Nicaragüenses endurecen posición contra Ortega con paros y caravana

- 13 de julio de 2018 - 00:00
Paramilitares rodean la Basílica de San Sebastián, en Diriamba, Nicaragua.
Fotos: AFP

La oposición inició una paralización de 72 horas para exigir al presidente la renuncia. El gobierno realiza este viernes 13 de julio el llamado “repliegue”, una caminata para recordar la victoria sandinista de 1979. Se teme que se intensifique la violencia.

La sociedad civil nicaragüense, dispuesta a endurecer su pulso contra el presidente Daniel Ortega, inició este jueves 12 de julio 72 horas de protestas para responder a las últimas arremetidas violentas de las fuerzas policiales.  

La marcha “Juntos somos un volcán” retomó este 12 de julio la presión contra el sandinismo, tres días que medirán de nuevo las fuerzas en las calles. Una parte de los organizadores pretende que no se regrese al trabajo una vez terminada la manifestación.

Este viernes 13 de julio se repetirá el paro nacional, que fue un éxito el mes pasado, y para el sábado 14 de julio se programó una caravana en el país. Entre los estudiantes toma fuerza la idea de prolongar la medida para convertirla en una protesta indefinida.

“Que el pueblo se desborde para obligar a Ortega a renunciar. Si tocan a Masaya, tenemos que protestar. No le podemos permitir que se siga manchando las manos de sangre”, dijo la líder campesina Francisca Ramírez, miembro de la Alianza.

El gobierno, por su parte, hará este viernes 13 de julio el “repliegue”, una caravana que anualmente encabeza Ortega hasta Masaya, 30 km al sur de Managua, para festejar una gesta de la insurrección que, comandada por los sandinistas, derrocó al dictador Anastasio Somoza en 1979.

Esto hace temer una violenta incursión en la ciudad que hace cuatro décadas peleó con coraje contra Somoza, y donde hace tres meses se atrincheran sus pobladores que se oponen al gobierno de Ortega, exguerrillero sandinista de 72 años.

Monimbó, barrio indígena de la rebelde Masaya, está preparado para un enfrentamiento con las fuerzas de Ortega. “Aquí en Monimbó no lo vamos a permitir. No lo queremos y lo sabe. Nunca van a entrar, a menos que nos maten a todos”, aseguró un hombre, con el rostro cubierto, de gorra y camisa verde olivo, en una barricada.

Una pancarta alusiva a la resistencia contra la represión se exhibe en Monimbó.

Las agresiones del lunes pasado en la Basílica de Diriamba contra el nuncio Stanislaw Waldemar, representante del Vaticano; a monseñor Silvio José Báez, obispo auxiliar de Managua; varios eclesiásticos y periodistas locales profundizaron un conflicto marcado por la impunidad de la represión gubernamental. “Padre, perdónalos, no saben lo que hacen”, rezó el obispo después de la agresión, cometida por las turbas sandinistas.

El Vaticano no presentará una protesta formal a Nicaragua tras la agresión sufrida por su nuncio en ese país, informó el jueves 12 de julio el secretario de Estado de la Santa Sede, cardenal Pietro Parolin.   

Las manifestaciones contra el gobierno iniciaron el pasado 18 de abril por una fallida reforma al sistema de pensiones, pero tras la represión se extendió a la exigencia de salida del poder de Ortega, quien gobierna desde 2007 por tercer período consecutivo y es acusado de instaurar una dictadura con su esposa, Rosario Murillo. (I)

Partidarios del presidente nicaragüense, Daniel Ortega, reunidos en Diriamba.

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La CIDH y la ONU piden garantías para las protestas

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) denunció este jueves 12 de julio, en Washington, ante el consejo permanente de la Organización de los Estados Americanos (OEA), el aumento de la “represión contra los manifestantes”.

La OEA cifró en 264 las muertes y 1.800 los heridos en la ola de violencia desatada durante casi tres meses de protestas.

“Queremos instar a Nicaragua y hacer un llamado a garantizar las protestas pacíficas y de las manifestaciones que siguen”, expresó el secretario ejecutivo de la CIDH, Paulo Abrao.

El canciller de Nicaragua, Denis Moncada, calificó el informe de la CIDH de “apresurado”, “prejuicioso y carente de objetividad”. “No puede confundirse una protesta pacífica con actos terroristas” y “golpistas”, sostuvo.

El secretario general de la ONU, Antonio Guterres, se mostró “preocupado” por el aumento de la violencia en Nicaragua. Mientras que EE.UU., antiguo aliado de Ortega, sancionó a 25 funcionarios nicaragüenses por los abusos en las protestas y las violaciones de derechos humanos.

En la sesión del miércoles acusó a la Policía y a las turbas sandinistas de las desapariciones, que la oposición contabiliza en cerca de un centenar. (I)

Miembros de la juventud sandinista gritan consignas a favor del gobierno de Daniel Ortega.

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