Libaneses salieron a las calles en la revolución del WhatsApp

El anuncio del Gobierno de aprobar una tasa de 20 centavos de dólar por llamadas de voz desencadenó las protestas.
19 de octubre de 2019 00:00

Al son del canto del rezo del viernes que se entremezclaba con los cláxones de una marea de motocicletas, cientos de libaneses se agarraron a su bandera para pedir la “caída del régimen” en lo que han llamado “la revolución del WhatsApp”, la última chispa que ha provocado que se levanten contra el Gobierno.

“No hay que esperar más, se ha acabado (...) Cuando hay problemas de electricidad o de agua, eso no toca a todo el mundo, pero el WhatsApp es algo que sí afecta a todo el mundo”, afirmó el joven libanés François Nur mientras se dirigía a la sede del Gobierno libanés, en el centro de Beirut.

Por segundo día consecutivo centenares de personas se concentraron después de que las autoridades anunciaran su intención de aprobar una tasa de 20 centavos de dólar por día a las llamadas de voz por redes sociales como WhatsApp, Facebook o Viber en un intento de aumentar los ingresos de la deteriorada economía del pequeño país mediterráneo.

Sin embargo, poco después de que cientos de personas se lanzasen a protestar por las calles de Beirut y otras ciudades del país, el Gobierno anunció que retiraba esta medida.

“Lo del WhatsApp es la chispa, el desencadenante de todo. Odiamos el sistema basado en la corrupción, el sectarismo, en el estado policial. Literalmente piensan que somos estúpidos. Todos los impuestos que nos imponen cuando no recibimos ningún servicio”, aseguró Layal, de 23 años, estudiante de derecho en Beirut.

Layal, con su melena tintada de azul eléctrico, se dirigió a la concentración, con su amiga, esquivando los destrozos causados por las protestas del jueves junto a la simbólica Mezquita Azul, uno de los símbolos de la nación.

Manifestantes con máscaras para evitar aspirar el humo tóxico que salía de los neumáticos incendiados bloquearon las calles a los vehículos, mientras las fuerzas de seguridad permanecían apostados en los alrededores.

Destruido por la guerra civil iniciada en 1975 y que duró hasta 1990, Líbano tiene una deuda de alrededor de $ 86.000 millones, lo que representa más del 150% del PIB, una de las mayores del mundo, y su deuda soberana cayó hace tiempo por debajo del nivel del bono basura.

En este país fracturado por las tensiones sectarias latentes en cada barrio en el que aún se sienten las cicatrices de la guerra, hay cortes diarios de electricidad, de agua y deficiencias en las infraestructuras.

La economía del país, un crisol de 18 comunidades religiosas, se ha estancado por varios motivos.

Dicen que la “carga” que ha supuesto acoger a cerca de un millón de refugiados sirios, que huyeron de la guerra en su país natal desde 2011, ha mermado la economía del país, pero los desacuerdos políticos para aprobar los presupuestos para 2020 mantienen bloqueados $ 11.000 millones comprometidos por la comunidad internacional en la conferencia de París, celebrada en abril del año pasado.

Sola y pegando pequeños brincos ondeando la bandera rojiblanca libanesa, Nariman Hamdan, de 55 años, tiene claro que se quedará ahí hasta ver el Gobierno caer. (I)  

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