Carlos, el niño genio que quiere curar al mundo

- 12 de agosto de 2018 - 00:00
Fotos: Internet

A sus 12 años este mexicano inició una licenciatura en física biomédica en la UNAM. Estima que su país está “en el hoyo” por “la falta de educación”

El joven y risueño Carlos Antonio Santamaría Díaz, de solo 12 años, inició el lunes pasado la licenciatura de física biomédica en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) con la ilusión de “sacar al país del hoyo en el que está” a nivel educativo.
“Mi objetivo primario, en la primera investigación que quiero hacer (...) es dejar la base para que médicos y biólogos puedan resolver los problemas biológicos que tenemos”, explicó Carlos ante decenas de cámaras y micrófonos durante una conferencia en la rectoría de la universidad pública.

“Si logramos construir una célula que se mantenga por sí misma, organelo por organelo, podemos resolver cualquier enfermedad. Porque si funciona perfectamente todo lo que hace una célula normal, significa que sabremos todo lo necesario sobre ella para resolver sus enfermedades”, dijo, con una sonrisa que deja ver los espacios de los dientes que ha perdido.

Con la misma templanza, estimó que México está “en el hoyo, en una tormenta”, principalmente por “la falta de educación” y pidió al presidente electo de México, Andrés Manuel López Obrador, “que no cometa los errores de los mandatarios anteriores, que no provoque revoluciones ni nada por el estilo”.

A los congresistas entrantes pidió “que piensen más en las minorías, que piensen en México como un todo (...) lleno de personas con aspiraciones y lleno de personas que no tienen aspiraciones porque no se les da las oportunidades”.

En esta línea, cree que el Gobierno debe, en un futuro, impulsar la creación en la UNAM de un grupo de niños súper inteligentes a los que él se ofrecería a guiar como un compañero más.

“Una de mis intenciones o responsabilidades sociales para con la UNAM es el proyecto de abrir un grupo de niños como yo. Abrirlo, dar una prueba para los niños que se quieren inscribir; los que no pueden van a “tronar” (reprobar), pero los que puedan se van a quedar y les quiero transmitir lo que yo sé, pero no como un profesor sino como uno más que está ayudando”, agregó.
Y es que Carlos no deja de ser un niño de risa incontrolable por momentos y que usa videojuegos pese al dominio de la retórica y el entendimiento de los conceptos abstractos que posee y presume.

Durante su comparecencia ante los medios reconoció que, además de sentir amor por la ciencia -cuyo primer gran amor fue la astronomía- es un gran aficionado por la alta literatura como Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez, o El quijote, de Miguel de Cervantes.

El menor ya había cursado previamente dos diplomados en la UNAM, uno en bioquímica y biología molecular y otro en química analítica. Aun así, para acceder a la licenciatura tuvo que realizar una prueba de acceso.
En este año al examen acudieron más de 72.000 aspirantes y solo se quedaron 6.300, entre ellos Carlos.

Para este unigénito, “la ciencia es un arma de triple filo. Es la llave para el avance, (pero también) para la opresión, la destrucción y por supuesto una llave para la felicidad”.

Sobre la educación actual en México, opinó que el sistema educativo “está caduco por la forma de enseñar”, abogando por sistemas educativos que no enseñen a memorizar sino que, mediante ejemplos prácticos, hagan comprender a los estudiantes por qué “las cosas son como son”.

En la elección de una carrera científica, en la que no tuvieron nada que ver sus padres, tuvo que ver su fascinación por la creación de la vida y su sueño de poder sentar las bases para la cura de enfermedades.
En todo momento Carlos parece observar el mundo que le rodea, pues no tardó en lanzar comentarios acerca de la vida y la evolución de la especie humana, impresionado por las altas cotas alcanzadas “tanto de conocimiento como de ignorancia”.

“El conocimiento viene de admitir nuestra propia ignorancia”. En esta línea observó que en la época actual, en la que “la ciencia y la tecnología rigen nuestras vidas”, la mayoría de las personas ignoran el funcionamiento de esas dos disciplinas, aseveró.
“No me cabe en la cabeza que, si tienes un teléfono que su cámara funciona con tecnología fotoeléctrica, ignores los descubrimientos de Einstein”, opinó. (I)

William Maillis - 11 años

El menor estadounidense se graduó en la Universidad de St. Petersburg College en Florida.

Sofía Dorta - 11 años

La chilena presentó a inicios de año su robot con inteligencia. Es  una genio de la tecnología.

Miguel Rojas - cinco años
El colombiano posee un coeficiente intelectual de 160. Domina el inglés,ruso y árabe.

Dafne Almazán - 17 años
Esta mexicana, a los 13 años se graduó de la Universidad como Psicóloga. Ahora hace un doctorado.

Arnav Sharma - 12 años
El británico es más inteligente que Albert Einstein y Stephen Hawking, según el examen Mental de Mensa.

Nicole Barr - 15 años

La inglesa, a los 12 años también superó los límites de la prueba Einstein y Hawking.

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