Nayib Bukele, el presidente que rompe el bipartidismo en El Salvador

- 05 de febrero de 2019 - 00:00
Nayib Bukele, empresario de publicidad de 37 años, llegó a estas elecciones de la mano de la Gran Alianza por la Unidad Nacional (GANA), que será el partido oficialista desde el 1 de junio próximo.
Foto: EFE

El exalcalde gobernará el país desde junio por un mandato de cinco años. Obtuvo el 53% de los votos, mientras el oficialista Carlos Calleja alcanzó el 31%.

El izquierdista Nayib Bukele arrasó el domingo en las elecciones presidenciales de El Salvador con su oferta de combatir la corrupción, la violencia y la pobreza, que pone fin a tres décadas de bipartidismo en el país más pequeño de Centroamérica.

Nayib Bukele, candidato del partido Gran Alianza por la Unidad Nacional (GANA), capitalizó el descontento hacia los dos partidos tradicionales de El Salvador con su lema “el dinero alcanza cuando nadie roba”.

Bukele ganó la contienda por la presidencia con el 53%  de votos, mientras que Carlos Calleja, dueño de la cadena de supermercados más grande del país, obtuvo el 31%; y el candidato oficialista, el excanciller Hugo Martínez, sumó apenas el 13% de votos, lo que dio fin a una década del izquierdista Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) en el poder.

“Este día es histórico para nuestro país, este día El Salvador rompió el bipartidismo, este día por fin pasamos la página de la posguerra”, dijo Bukele en la plaza de San Salvador, que reformó durante su etapa como alcalde entre 2015 y 2018.

“Hemos ganado con más votos que Arena y el frente (FMLN), este día hicimos más votos que todos los partidos políticos juntos”, agregó ante miles de seguidores que coreaban “sí se pudo”.

El nuevo presidente de El Salvador es un empresario de 37 años, descendiente de palestinos, que inició su carrera política en 2012 cuando asumió la alcaldía de Nuevo Cuscatlán y en 2015 ganó las elecciones por la alcaldía de la capital, San Salvador.

Durante la campaña por la presidencia prometió terminar con la impunidad creando una comisión internacional contra la corrupción y propuso impulsar proyectos de infraestructura con la esperanza de contener el éxodo de migrantes hacia Estados Unidos, donde vive uno de cada cuatro salvadoreños.

Sin embargo, Bukele no ha dado detalles sobre cómo financiará un propuesto tren o puerto, una tarea compleja por el enorme déficit público salvadoreño.

La campaña se distinguió por la actividad en redes sociales que caló en el electorado más joven, la mayoría de los 5,3 millones de votantes. Además, la propuesta se dirigió a revelar el cansancio de la población frente a los partidos tradicionales, que se exacerbó luego de escándalos de corrupción que salpicaron a políticos de ambos bandos en años recientes. 

Por ejemplo, el expresidente del FMLN, Mauricio Funes, que huyó a Nicaragua después de que abrieron investigaciones por enriquecimiento ilícito y malversación de fondos en su gestión (2009-2014). Y Elías Saca, exmandatario de Arena, que fue condenado el año pasado a 10 años de cárcel por corrupción. 

“Reconocemos los resultados de la elección y deseamos  al presidente electo la mejor de las suertes”, dijo Carlos Calleja, de la derechista Alianza Republicana Nacionalista (Arena).

Martínez, por su parte, reconoció su derrota y pidió al candidato ganador tomar los resultados “con humildad”  y que forme un gobierno que cumpla las expectativas de los salvadoreños.

Bukele fue expulsado en 2017 del FMLN y se postuló como abanderado de la derechista GANA para los comicios de 2010, pero se define como “una persona de izquierda” y calificó a los líderes de Venezuela y Nicaragua como “dictadores”.

A pesar del aplastante triunfo, hay quienes dudan de que impulse muchos de sus planes en el Congreso, donde GANA y sus aliados apenas cuentan con 11 de un total de 84 escaños.

El joven presidente, que asumirá en junio próximo para un mandato de cinco años, tendrá que enfrentar las políticas antimigratorias del presidente estadounidense, Donald Trump, y heredará un país con un menguante crecimiento económico y con una de las tasas más altas de homicidios del planeta.

La dolarizada economía salvadoreña no ha crecido más del 3% anual hace una década, mientras el país se encuentra envuelto en una espiral de violencia, liderada por las temibles “maras”, organizaciones internacionales de pandillas criminales dedicadas al tráfico de drogas y extorsión. (I)  

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