Suecia espera disminuir la curva de contagios a través de la circulación controlada del virus

18 de mayo de 2020 09:08

El 'modelo sueco' de lucha contra el coronavirus, basado en el 'confinamiento inteligente' y la responsabilidad social, se ha convertido en un tema polémico, mientras el mundo ve cómo este país no ha tenido que pasar por ninguna de las medidas adoptadas por casi todo el planeta.

Lo de Suecia podría decirse que es un “caso aparte”. Por un lado, es uno de los países con el mejor estado de bienestar del planeta, y por otro, apostó a una estrategia contra el coronavirus que si bien permite total libertad para toda su gente, se contabilizan muchos muertos a causa de la expansión del virus. Las ciudades están repletas de gente, pero las estadísticas son, al menos, preocupantes.

Según datos recogidos por el sitio web Our World in Data, Suecia cuenta en estos momentos con 361,02 muertos por cada millón de habitantes.

En Dinamarca esa cifra es de 92,71; en Finlandia, de 52,88, y en Noruega, de 42,80. Con otro tipo de lectura, supone que Suecia tiene un muerto por cada 2.784 habitantes, Dinamarca, uno por cada 10.700, Finlandia, uno por cada 18.552, y Noruega, uno por cada 23.146.

En cuanto a casos confirmados de coronavirus, Suecia tiene un contagio por cada 344 habitantes, Dinamarca, uno por cada 535; Finlandia, uno por cada 876 y Noruega, uno por cada 649.Suecia no ha interrumpido actividades públicas por ley, si bien la última palabra al respecto la sigue teniendo la autoridad sanitaria.

Su política se basaba en la recomendación de mantener la higiene, la distancia física, el teletrabajar, restringir los movimientos innecesarios, y sobre todo en el caso de personas con patologías previas y personas de edad.

Hasta la fecha, casi que no existe limitación alguna para que los suecos puedan estar en bares y restaurantes abiertos, en centros de compras, viajando en barco y todo tipo de actividades. Sin embargo, la comunidad científica internacional está preocupada por el creciente número de índices de mortalidad. Dichas cifras se dispararon en relación a los países cercanos.

La estrategia sueca quiere evitar el pico de retorno que se puede registrar después del bloqueo, una vez reabierta la sociedad”, detalla a la agencia ANSA Patrick Bryant, experto de Modelos Estadísticos en Biología de la Universidad Estocolmo. Básicamente, apunta a disminuir la curva de los contagios a través de una circulación controlada del virus, sin poner en cuarentena a la sociedad y dotándola de anticuerpos.

Libertad pero con muertos

Visto de otra manera, para el Gobierno el objetivo es lograr un escudo inmune masivo, una “estrategia peligrosa” según afirma el matemático Wounter van der Wijngaart: “Estamos dejando que los contagios continúen, con mínimas precauciones. Y esto costará muchas más muertes, si lo hubiéramos detenido incluso solo dos meses, para luego reanudar, sin dudas hubiéramos sido más eficaces”, dijo a la prensa internacional. 

Hasta hoy, se confirmaron más de 3.700 decesos en un país con 10 millones de habitantes, lo que ubica a Suecia en el octavo puesto mundial por mortalidad de la covid-19. Esto la lleve a sufrir seis veces más casos que Noruega o Finlandia, en proporción de habitantes.

Probablemente deberíamos haber suspendido antes los grandes eventos deportivos. Pero el error más grave es aún es no haber protegido a los ancianos en los geriátricos”, detalló el científico bio-informático Arne Elofsson.

Al mismo tiempo, más voces creen que en Suecia los ancianos quedaron muy desprotegidos por el Estado en relación a la idea de permitir más libertad a los suecos a costa del peligro de contagiar a quienes se encuentran en los grupos de riesgo. “Pienso que estamos haciendo lo correcto, ya muchos se sienten solos y abandonados. No podemos saber qué nos depara el futuro, para mí está bien así”, aseguran.

“No seguimos ciegamente al gobierno, es más bien que el gobierno cree en una relación de mutua responsabilidad. A la gente no se le dijo que la considerada inmunidad colectiva causará muchas muertes. Tampoco fue hecha una estimación vaga de cuántas personas morirán por este enfoque y es por eso que las personas no protestan”, indica Van der Wijngaart, quien concluye: “Para algunos parece una apuesta ciega, para otros un experimento social frío”.

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