sea necesario.

Según JPMorgan Cazenove, el coste vinculado al sismo en Japón podría situarse entre 1.000 y 2.000 millones de dólares solamente para los reaseguradores europeos, aunque se trata de una estimación muy preliminar.

Japón se encuentra  en el llamado cinturón de fuego del Pacífico, una zona de actividad volcánica sobre placas de la corteza terrestre que se hunden a gran velocidad geológica (varios centímetros por año) en otras placas, un fenómeno que acumula enormes tensiones que deben liberarse en forma de temblores. La capital, Tokio, está situada en uno de los puntos más peligrosos.

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