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Pobreza lleva a filipinos a vivir en cementerios

Un vendedor de helados, que no vive en el Cementerio Norte de Manila, acude casi todos los días para hacerles más feliz y dulce la vida a los menores de edad que crecen entre lápidas y tumbas.
Un vendedor de helados, que no vive en el Cementerio Norte de Manila, acude casi todos los días para hacerles más feliz y dulce la vida a los menores de edad que crecen entre lápidas y tumbas.
Tomada de DW
26 de mayo de 2019 - 00:00 - Redacción internacionales

Tumbas que hacen de mesa de comedor. Para miles de filipinos los cementerios se han convertido en su hogar. En Manila, el más conocido es el Cementerio del Norte, donde 6.000 habitantes viven aquí con toda su familia desde la niñez, o incluso desde que nacieron.

Allí la vida es dura. No hay agua potable. Quien quiere asearse o lavar su ropa acude a la comunidad vecina y compra agua con algo de dinero.

La electricidad para ver televisión, encender ventiladores y disfrutar de videojuegos se toma, a veces de modo ilegal, de algún vecino que vive en una vivienda común.

Algunas de las personas que habitan entre las tumbas de este panteón, sobreviven gracias a la cuota fija que le cobran a los familiares de los difuntos para velar los mausoleos en donde están resguardados sus restos. Otras dirigen las oraciones ante la tumba en los días de funeral.

“Realmente no hay trabajo dentro del cementerio”, comenta a CC News Ferdinand Zapata, quien labora cincelando los nombres de los difuntos en las lápidas.

Se estima que 23,1 millones de filipinos (21 %) viven bajo el umbral de la pobreza, según la Subsecretaría de la Autoridad Nacional de Desarrollo Económico del país.

El cementerio parece la calle de una de las colonias más pobres de ese país. Los techos de lámina para resguardarse de la lluvia, la ropa tendida para secarse al sol y el consumo de drogas son característicos del lugar.

La represión de la política antidrogas del presidente Rodrigo Duterte acumula, hasta el momento, más de 5.000 asesinatos, cifra con la que rebasó a los 3.000 muertos registrados durante el periodo presidencial de Ferdinand Marcos, de 1965 a 1986.

Esta masacre que se realiza en las calles de Manila provocó que los vendedores de drogas y los consumidores perseguidos por el gobierno filipino, busquen resguardo en el Cementerio Norte.

La Fundación Metodista Kapatiran Kaunlaran imparte clases de matemáticas y lenguaje a niños en el camposanto. La maestra tiene la esperanza de que uno de cada 10 de ellos tenga mejores oportunidades, destaca DW. (I)

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