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Reflexiones tras la derrota del kirchnerismo

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27 de noviembre de 2015 00:00

Finalmente se produjo, luego de varios intentos fallidos de las oposiciones en Venezuela (2013) y Brasil (2014), la primera victoria de una opción de la derecha política en Argentina luego del ciclo de los gobiernos progresistas iniciado a principios del siglo XXI en la región. Entre las causas de la derrota del Frente para la Victoria podemos encontrar una economía con alta inflación, varias acusaciones de corrupción y, especialmente, un modo de gestión del poder centralizado en el liderazgo de Cristina Kirchner, que comenzó a entrar en una crisis en su relación con la sociedad, al tiempo que se producía la merma en las exportaciones originada por la crisis internacional.

El Pro, de Mauricio Macri, muchas veces subestimado por el kirchnerismo, resultó ser la expresión partidaria más competitiva para un electorado que se inclinó hacia una alternativa. Los sectores que durante estos 12 años experimentaron el ascenso social, consideran los beneficios obtenidos como positivos, a la vez que la mayoría cree que Cambiemos mantendrá estos derechos.

El batacazo de un amplio sector del electorado en la primera vuelta del 25 de octubre, que contrariamente a los pronósticos, colocó a Macri a pocos puntos de Scioli y a Vidal como gobernadora de la Provincia de Buenos Aires, marcó una fuerte corriente de opinión, como señaló Eduardo Fidanza, que resultó difícil de revertir para el Frente para la Victoria. Así, con esta fuerte señal del electorado, el candidato Scioli y su equipo de campaña quedaron atrapados dentro del juego planteado por su oponente, cifrado en el lema de “cambio/continuidad”, debiendo también por momentos presentarse como representantes del cambio, pero a la vez sin poder distanciarse lo suficiente de la herencia kirchnerista. Además, la interna peronista, donde abundó el “fuego amigo” con intereses contrapuestos y acusaciones cruzadas, deshizo la idea de un frente unificado en apoyo a la candidatura de Scioli.

Por otra parte, la definición de la interna kirchnerista fue sin dudas un factor que debilitó las posibilidades del Frente para la Victoria. Como dijeron varios analistas, la elección de Cristina por Scioli sin permitir una competencia abierta en PASO restringió la autonomía que el candidato precisaba para legitimarse al interior del espacio y a la vez poder apelar a los electores independientes en forma temprana.

Luego de este resultado, de profunda significación para el país y la región en los próximos años, una de las preguntas refiere a qué sucederá con el peronismo, cuyas divisiones internas ya se manifestaron en la última campaña. ¿Se convertirá un sector mayoritario del peronismo en una oposición tanto al kirchnerismo derrotado como al macrismo? ¿O preservará algunos rasgos del giro de centroizquierda que caracterizó al peronismo de esta década? Preguntas para la nueva política argentina que viene.

La izquierda latinoamericana y el movimiento nacional-popular argentino tienen otras preguntas para hacerse, ¿Cómo reconstruir una fuerza popular derrotada en las urnas luego de 12 años de gobierno, que pueda renovarse para disputar los cargos ejecutivos? ¿Cómo evitar la disolución del kirchnerismo en un peronismo conservador que se prepara para engullir sus rasgos progresistas? ¿Deberá ser Cristina la conductora de esta transición o, por el contrario, será necesaria la emergencia de nuevos liderazgos que sin renegar del kirchnerismo expresen una renovación de esta corriente peronista de centroizquierda?

Muchas preguntas, y el amargo sabor de una derrota electoral luego de 12 años, que tendrá trascendencia no solo en Argentina, sino también en la región en su conjunto. (O)

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