Los asesinos en Manaos: autoritarismo, negacionismo, politización

La politización de la crisis y el discurso autoritario provocaron un sesgo en la información.
07 de febrero de 2021 08:00

El desastre humanitario por el covid-19 que acontece en la ciudad amazónica de Manaos es el resultado de varias acciones-omisiones que dan cuenta de una deficiente capacidad estatal en cuanto a la gestión del riesgo y de la crisis, instancias dónde la comunicación y la voluntad política son herramientas clave.

En este caso observamos cómo el triángulo de confianza comunicacional básico: Gobierno (tomadores de decisión) –Población- Personal de salud/academia, estuvo fracturado desde el inicio, y es más, se utilizaron las instancias de mayor poder y capital político ( gobierno administrativo) para sujetar y limitar las acciones del área de salud, mediante una comunicación que lejos de ser horizontal optó por la imposición de la asimetría, la fuerza y el negacionismo.

En consecuencia, en la fase temprana de riesgo se desatendió la urgencia de informar a la población y de establecer una logística que permita contar con las directrices de cuidado y la dotación de insumos básicos tanto para el personal médico como para la población. Con esta falta de previsión, el estallido de la crisis fue mucho más recalcitrante y se expresó en el desborde de las instancias sanitarias y la falta de oxígeno, elemento vital que además no pudo superar las barreras geográficas y logísticas para llegar a destino.

Ahora bien, este desastre es producto del progresivo desmantelamiento del sistema de salud brasileño que tiene larga data, en especial por las políticas de austeridad con recortes presupuestarios que se instalaron desde el gobierno de Temer hasta la administración de Bolsonaro, al mismo tiempo de una delimitación legal de los alcances del seguro de salud, que lo convierte en un derecho lejano a los principios de universalidad al reducir los beneficios de sus afiliados, acción que aún favorece a las empresas privadas de salud.

Por otro lado, se prescindió de actores clave en este contexto pandémico: los científicos especializados y académicos, quienes en un primer momento fueron reemplazados por militares con poco/ningún conocimiento en esta área. Esta fuerza represiva ocupó entonces incluso los ministerios de salud, como fue el caso de tercer ministro de la administración bolsonarista en esta cartera Eduardo Pazuello, a quién recientemente procesos de investigación del Supremo Tribunal Federal del Brasil responsabilizan por el debacle en el Amazonas ante el Covid.

El permanente discurso de desprecio a los avances científicos y el negacionismo expresados por Bolsonaro, resultaron en reafirmaciones de alianzas con el sector evangélico, principal promotor del presidente. Esta politización de la crisis acompañada de un discurso autoritario provocaron un sesgo en la lectura de la información por parte de la población, de tal forma que los bolsonaristas serían los primeros en descuidar las normas de prevención al mismo tiempo que el sector poblacional opositor escaló en pánico ante el silencio de asistencia gubernamental.

Estos discursos y medidas presidenciales generaron además la demora en la producción de vacunas Coronavac en este país de parte del emblemático laboratorio Butantan, en tanto que Bolsonaro empujado por las rencillas contra el gobernador de Sao Paulo Joao Doria y en franco rechazo a cualquier nexo con China, cuestionó la efectividad de la vacuna incluso teniendo evidencia de lo contrario.

Aún es posible detener el debacle mediante la voluntad política que permita investigar a los responsables, a la vez de procurar la instalación de un sistema de comunicación en contextos de crisis y los espacios dialógicos necesarios para concretar sinergias entre todos los actores clave para de esta manera despolitizar el discurso, evitar la retórica y los nacionalismos, que hasta el día de hoy solo nos muestran escenarios de muerte.

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