El Patch Adams brasileño se interna en el Amazonas con estetoscopio y ukelele

- 28 de julio de 2020 - 19:29
Anadolu

Vacío e inquieto se sentía Henrique Rego, un médico geriatra que trabaja en Sao Paulo, al ver que suspendían las actividades en la clínica en la cual atendía hasta antes de la pandemia y no dudó en hacer sus maletas para dedicarse a quienes más lo necesitaban. 

Era pleno mayo de 2020 y las imágenes que llegaban desde Manaos, capital del estado de Amazonas, eran aterradoras. Los muertos por covid-19 eran enterrados en fosas comunes del cementerio municipal, mientras los familiares de los fallecidos lloraban y mostraban su impotencia a la distancia. Hacia allá fue Rego, quien además de sus instrumentos de medicina, incluyó en su maleta una guitarra y un ukelele.

Desde el aeropuerto internacional Eduardo Gomes, de Manaos, se dirigió a Delphina Aziz, el hospital público que recibió el mayor número de contagiados de la capital amazonense, donde las camas de terapia intensiva comenzaban a escasear. Pero Rego ya sabía cuán complicado era el panorama. 

Además de su formación como médico en la Universidad Nacional de Río Grande do Norte, en el nordeste brasileño, de donde es oriundo, y de su posgrado en Medicina Integradora, Rego hizo un curso con el estadounidense Hunter Doherty, más conocido como "Patch" Adams, médico de la risoterapia que fue inspiración para una famosa película que protagonizó el actor Robin Williams.

“Siempre tuve esa inquietud. Más allá de mi profesión de médico, yo me defino como alguien dedicado a cuidar de las personas. Eso lo puedo hacer desde una consulta médica, usando un estetoscopio, con mi guitarra y mi música, o simplemente con una conversación de la vida, para acercarme a quien está sufriendo”, cuenta el geriatra.

Al ir ganando confianza entre sus colegas y los pacientes del hospital Aziz, Rego se animó a desenfundar el ukelele en las pausas destinadas al almuerzo. “Al principio, se sorprendieron, pero luego se fueron sumando con coros y palmas. Poco después, nos autorizaron a llevar la música al ala de pediatría, y otros compañeros que tocaban diferentes instrumentos se fueron sumando a la banda”, recuerda el médico.  

Como “cuidador de personas” –así le gusta que lo llamen–, Rego sabe que la prohibición que los pacientes con coronavirus tienen de recibir visitas o tener acompañantes en la habitación los hace sentir muy solos y el miedo a morir bajo esas condiciones los lleva a la desesperación. La música, entonces, aparece como un mecanismo de abstracción. “Puede parecer algo insignificante para quienes no están en esa condición, pero para los pacientes con el virus una canción puede ser una motivación extraordinaria”, dice. “Con el tiempo, aprendí a comunicarme con la mirada: podía verlos sonreír, aunque estuviésemos todos de tapabocas”, agrega. 

Poco tiempo después de su llegada, Rego era el gran animador de los “pasillos de la victoria”, esa breve y feliz ceremonia en la cual los pacientes dejan el hospital tras recibir el alta con un letrero que dice: “le gané al COVID”, envueltos en aplausos de los empleados del establecimiento.

El repertorio del médico es amplio, ya que busca satisfacer todo tipo de pedidos, según el gusto de sus compañeros y de los pacientes, todos de diferentes edades. “Interpreto desde clásicos brasileños como Almir Sater, Raúl Seixas, Roberto Carlos y Legiao Urbana, pasando por el sertanejo, las canciones religiosas y algunos cantantes internacionales que me gustan”, concluye Rego. (I)

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