Emmanuel Macron no logra calmar los ánimos en Francia

- 16 de diciembre de 2018 - 00:00
Los “chalecos amarillos” piden más poder adquisitivo y un cambio en la política. El Presidente suspende alza de impuestos, pero protestas siguen.
Foto: EFE

Un movimiento antigubernamental se levanta en Francia y tiene en jaque al mandato de Emmanuel Macron, quien alcanzó la presidencia en mayo de 2017, con apenas 39 años de edad, y el 66% de los votos de respaldo.  

Año y medio después, solo el 21% le apoya, según el último sondeo, publicado por Le Figaro. Son cinco puntos menos en un mes, lo que dura el conflicto, y la señal de peligro máximo.

Pero, ¿qué mueve la protesta? La respuesta se puede resumir en una palabra: impuestos.

El alza del impuesto a los combustibles, que debía entrar en vigor el 1 de enero, fue el detonante de las protestas de los autodenominados “chalecos amarillos”, un movimiento atípico que nació a mediados de noviembre en las redes sociales, sin líder ni estructura.

El alza suponía 7,6 céntimos de euro más sobre el precio del litro de diésel y 3,9 en el caso de la gasolina. Un incremento considerable para los conductores que se ven obligados a manejar largas distancias por las deficiencias del sistema de transporte y la conectividad. De allí el nombre de “chalecos amarillos”, prenda que obligatoriamente usan los conductores en el país galo.

Para intentar apaciguar los ánimos, el gobierno suspendió la medida por seis meses, también el alza de las tarifas del gas y de la electricidad. Además, garantizó un alza de 100 euros del salario mínimo. Pero estas medidas fueron rápidamente consideradas insuficientes para algunos miembros de los “chalecos amarillos”, que ampliaron sus reivindicaciones.

Muchos exigen ahora un aumento adicional del salario mínimo, una subida de las pensiones y la restauración de un impuesto al patrimonio de los más ricos, entre otros.

Con 1.185 euros por mes, el Estado francés garantiza uno de los salarios mínimos más altos entre los países que forman parte de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).

“Los franceses no quieren migajas”, dijo Benjamin Cauchy, una de las figuras de los “chalecos amarillos”, aunque acogió positivamente lo que llamó un “primer paso”.

“Una moratoria no es más que una suspensión. No está a la altura de las esperanzas y de la precariedad en la que viven los franceses”, estimó por su parte la líder ultraderechista Marine Le Pen.

Este movimiento se inscribe en la larga historia francesa de contestación social contra los impuestos. Algunos lo comparan con la revuelta de los “gorros rojos” bretones que obligaron al gobierno socialista de François Hollande (2012-2017) a eliminar un impuesto a los camiones para luchar contra la contaminación. (I)

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