Exdirector de inteligencia acusa a Maduro de torturas

- 05 de julio de 2019 - 00:00

Manuel Cristopher Figuera, exjefe del Sebin, admitió que el presidente le ordenó detener a Norka Márquez, madre de Juan Guaidó, y encarcelar a los opositores.

El convoy de guardaespaldas que lo acompañaba al desplazarse por Caracas, con cinco teléfonos celulares repletos de contactos clave,  confirmaba la reputación de que Manuel Cristopher Figuera fue un soldado leal que llegó a ser jefe de la inteligencia venezolana.

Sin embargo, a medida que el presidente Nicolás Maduro le solicitó que se encargara del trabajo sucio -encarcelar a opositores y víctimas de tortura-, declaró  el oficial de inteligencia, entrenado en Cuba y Bielorrusia, que comenzó a perder la fe.

En abril pasado, en una demostración de audacia, el musculoso general, de 55 años, traicionó al líder con el que se reunía casi a diario y en secreto planificó un fallido alzamiento militar que -aseguró- estuvo increíblemente cerca de derrocar a Maduro.

Ahora, uno de los grandes desertores del Partido Socialista que gobierna Venezuela   hace dos décadas está en Washington para vengarse de quien fuera su jefe, por lo que busca ayuda del “imperio” estadounidense al que aprendió a odiar para investigar actos de corrupción y violaciones de derechos humanos.

“Yo estoy como el soldado que iza la bandera al revés, que es una señal de auxilio universal”, dijo el general en una entrevista con The Associated Press (AP). “Mi misión es buscar auxilio para que me ayuden a liberar a mi país de la desgracia que vive”.

El martes se reunió con el enviado especial estadounidense para Venezuela, Elliott Abrams. Queda por ver si Cristopher Figuera aún ejerce influencia dentro de la estructura gubernamental y si puede reunir evidencias para sustentar sus denuncias.

En una entrevista que duró siete horas en la suite presidencial de un hotel en Washington, Figuera relató por primera vez detalles de lo que describió como órdenes directas de Maduro para cometer abusos, incluyendo detenciones arbitrarias y siembra de evidencias para inculpar a opositores.

Las acusaciones surgen a medida que aumenta el debate sobre el respeto del gobierno de Maduro a los derechos humanos. El capitán de corbeta Rafael Acosta Arévalo falleció la semana pasada con signos posibles de que sufriera torturas después de ser arrestado.

Figuera, quien fue jefe del Servicio de Inteligencia Bolivariana (Sebin), afirmó que recibió la orden directa de Maduro de perturbar el entorno íntimo del presidente de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó. Debía comenzar por detener a su madre, Norka Márquez.

Figuera señaló que la detención de Márquez no se realizó porque se enteraron  que padece de cáncer, por lo que la detención pasó a su jefe de despacho, Roberto Marrero.

“72 horas antes de la detención de Marrero le pregunté a Maduro: ¿Qué hago para meterlo preso? y me dijo: ‘Eso no es mi problema. Siémbrale armas. Ve qué haces”, narró el exagente.

Figuera sugirió pedirle armas al ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, pero Maduro le ordenó acudir a otro general, de quien no reveló el nombre para proteger su seguridad.

La insurrección
Figuera señaló que un empresario venezolano radicado en Miami lo persuadió de unirse a la oposición, pero se negó porque planificaba una estrategia de salida para Maduro  con Padrino López y el presidente del Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela, Maikel Moreno.

El exjefe militar explicó que el fracaso del plan del pasado 30 de abril fue porque Moreno nunca cumplió su promesa de emitir un fallo reconociendo a Juan Guaidó como presidente interino de Venezuela y un alzamiento militar masivo nunca se materializó.

Afirmó que, al momento, se mantiene en contacto con altos funcionarios, como generales, viceministros y directores de entes públicos, que “detestan” a Maduro, pero tienen temor de actuar.

Agregó que la “Operación Libertad” de Guaidó aún está en curso y que planea regresar pronto a Venezuela. (I)

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