En el Mediterráneo, buzos de EE.UU. buscan a piloto caído en la II Guerra Mundial

- 03 de julio de 2018 - 10:49
Frente a la costa oriental de la isla de Córcega, al sur de Bastia, diez buzos franceses y diez estadounidenses exploran desde el 25 de junio y hasta este 3 de julio los fondos del Mediterráneo.
Foto: AFP

A 18 metros de profundidad, frente a la isla mediterránea de Córcega, un equipo de arqueólogos estadounidenses, asistidos por la marina francesa, busca los restos de un piloto que cayó al mar durante la Segunda Guerra Mundial, para cumplir con la promesa de traer de vuelta a casa a todos sus "chicos".

"Es una cuestión de honor para el ejército estadounidense: no dejamos atrás a los caídos en el campo de batalla. Es una promesa que cumpliremos, incluso hoy, 75 años después", explica Simon Hankinson, el cónsul general de Estados Unidos basado en Marsella (sureste), que sigue de cerca las búsquedas desde Pluton, el buque-base de los buzos de la marina francesa.

Frente a la costa oriental de la isla de Córcega, al sur de Bastia, diez buzos franceses y diez estadounidenses exploran desde el 25 de junio y hasta este 3 de julio los fondos del Mediterráneo, en búsqueda de restos que permitan identificar al piloto de un caza P-47 Thunderbolt que cayó al mar en 1944. A 30 metros de allí, reposa otro P-47, pero su piloto pudo expulsarse del aparato.

Descubierto en los años 80, el aparato que centra las búsquedas fue fotografiado en 2012 por un buzo. "Estos proyectos de recuperación toman años", explicó Dan Friedman, lugarteniente de la marina estadounidense, responsable de esta misión de búsqueda para la agencia estadounidense de Defensa POW/MIA Accounting Agency (DPAA).

Esta agencia del departamento de Defensa estadounidense está encargada de encontrar los cuerpos de 83.000 militares estadounidenses prisioneros de guerra o caídos en los combates desde la Segunda Guerra Mundial. 27.500 estarían en el Mediterráneo, de los cuales 8.000 podrían, según estimaciones, ser hallados.

Bajo el agua, los buzos franceses intentaban recuperar, con la ayuda de una máquina aspiradora, los sedimentos alrededor del aparato, delimitado minuciosamente por sus colegas estadounidenses.

Colocados en un cajón metálico que flota en la superficie, estos sedimentos son luego transferidos con una pala en docenas de tarros negros que luego son revisados por especialistas estadounidenses.

Todos esos elementos van a ser enviados más tarde a dos laboratorios de la DPAA, ubicados en Hawai y Nebraska, para ser sometidos a pruebas de ADN.

Entre los elementos subidos hasta ahora a la superficie hay un fragmento de la placa personal de identificación del piloto, suelas de caucho, su reloj y huesos.

Los restos del piloto van a ser enterrados, como lo desea su familia, o en el cementerio nacional de Arlington en Virginia o en uno de los cementerios estadounidenses en Francia. (I)

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